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Siempre nos devora la coyuntura y el fondo se pierde

22 de septiembre de 2018 a las 12:00 a. m.

Los resultados del primer trimestre de 2018 muestran que la tasa de actividad fue del 46,7 por ciento, la tasa de empleo es del 42,4 y la tasa de desocupación alcanzó al 9,1 por ciento. Estos resultados representan un aumento significativo en la tasa de desocupación con relación al trimestre anterior, mientras que las tasas de actividad y empleo no presentan diferencias estadísticamente significativas.

No es difícil de entender lo que sucede con el desempleo ya que atravesamos una crisis financiera que alzó el dólar rápidamente, se aceleró la inflación en medio de una recesión persistente, aumentos de los servicios a niveles exponenciales, apertura indiscriminada de los mercados. En fin que el porcentual de desempleo podría haber sido más alto, cifra que podrá trepar con la paralización de la obra pública camino a fin de año.

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Las estadísticas, en términos relativos, mostraron que en el cotejo interanual la tasa de desempleo pudo sostenerse en la senda bajista, apenas una décima de puntos porcentuales, a 9,2 a 9,1 por ciento de la oferta laboral. Y dado que la serie de empleo registrado que informa el Ministerio de Trabajo, sobre un universo total país de poco más de 12 millones de personas ocupadas, dio cuenta de un aumento de la ocupación, puede concluirse que el aumento del desempleo se concentró en proporciones creciente en la franja de ocupados en la informalidad, que involucra a unas 4 millones de personas.

No es la tasa más alta que ha tenido nuestro país; hemos pasado por crisis más agudas en este sentido. Pero lo que más diferencia a este momento del empleo de otros es que son dos crisis las que se atraviesan: una es la autóctona, fruto de la coyuntura que vive el país en términos productivos. La otra, posiblemente más grave, es mundial, y por el momento queda absorbida, a los ojos de todos, por la primera. Se trata del momento bisagra que estamos atravesando en el mundo, donde la tecnología ha hecho cambiar los modelos de producción y, sobre todo, de consumo. De la crisis económica vamos a salir en algún momento y nos encontraremos con que, aun estando bien, hay puestos de trabajo que ya no estarán, sencillamente porque no existirán más en el mundo. Y en esto ya no tiene que ver con que a un empresario le convenga más poner una máquina en lugar de un hombre sino que se relaciona con nuevos modelos de consumo, en que es la gente la que está prefiriendo transar por la vía digital, prescindiendo en el camino de un cúmulo importante de operadores: distribuidor mayorista, comerciante, empleado del comercio y hasta el bancario, que antes era parte vital de la actividad comercial. Y esto solo por citar un simple ejemplo como puede ser la compra de una prenda de vestir.

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En la Argentina, merced a esta crisis de falta de empleo, no estamos trabajando en esta  cuestión de fondo del trabajo que es más compleja que los errores coyunturales del Gobierno de Mauricio Macri. Porque lo que esta situación nos está tapando es que estamos frente a una suerte de segunda revolución industrial. La temida revolución industrial instaló la idea de que el hombre no iba a poder tener trabajo porque las máquinas lo iban a reemplazar. Sin embargo, al igual que con toda transformación, el tiempo pasó y otros roles se fueron formando alrededor del trabajo.

Si bien es cierto que la automatización en muchos casos puede reemplazar a un humano, no quiere decir que esto vaya a ocasionar la pérdida de empleo masivos sino que se generan nuevos roles para los que hay que prepararse y reconvertirse. Hay empleos que hoy aun no existen pero que cuando nuestros niños sean adultos serán muy necesarios.

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Es claro además que las empresas usan la automatización principalmente para reducir costos y minimizar errores. Más de la mitad de los empleadores dice que el objetivo clave de la automatización es incrementar la productividad. La automatización del trabajo ahora cumple un rol más transformador, ya que incrementa la capacidad humana y crea nuevos trabajos, dicen los especialistas, lo que marcaría una evolución desde la mera sustitución de la mano de obra.

Pero en la otra vera del mostrador, en la del consumidor, es tal vez donde se producen los cambios más gravitantes. Es el consumidor el que está marcando la agenda y prescindiendo, cada vez más, del contacto directo y las intermediaciones.

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Recordemos por un momento lo que eran las grandes tiendas de nuestra ciudad como La Reina, La Perla, El Chic Porteño, Casa Boo o, más cerca en el tiempo, Dinardo. Los salones de ventas contaban con un bueno número de dependientes, dispuestos a atender a los clientes. Aunque el año que viene saliéramos y nadáramos en billetes, esa postal no la veremos más. Incluso en los grandes salones de venta de electrodomésticos de nuestros días se da la contradicción de que los empleados, al tiempo que atienden y brindan asesoramiento a los clientes, los incentivan para que hagan sus compras a través de la tienda on line de la firma. Es decir, ellos mismos invitan a entrar a un mundo en el que son totalmente prescindibles.

A nivel país se ha conocido en el último tiempo que los bancos ahora no abren sucursales sino bancos virtuales. Y esto, más allá del ahorro que les pueda implicar, es una respuesta al comportamiento de los consumidores de esta generación que prefieren, bajo todo punto de vista, no tener que ir a un banco y operar desde la comodidad de su casa u oficina. Lo mismo sucede con algunos empleos comerciales, tiendas, zapaterías, casas de bijouterie, reemplazados por las ventas on line a lo que la gente se suma cada vez más. Hay países donde ya la compra de supermercado es toda en línea, con un carrito virtual que cada uno va llenando con lo que encuentra en pantalla y luego le llevan la compra a su domicilio donde lo abona cash o con tarjeta.

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En definitiva las nuevas tecnologías van expulsando mano de obra de un tipo, claramente, pero se van creando otros tipos de empleos y hay que estar atentos a estos nuevos nichos laborales. Para los cuales en la Argentina no estamos preparando a nuestros niños, para la realidad con que se van a encontrar de adultos. Lo que no deja de ser un enorme problema para la educación que les estamos ofreciendo a nuestros chicos a quienes con el título en la mano los habremos transformado en unos analfabetos en términos de futuro. También en la educación estamos atrás de la coyuntura, del momento, los salarios, los paros, los métodos educativos para enseñar las mismas cosas del siglo pasado. Solo incorporamos la computación en la escuela y no en todas de la misma manera, huelga decirlo. ¿Alguien está pensando en preparar a los chicos para el mundo real que les tocará de adultos?

Lamentablemente en nuestro país siempre estamos detrás de la coyuntura, de la crisis, de la hora y nunca llega el momento de sumarnos a las cuestiones de fondo que son las problemáticas que ya se analizan en otros países. Siempre un paso atrás, esta Argentina que se acostumbró a salir al escenario invariablemente “al toro” como se dice, cuando no se ha tenido tiempo para ensayar una obra.

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