Tras el ballottage, los acuerdos necesarios
Y al fin se cerró la campaña rumbo al primer ballottage de la historia argentina, con dos candidatos que tienen en común no el no provenir de la militancia, de mitines, comités ni unidades básicas, sino que han arribado a la cosa pública desde el sector empresarial. También, cualquiera de los dos que gane, cortará la tradición de los presidentes abogados (Raúl Alfonsín, Carlos Menem, Eduardo Duhalde, Fernando de la Rúa, Néstor y Cristina Kirchner).
Además de estas coincidencias, lo que principalmente tienen en común Daniel Scioli y Mauricio Macri es que a los dos les tocará un papel crucial en los próximos cuatro años. En un ballottage no rige la máxima de que quien pierde se va a su casa sino que se convierte, automáticamente, en el líder de la oposición y garante de la gobernabilidad.
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Paradoja de la política: quieren los votos para solucionar y luego no se animan (por temor a perder los votos)
Hay temas de nuestra economía que inevitablemente requieren ser atendidos. Hay medidas que hay que tomar, que se han postergado en el año electoral por temor a su impacto. Eso nos habla de que algunas de ellas pueden tocar resortes sensibles de la sociedad. Y eso, tanto los candidatos como el actual gobierno lo saben.
El bajo nivel de reservas, el creciente déficit fiscal, la inflación, la falta de soberanía energética, el conflicto con los fondos buitre, el cepo cambiario y el valor del dólar son algunos de los principales temas que deberá resolver el próximo gobierno, que no sólo se encontrará con un complejo escenario respecto de esos temas pendientes sino que también deberá hacer frente a una difícil situación financiera internacional.
Estará quien deba poner la cara para encaminar definitivamente estas cuestiones y, por otro lado, estará quien deberá acompañar estas acciones, sencillamente porque son necesarias. A esto nos referimos cuando hablamos de una oposición que garantice la gobernabilidad y la paz social.
Los próximos cuatro años serán cruciales para el saneamiento de nuestra economía, para volver a encaminar al país en la ruta del crecimiento que supo surcar. En otro comentario editorial utilizábamos la metáfora de la casa en venta: a la vista está impecable y la compramos, pero a poco de habitarla aparecen las fallas que habían sido tapadas con pintura y otros artilugios.
Así está hoy nuestro país: con una serie de problemas escondidos bajo la alfombra y mostrando una apariencia de estabilidad sostenida a costa de inyectar el mercado interno con billetes y financiación, una fiesta que en algún momento habrá que pagar.
En esto coinciden ambos candidatos, que reconocieron en distintas oportunidades que hay que realizar cambios. Claro que en el caso de Scioli, la palabra elegida es correcciones ya que está hablando del modelo del gobierno del que es parte.
Con uno u otro, le esperan a la Argentina años duros en términos económicos. Lo que se dice en campaña, queda en la campaña. Nos han hablando ambos de que, con cada uno, el país progresará, crecerá, florecerá pero no será por arte de magia, como le gusta decir a la presidenta. Todo eso llegará porque Argentina tiene el potencial y los recursos pero no sin antes transitar estas correcciones que tanto Scioli como Macri reconocen que hay que hacer.
Por eso los ciudadanos no debemos esperar todo de nuestro próximo presidente sino aquello que debe ser hecho y que se ha postergado. Más que debatir la quita o no de subsidios, el objetivo que debería plantearse es que aquel que tiene un trabajo no necesite que se le subsidie la energía. Medidas de fondo, que apunten a este fin, demandan tiempo en su implementación. Los frutos tal vez los recoja otro mandatario pero hay que apuntar a metas grandes. No son cuatro años el tiempo suficiente para ver resultados de políticas profundas, estratégicas, de Estado.
Así como nosotros debemos ser pacientes, de nuestra dirigencia es esperable madurez. Quien pierda y el partido político que representa- se convertirá en el garante de la gobernabilidad, de hacer viables las medidas necesarias, y, sobre todo, de la paz social. Sería bueno, de parte de toda la dirigencia, un acuerdo, un pacto, una tregua. Cualquiera sea el ganador y más allá del poder de choque que tenga cada fuerza. No estamos planteando que el kirchnerismo deje gobernar a Macri sino de que también lo deje actuar a Scioli si accede a la Rosada; un frente interno puede corroer tanto o más que una oposición formal, más cuando está latente una figura tan carismática como Cristina Kirchner, la posibilidad de su retorno en 2019 y el liderazgo del peronismo.
La buena noticia para el ciudadano promedio es que a partir de hoy, por dos días y medio, dejará de escuchar discursos remanidos y cantitos machacadores. Y junto con la veda que se inicia hoy a las 8:00, llega la reflexión previa a emitir el voto que marca, inexorablemente, el fin de una era. Ninguno de los dos posibles presidentes por venir será tan bueno ni tan malo. Cualquiera de los dos hará lo que pueda con un país que, aunque no lo parezca, está al borde de un precipicio. Pero con una invalorable ventaja: es Argentina, un país rico que ha sobrevivido a crisis peores. Y una vez más, lo hará.












