Tanto querer ser distintos está resultando perjudicial
Finalmente, aquella reflexión que hicimos el domingo en nuestro editorial tuvo su correlato en la realidad: el Gobierno puso en marcha una respuesta política al conflicto desatado con la tarifa de gas. Un tema que se embrolló lo suficiente como para ser un tema central de los discursos del presidente Mauricio Macri en el acto por el Bicentenario de la Patria.
El asunto, ventilado en tribunales y ahora a cargo de la Corte Suprema para que dirima si anula o no los incrementos, el Gobierno reaccionó como debía en orden a no perder rédito político, planteando una medida que, aunque contradictoria en el mensaje que deja, pretende morigerar el impacto social negativo.
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Es que las subas, como fueron planteadas, desde la fría racionalidad de las necesidades financieras y operativas del servicio, resultaron fenomenales, tornándose inviables de pagar incluso entre quienes, conscientes de que las cifras son objetivamente ajustadas al mercado energético, manifiestan su voluntad de pagar. Sencillamente no pueden. Es el caso puntual de la clase media y de jubilados que no son alcanzados por la tarifa social. La ola de reclamos fue generalizada y genuina, lo que quienes gobiernan no pudieron ya ignorar. El costo de no escuchar a la sociedad es más alto que la problemática económica que se enfrenta por pesada que esta sea.
Frente a la crisis energética real que vivimos y que dejó como obsequio el kirchnerismo, atravesamos el invierno más frío de los últimos años y el macrismo no tomó los recaudos necesarios para un incremento tarifario, necesario, pero tan mal organizado como explicado. El poco tacto de hacer el ajuste en este tiempo particular del año muestra un divorcio total entre el ala técnica del Gobierno y la realidad social. Que deba hacerse no implica que pueda hacerse. Al menos no sin tomar ciertos recaudos, ni tampoco sin costo político.
Decíamos el domingo que era imperante que fuese el Gobierno quien hiciera un giro de timón en este tema, en lugar de apelar basado en la legalidad del ajuste y que la resolución quedara en manos de la Justicia. El riesgo era que la Justicia resultara, a los ojos de la sociedad, como el artífice de la solución al problema de bolsillo de los ciudadanos. Por ello, aunque un poco tarde, el Gabinete en pleno trabajaba en la solución política desde el jueves, cuando la Sala II de la Cámara Federal de La Plata suspendió los aumentos de tarifas de gas en todo el país. Ya no había espacio para seguir permitiendo que el asunto se vaya de las manos.
Dicen que el presidente de la Corte, Ricardo Lorenzetti, habló con Macri varias veces, porque en definitiva la Justicia se encuentra con este problema por mala praxis política. Al fin los magistrados decidieron retrasar el fallo (para el que no tienen plazos obligatorios de todos modos) a fin de que sea el propio Gobierno el que encuentre la salida al túnel en el que se metió.
El ala política del Gobierno, encabezada por Rogelio Frigerio, ganó la pulseada: ampliar a todos los usuarios el tope del 400 por ciento acordado con los gobernadores y no el consejo del ala técnica representada por Juan José Aranguren de mantener contra viento y marea las altas tarifas y ofrecer más cuotas para pagar. Básicamente, respecto de mismo período de año anterior (por ejemplo, bimestre 3/2015 contra 3/2016), el importe de la factura actual no podrá superar el resultado de multiplicar la del año pasado por cinco. Así fue como lo explicaron, muy simple, porque sinceramente, descifrar la boleta del gas requeriría de un ejército de técnicos y un pizarrón.
Se hizo una conferencia de prensa con el jefe de Gabinete Marcos Peña, Aranguren y el ministro de Justicia, Germán Garavano, pero la comunicación falló una vez más. Lo único que se entendió es que se aplicará el tope del 400 por ciento a todos, por lo cual habrá una refacturación.
En este afán que tiene Macri por diferenciarse drásticamente de Cristina, a veces se incurre en un radicalismo, caprichoso, que redunda en perjuicios tan graves como los de la expresidenta. Lo decíamos cuando Macri estuvo en Pergamino: visitar cuatro ciudades en un día es no visitar ninguna y lo único que denota es querer mostrar que él, a diferencia de Cristina, sale de Olivos con total naturalidad. Pareciera también que, buscando diferenciarse del kirchnerismo y sus cansadoras cadenas nacionales, el Gobierno se auto veda de no usar este válido recurso, que es muy útil cuando hay que comunicar claramente asuntos importantes. En cambio, comunicando erráticamente, poco y mal, con expresiones que, por ser espontáneas, poco pensadas y dichas en el marco de otras actividades, resultan extemporáneas y no acordes a lo que la gente realmente necesita escuchar para dilucidar qué hacer con sus facturas. Si bien el mensaje pudo haber sido el de no derrochar, a falta de información y en medio de un desconcierto generalizado, resultaron irritantes para la gente con comentarios como el efectuado por el presidente que al pedir que se restrinja el consumo de gas criticó a quienes, en remera y en patas acceden al beneficio en sus hogares y consumen energía de más. Los macristas reconocen que la frase no fue feliz en momentos en los cuales hay miles de familias que no pueden afrontar el tarifazo, ni digamos las Pymes que pagan los impuestos más altos de Sudamérica y ahora afronta este incremento desmedido de gas, luz y agua, el que obviamente trasladarán a sus productos y servicios, generando más inflación en el mejor de los casos, o inflación más recesión, porque la gente no se los podrá comprar en el peor.
Si el presidente hiciera uso de la cadena nacional para explicar este delicado asunto de la tarifa del gas, incluyendo un blanqueo de la situación actual y futura de este insumo en el país, todo quedaría más claro y no incurriría estas frases sincericidas que por ser espontáneas pero no oportunas, incluso llevando algo de razón, terminan siendo ofensivas.
La realidad es que el Gobierno, cuando toma medidas extremas en materia de economía, no solo debe explicar hasta el cansancio las razones por las cuales la Argentina se quedó sin gas, por qué importa a precio de oro el fluido, las inversiones que no se hicieron en el sector (siendo la Argentina un país gasífero) y las consecuencias que se pagan ahora. Este tema amerita una cadena nacional, lo más didáctica posible, y no improvisadas conferencias de prensa o discursos de atril en un acto convocado por otro tema.
Lamentablemente, ante la ausencia del Gobierno en materia de comunicación, son los periodistas, los economistas y los opinólogos, los que están diariamente explicándole a la gente cuál es la situación real y los problemas que tenemos para enfrentar el momento que vivimos. Las voces son tantas y las fuentes de consulta oficiales tan pocas (porque ni en las compañías prestatarias saben qué decir) que todo termina siendo una gran confusión. Si el emisor, que es el Gobierno, cree que no es un error sino un estilo distinto de comunicar, a esta altura debería estar dándose cuenta de que el receptor no lo está entendiendo. Entonces ya deja de ser una forma diferente de comunicar para convertirse en un error de comunicación que debe ser inmediatamente revertido. Para que todos nos entendamos y por la salud del propio Gobierno, que ni sus grandes aciertos ha podido capitalizar como era de suponer por no saberlos comunicar.
Este problema de mala praxis comunicacional se suma a un Gabinete donde la mayoría son técnicos que provienen del sector privado y algunos pocos políticos. Sin dudas son profesionalmente solventes, es el equipo soñado por el presidente, al que tanto se refirió en la campaña. Pero administrar la cosa pública para un universo tan amplio como destinario es un concepto absolutamente más amplio que definir variables económicas y tomar decisiones efectivas a partir de ellas. Frente a lo que la Argentina gasta en gas y hasta que haya inversiones en el sector, hay que tener en cuenta a los sectores sociales, las regiones del país, una serie de factores que influyen a la hora de establecer un cuadro tarifario. Y algo tan sencillo como elegir el momento del año para aplicarlo. Más cerca del verano hubiera sido más simple de pasar este trance, para todos.
El modo brusco, desmesurado y mal explicado generó el malestar social que obligó a recalcular, como dicen en el ministerio de Aranguren, negándose en rotundo a hablar de marcha atrás.
El problema es que cuando hay un error, antes que emparchar es preferible anular una tarifa y comenzar de nuevo. Porque incluso el nuevo esquema puede conducir a situaciones no buscadas si es que se pretende el ahorro de energía. Sucede que quien haya recibido en los últimos meses una factura abultada no tiene grandes estímulos para hacer ahorros, dado que todo el excedente por encima del 400 por ciento se le perdonará, será gratis y lo pagará el Estado a través de subsidios. Las contramarchas traen estos apuros, estos problemas.
En el plano judicial, que más allá de los anuncios políticos, se debe seguir tramitando, ayer se presentó un recurso en la Sala II de la Cámara Federal de La Plata, que el jueves pasado falló en contra de los aumentos y suspendió los nuevos cuadros tarifarios en todo el país. Si ese tribunal deniega el pedido, la administración de Mauricio Macri irá en queja a la Corte Suprema, que de todas maneras deberá definir la cuestión y de allí las conversaciones de Macri con el titular de la Corte en estos días.
La verdad es que los ciudadanos estamos aturdidos, no sabemos aun cuando va a llegar la nueva facturación, se devolverán el dinero por encima del 400 por ciento a quienes ya abonaron, si vamos a poder entender la boleta para saber si lo que nos cobran es lo pautado. Y esta confusión, estas idas y vueltas ameritan una comunicación clara, contundente, una cadena nacional si hace falta. No importa si el kirchnerismo abusó de este mecanismo de propaganda, eso no quiere decir que entonces jamás se volverá a utilizar. En este sentido el macrismo debe quitarse ese complejo de no parecerse a la gestión K, porque la realidad es que no se le asemeja. De modo que esperemos que aprenda a utilizar todas las herramientas necesarias para informar bien a la población.













