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Todos los sectores desnaturalizan las Paso

05 de febrero de 2017 a las 12:00 a. m.

Ya ingresamos de lleno al año electoral, como hasta el ciudadano más distraído sabe, porque los comportamientos de los dirigentes cambian de manera visible. Los oficialismos se muestran sin descanso, las oposiciones endurecen sus posturas y la gobernabilidad se pone a prueba mes a mes hasta que llegan las elecciones y la rueda vuelve a girar.

Desde 2009 en que se aprobó la Ley Electoral Nº 26.571, el camino previo a los comicios son las Paso, internas abiertas pensadas para que se pudiera democratizar la elección de los postulantes a las elecciones generales, con participación de la gente. En las elecciones primarias abiertas, simultáneas y obligatorias se definen dos aspectos no menores, cuáles partidos están habilitados a presentarse a las elecciones generales, que según la ley son los que obtengan al menos el 1,5 por ciento de los votos válidamente emitidos en el distrito de que se trate para la respectiva categoría. También quedará definida la lista que representará a cada partido político en los comicios generales.

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La normativa está muy bien pensada en función de los objetivos que persigue, que es la participación de la ciudadanía en la preselección de candidatos, pero además limpiar el panorama de los sellos que no tienen respaldo ciudadano alguno y que pretenden presentarse.

Y para que las preferencias queden claras (y los militantes de un partido no influyan en la selección de los postulantes de otro) todos los precandidatos por las distintas posiciones dirimen su postulación para la elección general en simultáneo, es decir en la misma fecha y en el mismo acto eleccionario.

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Además son obligatorias para todos los ciudadanos que tengan entre 18 y 70 años a la fecha de la elección nacional y para todos los partidos y alianzas que pretendan competir en las elecciones generales, aún para quienes presentan una única lista de precandidatos. 

Quién puede negar que la normativa es buena, tiene objetivos claros y está pensada al detalle para evitar los vicios de la política.

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Precisamente es la propia política la que se ha venido encargando de desnaturalizar las Paso desde el mismo momento en que se aplicaron y hasta la actualidad. Lamentablemente los oficialismos, el anterior y el actual, toda vez que son gobierno buscan empujar a la dirigencia a evitar dos listas en las Paso, para poder aplicar el conocido “dedo mágico” para conformar las nóminas.

No hemos visto internas abiertas a nivel nacional en muchas oportunidades, una vez con Cambiemos en un resultado que estaba cantado entre Mauricio Macri y Ernesto Sanz para ver quién era el candidato a presidente de esa alianza. Y otra vez en el peronismo bonaerense cuando se enfrentaron para la gobernación Aníbal Fernández y Julián Domínguez. Una interna que fue entendida como una guerra y que quizá terminó siendo el principio de la derrota del kirchnerismo en los comicios generales.

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Es que cualquier buena idea corre el riesgo de desnaturalizarse cuando se cuenta con una dirigencia que declama una búsqueda de participación que en realidad no desea porque la tentación de hacer las listas en un cuarto sin ventanas, y entre cuatro paredes, es tan fuerte que al fin ningún dirigente de peso se resiste.

Las elecciones por venir no parecen ser la excepción, las mesas políticas que viene armando Cambiemos, el partido del Gobierno, ya han anunciado que no quieren dos listas en las Paso. Ya la tentación de las listas “a dedo” los han invadido. No obstante está la esperanza de que algunos distritos y grupos rebeldes, habida cuenta que es una alianza, logren imponer su criterio participacionista en algunos distritos. Y decimos “logren” y no “decidan” porque corren el riesgo de no ser autorizados por los jefes del colectivo y, en ese caso, el camino que les queda es ir directamente a las elecciones generales con lista propia sin aparatos y, en la mayoría de los casos, sin fondos.

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Mientras esto sucede en el oficialismo, en la oposición peronista la problemática es más complicada para enfrentar una Paso, que es lo más lógico frente a una derrota como la sufrida en las últimas presidenciales. Sin embargo, si las internas son entendidas como masacres entre grupos y dirigentes como sucedió en la provincia de Buenos Aires hace poco más de año y medio, se intentará el camino de las unidades forzadas y ficticias para evitar el desastre que se genera cuando un sector gana y otro pierde.

Por eso nos atrevemos a afirmar que el problema en este caso no es la norma ni su implementación, sino la dirigencia política, sin distinciones, que antepone sus vicios y sus intereses subalternos a una realidad que los argentinos elegimos cambiar.

Sin embargo, los deseos de los hombres y las mujeres de a pie chocan con una clase política que, de tanto mirarse el ombligo, parece olvidarse que afuera está la sociedad esperando, desesperadamente, un cambio real, cierto y comprobable.

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