Siempre del lado equivocado de la historia
La lista de acciones, de desatinos y de dichos sin sentido alguno de Alberto Fernández, luego de dos años de mandato, es interminable.
La gira por China -en un momento de tensión internacional de una extrema delicadeza- no podía ser la excepción. Ya en la pista misma del aeropuerto, el presidente comenzó con una reverencia absurda y fuera de lugar. Días más tarde, llevaría esa ignorancia hasta lo peligroso al momento de rendir tributo a la tumba de Mao Zedong, uno de los más grandes genocidas de la historia.
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La cadena de noticias oficial china, que se transmite en inglés las 24 horas, mostró un video donde el embajador argentino, Sabino Vaca Narvaja decía, de manera clara y en un correcto mandarín: "Sin el Partido Comunista, no habría una nueva China", una vieja canción que se cantaba cuando todavía gobernaba Mao Zedong. La Casa Rosada no distribuyó en los medios nacionales este video, que fue utilizado por el régimen comunista en una obvia operación de marketing político.
¿Fernández y Vaca Narvaja se enteraron alguna vez de la brutal matanza llevada a cabo por el Ejército Popular de Liberación hace 32 años en la plaza de Tiananmen, contra estudiantes y obreros que se oponían a las reformas?
Peor, luego de esa masacre, el Partido Comunista Chino, además del millar de personas que puso en cárceles, envió a una cantidad desconocida a campos de trabajos forzados para ser reeducados luego de ser tachados de "contrarrevolucionarios". ¿Saben acaso eso?
El Partido Comunista chino maneja el poder desde 1949 y es responsable de todas las masacres y persecuciones ocurridas en China en los últimos 73 años. "Este, oeste, norte, sur. El Partido lo controla todo", repite Xi frente a sus camaradas.
Argentina preside el Consejo de Derechos Humanos en las Naciones Unidas, y le tocará investigar las violaciones cometidas por el régimen chino en Xinjiang contra la minoría Uigur, que resiste las disposiciones políticas de Xi y el Comité Central del Partido Comunista.
En este contexto, las declaraciones de Vaca Narvaja no son auspiciosas, si se tiene en cuenta qué hizo el Partido Comunista con Mao como gran timonel.
En 1957, Zedong impuso el denominado Gran Salto Hacia Adelante, que planteaba la necesidad de industrializar a China frente a los avances económicos de Occidente. La pretendida industrialización se hizo en el campo, e implicó la colectivización de la tierra privada. Fue una tragedia humanitaria. La colectivización forzosa con mano de obra intensiva terminó con la vida de 45 millones de chinos. Murieron de hambre.
Mao también ejecutó la Gran Revolución Cultural. Inició en 1966 y su objetivo político fue terminar con los "elementos enquistados" de la burguesía capitalista que afectaba al sistema chino de poder. No hay cifras definitivas, pero se calcula que el líder comunista ordenó la purga y el asesinato de más de 15 millones de personas.
Al final de su gira por China, Alberto Fernández firmó 13 acuerdos de entendimiento donde, si se cumplieran todas las premisas delineadas en dichos acuerdos, les entregaríamos el país por las mismas 30 monedas de plata con las que fuera comprado Judas. Tanta es la desesperación del gobierno argentino por dólares frescos. También imaginarios. Mientras tanto, el jefe de Gabinete, Juan Manzur, trajinaba los pasillos de Washington prometiendo renunciar si no se llegaba a un acuerdo con el FMI. Lo mismo hacían Gustavo Beliz, Sergio Massa y Jorge Argüello; aunque ninguno de ellos prometiera poner a disposición su renuncia.
El presidente, en cambio, diría muy suelto de cuerpo en Barbados: "He leído que le he mordido la mano a quien me ayudó. ¿Quién me ayudó? A mí con el Fondo me ayudaron los países europeos, me ayudó China, me ayudó Rusia, los países americanos y paro ahí".
Desconocer las gestiones mencionadas antes de encumbrados funcionarios americanos quizás no sea morder la mano que le dio de comer para el presidente, pero sin duda alguna es una afrenta -importante- para todos aquellos que realizaron gestiones decididas y hasta arriesgadas por los funcionarios argentinos. Sobre todo, en vista de las declaraciones contradictorias y hasta provocativas que ocurrían al mismo momento, tanto en Argentina como en los lugares más insospechados del mundo por donde pasaba el presidente argentino. Fernanda Vallejos, desproporcionada como siempre, dijo: "Estados Unidos pretende, vía el FMI, arrasar los derechos humanos de los argentinos". Al presidente, que forma parte de ese mismo espacio político, no parecieron importarle los derechos humanos cuando le rindió tributo a Mao -responsable directo por la muerte de 67 millones de chinos-; o cuando China viola hoy sistemáticamente los derechos humanos de su población. Ni hablar de las atrocidades que comete contra los uigures, una minoría musulmana.
¿Dónde quedan así los derechos humanos tan reclamados por la desatinada diputada Fernanda Vallejos?
¿Por qué hay derechos humanos que vale la pena reclamar y defender y otros que no? ¿Por qué se rasgan las vestiduras por la presunta violación de los derechos humanos por parte del FMI, que nos quiere "arrasar", pero nadie se preocupa por los derechos humanos pisoteados en China, negados en Nicaragua, Venezuela o Cuba; o mucho menos por los derechos humanos de sectores enteros de la población general en Irán?
¿El presidente es consciente de que en China su propio hijo estaría desaparecido, preso, en un campo de trabajos forzados o ya habría sido ejecutado por su preferencia sexual? Y lo mismo vale para Rusia, país al que el presidente le ofrece a Argentina como puerta de entrada a América Latina.
¿Acaso Fernanda Vallejos podría ser diputada en Irán? ¿Acaso Maduro, Ortega o Miguel Díaz-Canel no "arrasan" los derechos humanos en Venezuela, Nicaragua o Cuba?
Es llamativo -y perverso- el silencio de todos los colectivos peronistas y kirchneristas ante estas violaciones sistemáticas y estructurales.
Debe preocuparnos la ignorancia del gobierno en temas internacionales. Por supuesto.
Es preferible quedarse callado y parecer poco inteligente antes que hacer una declaración nada inteligente y demostrarlo sin el menor atisbo de duda.
Pareciera que a Argentina la seducen los regímenes autoritarios. Peor, parece que cuanto más criminales y más "arrasadores de los derechos humanos" sean estos regímenes, más afinidad habremos de mostrar. Por alguna extraña razón, siempre quedamos alineados con el lado equivocado de la historia.
Repitiendo la vergonzosa postura argentina en la Segunda Guerra Mundial, cuando le declaramos la guerra a Alemania minutos antes de su rendición -para luego dar refugio en nuestro territorio a todos sus genocidas-, ahora nos mostramos aliados a regímenes como Rusia, China, Irán, Nicaragua, Cuba o Venezuela. ¿No es eso, acaso, perder libertad? ¿No mina nuestra democracia? ¿No atenta eso contra la soberanía del país?
¿Qué nos lleva a impostar tanto interés por los derechos humanos en lo discursivo, pero a aliarnos con dictadores como Maduro, Ortega, Fidel Castro, Putin o hasta el propio Xi Jinping?
Queda poco menos de un mes para llegar a un acuerdo con el Fondo. Si no logramos dicho acuerdo, y si la escasez de dólares alcanza límites intolerables; ¿nos alinearemos con el narcotráfico y nos convertiremos en un narco-estado? Los picos de importación de fentanilo podrían sugerir que sí; tanto como los de efedrina mostraban una tendencia similar una década atrás cuando se triangulaba su exportación a México.
¿O daremos refugio a reconocidos terroristas internacionales como alguna vez dimos refugio al nazismo que escapaba de los juicios de lesa humanidad y genocidio? ¿Qué precio estamos dispuestos a pagar ante la escasez de dólares?
Son todas preguntas que debemos hacernos como sociedad y que alguien como Alberto Fernández, la cabeza de este país al margen del mundo que suplica por migajas y gritonea a quien puede dárselas, nos debería contestar.


















