Syzman: “No es común que el bulliying se aborde desde un espacio de salud”

La directora de una ONG que trabaja el tema de la violencia escolar disertó el viernes en el Hospital, invitada por el Servicio de Adolescencia. Consideró que el sistema sanitario tiene mucho que aportar frente a esta problemática, en la escucha atenta de los chicos y en acercar herramientas a las escuelas.
DE LA REDACCION. La licenciada en Psicopedagogía María Syzman, directora de la Organización No Gubernamental (ONG) Libres de Bulliying disertó el viernes en Pergamino invitada por el Servicio de Adolescencia del Hospital Interzonal de Agudos San José. Junto a la psicóloga María Lage expuso sus consideraciones en la jornada de cierre del trabajo realizado durante el año por esta unidad hospitalaria.
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Su charla fue sobre Bulliying y ciberbulliying. Pistas para salir del laberinto y al término de su exposición en una entrevista concedida a LA OPINION trazó algunas líneas desde las cuales poder pensar esta problemática.
-¿Cuál es la mirada que tiene la ONG respecto de esta problemática que se da entre los chicos?
-Nuestra mirada desde Libres de Bulliying es no culpabilizar y abrir espacios para poner sobre la mesa qué factores inciden para que los chicos estructuren este tipo de dinámica en el trato con sus pares, más allá de las categorizaciones que estamos acostumbrados a escuchar.
-¿Cómo despliegan su trabajo?
-Cuando nos convocan las escuelas, trabajamos con los equipos de orientación, padres, docentes y chicos, con el objetivo de lograr que puedan encontrarse más allá de los estereotipos de discriminación o situaciones que tengan que ver con el abuso del poder. Buscamos que cada escuela pueda advertir que algo está pasando para que esto aparezca en forma sintomática.
-¿Observan una naturalización de la violencia por parte de los chicos?
- Sí. Hay una naturalización de ciertas conductas que tienen que ver con el desprecio. Algo que no es inventado por los chicos, sino que es algo que aprendieron de alguna manera en otros lugares. Hay desprecio. Hay discriminación en todos los niveles. No es que haya un nivel social en el que esto ocurra. En cualquier nivel social se da y tiene que ver con un sentimiento de insatisfacción constante que están viviendo los chicos.
-Esta insatisfacción ¿a qué factores puede atribuirse?
-Creo que tiene que ver con querer otra cosa distinta de la que tienen, con expectativas que tenemos los adultos en relación a ellos, de apurar las etapas, de proponerle situaciones de éxito a cualquier precio, o miradas que les dan poco tiempo. Viven como con una urgencia para responder, exigimos que respondan, que se adapten y demuestren permanentemente y no les damos tiempo. Esas pautas son las que luego se trasladan a la relación entre ellos mismos. Es un fenómeno muy complejo.
-¿Cómo responde la comunidad de los adultos a esta problemática, fundamentalmente los docentes?
-Depende de cada escuela y depende mucho de la historia individual del docente. No se puede generalizar porque no todos están dispuestos de la misma manera a intervenir. No creo que haya una sola capacitación posible, porque son un montón de aspectos que los docentes tienen que poder sentarse a conversar, pensar y establecer entre ellos estrategias adecuadas a su propia población.
Nosotros les damos guías, formas y ejes para que ellos mismos puedan ir armando la mirada y la forma de intervenir ante esta problemática de la violencia. Hay docentes que se involucran en estas búsquedas y hay otros que siempre quieren la herramienta como mucho más concreta. Es común la pregunta: ¿qué tengo que hacer en concreto? Y lamentablemente no hay una sola cosa para hacer. Hay que entender que lo principal es que se tienen que sentar a pensarlas.
-¿Es posible dar batalla contra el bulliying sin los padres?
-Es más difícil sin los padres. Pero tampoco es sencillo con padres que no confían en la labor docente. Hay padres que están muy preocupados con este tema y se comprometen en la búsqueda de soluciones. Hay otros que están, pero en un lugar de pelea, de rivalidad, de falta de valorización del rol del otro. Y lo mismo le pasa a los docentes en su relación con los padres. Es mutuo. Hay una gran desconfianza y un desmerecimiento del lugar del otro. Se busca culpabilizar y en esa situación se desmerece el trabajo del otro y la forma en que ese otro ejerce su rol. Eso tiñe los vínculos entre los chicos y de los chicos hacia los docentes. Hay muchos docentes que discriminan a sus alumnos y esto también pasa.
-El bulliying es un concepto que define la violencia entre pares. ¿También se da en la asimetría de poder entre docentes y alumnos?
-Este es un término que fue acuñado para referirse al hostigamiento entre pares en edad escolar, no necesariamente en la escuela. Lo que pasa es que hay que empezar a aceptar que se ha expandido la utilización del término. Entonces se plantea abuso de poder del docente sobre chicos y hasta cierta intimidación permanente de ciertos docentes con ciertos alumnos. Y de ciertos padres con ciertos docentes. Pero el término fue tomado para trabajar la cuestión de la violencia entre pares.
-¿Es común que este tema se aborde desde un espacio de salud?
-No es común que este debate se dé en espacios de salud y me encanta. Yo agradezco enormemente la invitación y la apertura del ámbito de salud a lo que supuestamente es algo que ocurre en la escuela. Estas son problemáticas comunes y en estos espacios se entrelaza la mirada de unos y otros. Es muy importante que los profesionales de la salud empiecen a tomarlo como un tema de salud, porque los chicos vienen con síntomas que tienen que ver con la salud emocional y esta también hay que considerarla en los proyectos escolares.
-¿Cuál es el principal aporte que pueden hacer los actores del sistema sanitario en este tema?
-Esta jornada realizada en Pergamino es una muestra de que se puede colaborar desde los servicios de salud, bajarles a los docentes ciertas herramientas como para que puedan abordar esta problemática entendiendo que también es una cuestión de salud, porque los chicos llegan con síntomas que son propios de la violencia. Creo que la integración es la clave. Y poder detectar en los hospitales y centros de salud cuando hay un chico que viene con malestares y angustias generadas en la escuela, es muy oportuno, porque desde allí se pueden brindar marcos adecuados de acercamiento útiles para los docentes y para los padres. El Hospital San José está cerrando un año de intenso trabajo, así que mi presencia aquí tuvo que ver con alentarlos a seguir sintiendo que están acompañados por otra gente que está trabajando en esto.

















