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Subió la soja y trajo un poco de esperanza a los productores

24 de julio de 2015 a las 12:00 a. m.

Los precios de los granos, que nos han beneficiado y perjudicado muchas veces, dependen en forma casi exclusiva de la demanda mundial. Cuando ésta aumenta, generalmente porque disminuye la oferta en otra parte del planeta debido a factores climáticos, nuestra soja está en alza. Cuando en cambio abunda la oleaginosa, la cotización baja. Son leyes de oro del mercado y es la característica de un commodity; nada puede hacer el productor para mejorar el precio, a no ser que le agregue valor, es decir, que la saque del país con algo de manufactura. 

Y una vez más estas reglas de oro fueron puestas a prueba esta semana, cuando veníamos de una baja de los granos mundial que parecía irreversible, de pronto la demanda superó o igualó la oferta y por segunda jornada consecutiva, los precios de la soja se cotizaron en alza en el mercado disponible local, donde la competencia entre los compradores, que evidenciaron distintos grados de urgencias, fue el principal factor de este incremento.

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Es interesante en un momento en el que las políticas del Gobierno, como comentáramos en anterior editorial, no favorecen precisamente al campo, que se produzca esta alza de precios porque la asfixia que sufren los productores de granos entre retenciones, impuestos e insumos en dólares se torna en una crisis profunda. Cuando la soja bajó, la cuestión se volvió extrema y comenzaron las protestas en Entre Ríos y otras zonas a la vera de las rutas. Por eso esta alza puede generar algún desahogo, aun cuando la solución definitiva siga siendo políticas proactivas y no restrictivas para al campo.

El alza en la plaza local responde pura y exclusivamente a que la soja no había subido en las últimas tres semanas con lo cual se trataría de una corrección interna.

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Lo cierto es que julio y agosto son meses decisivos en lo climático. Su importancia radica en que el clima pueda o no afectar a los cultivos norteamericanos. El extremo calor o las copiosas lluvias propias del verano boreal podrían propiciar que la oferta mundial siga en baja, lo que mantendría la tendencia alcista en el mercado local.

Se trata ni más ni menos de un mercado de oportunidades, así se lo conoce al mercado climático. En pocas palabras, salir a comercializar cuando se ven las subas sin especular a retener porque la volatilidad es muy alta y cambiante de un día para el otro.

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Pero todo indica que lo informado por el Usda (Departamento de Agricultura de Estados Unidos, por sus siglas en inglés) todavía no tomó en cuenta los campos afectados por las recientes precipitaciones, por lo que se espera que se dé a conocer una fuerte reducción del disponible norteamericano.

El productor sabe lo que viene, y por eso vende en el momento de suba. Pero también observa el contexto político económico. 

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Por lo pronto, se espera un ingreso importante de agrodólares. En la primera semana de julio las ventas sojeras superaron el 1,7 millones de toneladas. El repunte de los precios ayuda al Gobierno. Son los dólares de la soja la única herramienta que tiene para hacer frente al pago del Bonar en octubre próximo. Es decir, que más allá del frecuente discurso anti campo del Gobierno, y especialmente de la militancia, esta pequeña “bonanza” para el productor también favorece y mucho al Estado.

Tanto en el caso de la soja, como en del maíz y el trigo no sólo hay que mirar a Estados Unidos y su producción, sino también a Brasil que es un competidor directo nuestro. La región del medio oeste de Brasil es la que mayor volumen de soja y de maíz produce, pero carece de infraestructura y debe vender enseguida sus cosechas sin esperar el momento de buenos precios. En Sorriso (norte de Mato Grosso) todavía se almacena soja, porque allí hay posibilidades de hacerlo.

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El mercado de los granos es complejo y simple a la vez, se complica para la Argentina cuando hay buenos rindes en nuestros competidores porque el precio de la soja o el maíz baja, pero a su vez es sencillo porque, salvo la cuestión climática que es impredecible en cualquier región, el precio lo pone la oferta y la demanda, no hay otra fórmula.

El problema es que el Gobierno no contempla estos imponderables ni las reglas del mercado y mira al campo como un sujeto que solo produce riqueza. Cuando en realidad, el momento próspero (porque lo tiene) es el que debe aprovechar el productor para reinvertir de cara a la siguiente temporada, estoquearse de insumos y semillas y hacerse un “colchón” para sobrellevar las vicisitudes climáticas que en cuestión de horas pueden dejarlo sin nada. Es una industria a cielo abierto, plagada de riesgos.

 

Desde este punto de vista, el Estado debiera acompañar con políticas desde el momento de la inversión y también cuando acontece la pérdida, no solo ser parte del negocio al momento de los dividendos.

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