Transformar la crisis en una oportunidad
El mundo vive acontecimientos que pueden alterar el curso de la historia. Salvando las distancias, así como en mayo de 1810 el escenario internacional sufrió cambios que impactaron en el Río de la Plata, también hoy la economía y la política global muestran transformaciones que tienen incidencia en nuestro país.
La guerra en Europa del Este, lamentablemente, sigue provocando enormes pérdidas y dolor a las víctimas de un conflicto bélico cuya duración es difícil de precisar. Al mismo tiempo, la invasión de tropas rusas a Ucrania continúa acelerando el reacomodamiento de piezas en un mundo que ya se venía preparando para el desplazamiento del centro de gravedad de la economía global hacia la zona del Pacífico. Como Rusia y Ucrania son dos de los principales productores de materias primas, los precios de esos bienes -que son los mismos que produce nuestro país- se han disparado a niveles hasta hace poco impensados.
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No es casual que las exportaciones argentinas hayan registrado en abril pasado un nuevo récord, con ventas al exterior por 8.300 millones de dólares, cifra que dejó boquiabiertos incluso a los más optimistas que estimaban para ese mismo mes 7.000 millones en moneda estadounidense en concepto de oferta exportadora, un monto que ya era considerado todo un récord.
En estos momentos es necesario reflexionar sobre los desafíos que plantea el mundo actual y la responsabilidad que debe asumir la dirigencia en general con el objetivo de encontrar un punto de equilibrio para reducir las tensiones que generan los distintos intereses en juego.
Así como la Revolución de Mayo, de la que recientemente se conmemoró el 212° aniversario, fue parte de un proceso que dejó atrás la etapa colonial y permitió construir la autonomía del primer gobierno patrio, en la Argentina de hoy el desafío pasa por comprender los cambios históricos que se están gestando en el mundo. El país está viviendo un momento excepcional en materia de exportaciones, solo comparable a los años 40 del siglo pasado y, más cerca en el tiempo, al proceso que se dio en el mundo entre los años 2002 y 2006 y que tuvo a China como principal exportador de materias primas. Dicho de otro modo, como en 1810 hoy la Historia le abre una nueva ventana de oportunidad. Pero para no desaprovecharla es necesario volver a sumar voluntades detrás de un objetivo común: la unidad de todos los argentinos. Esa unidad es fundamental para poder ordenar la macroeconomia, y adoptar medidas efectivas y consensuadas para actuar contra la inflación.
La solidaridad, la cooperación y el esfuerzo compartido serán claves en el gran reto que enfrenta la Argentina, que no es otro que alcanzar un gran acuerdo nacional que sirva de plataforma para una nueva etapa de crecimiento económico con equidad e inclusión social. Hay datos que confirman que se puede avanzar en ese sentido: en el primer cuatrimestre de este año la tonelada de soja alcanzó un valor promedio de 648 dólares, esto es 20% más del valor medio que se registró el año pasado; mientras que en el mismo período el maíz cotizó 303 dólares por tonelada, 22% por encima del valor que alcanzó en 2021. Son pocos los países en el mundo que hoy cuentan con la ventaja de poder exportar esos productos.
Este momento de crisis debe ser tomado como oportunidad para reafirmar los ideales que forjaron nuestra nación. Urge dejar de lado todas aquellas discusiones estériles y divisiones que demoran la recuperación de la Argentina. El desafío pasa por unir voluntades, sumar honestidad y mucho esfuerzo para luchar contra la pobreza y, al mismo tiempo, construir una sociedad con más equidad. Hace falta un ámbito de debate amplio que permita sintetizar los matices que existen respecto a cómo construir una estrategia de desarrollo para el país. De nosotros depende que actuemos con inteligencia para no desaprovechar la nueva oportunidad que se presenta en esta coyuntura de la economía global.
Es necesario reflexionar sobre la necesidad de retomar el camino del diálogo y los consensos. Las confrontaciones entre sectores que representan distintos intereses solo sirven para agudizar las tensiones de una crisis económica que golpea con fuerza a la franja más vulnerable de la población.












