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Si alguien se daña con la violencia, es el propio oficialismo

24 de septiembre de 2013 a las 12:00 a. m.

La campaña para las elecciones del 27 de octubre empezó mal. Y el epicentro del problema fue nada menos que el mayor distrito de la provincia de Buenos Aires, La Matanza.

El ataque con piedras contra la caravana de Sergio Massa cuando recorría este distrito marcadamente kirchnerista (por cantidad de adherentes y por el tenor de la gestión), significó la aparición de un tipo de violencia que hace tiempo no se veía, ni siquiera entre los peronistas, que no se caracterizan por tener enfrentamientos mansos.

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Lo que sucede es que Massa está provocando un movimiento importante de simpatías y adhesiones en el Conurbano bonaerense, principal zona electoral del kirchnerismo, y ante esta realidad hay sectores del oficialismo que se están desbordando.

No es que nunca hayamos visto agresiones durante las campañas, dos por tres aparecían locales partidarios incendiados y, sobre todo, trompadas entre militantes por el control de una pintada, no sólo se ha visto en el Conurbano sino en toda la provincia, incluso en Pergamino.

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Pero lo que no es habitual es que un candidato, primera figura, que encabeza las encuestas, quede expuesto a un ataque con piedras y a merced de personas con armas de fuego –según se denunció- durante una recorrida.

El itinerario de Massa por La Matanza se conocía por anticipado: serían 85 cuadras y por momentos la caravana se alejaría de las avenidas para introducirse por calles más estrechas, lo que descarta cualquier vestigio de espontaneidad.

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La primera encerrona se produjo en El Tambo, el barrio de Luis D’Elía. La segunda fue en San Alberto, donde los punteros de Massa identificaron a Daniel Campana, subdelegado municipal de la zona, como uno de los agresores.

Varios participantes de la marcha terminaron lastimados por los piedrazos. El propio Massa recibió un disparo de gomera en el pecho, mientras gritaba a los suyos: “No contesten, no contesten”. Tan fidedigno es el relato porque en el mismo vehículo que el candidato estaba el periodista de La Nación, que pudo relatar en el medio, y en primera persona, los hechos. 

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Ya había indicios de que a Massa le resultaría costoso visitar algunas zonas. El jueves pasado, por ejemplo, un piquete le impidió ingresar al Colegio de Abogados de Lomas de Zamora, donde concurrió con Darío Giustozzi y Diego Molea, el presidente de la entidad. Lo tomaron como una picardía de Martín Insaurralde, intendente de la ciudad, o de su subsecretario de Gobierno, Gastón Lasalle.

No hubo balas ni muertos en estas agresiones, pero con lo sucedido en La Matanza se está cruzando una línea peligrosa. ¿Cómo hubiera seguido la campaña si había un muerto? ¿A dónde están llegando las bases militantes? O mejor dicho: ¿A dónde las están dejando llegar los dirigentes? Si lo de ayer terminaba mal la campaña hubiese sido de un luto que el kirchnerismo hubiese pagado con creces. En los círculos políticos matanceros señalan a la candidata a concejal Verónica Magario -de La Cámpora y adversaria del intendente, a pesar de ser ambos del Frente para la Victoria- como incitadora de los hechos. Todo altamente incomprobable, por supuesto, mucho más en tiempos de campaña. Baste con señalar que no hay detenidos.

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Daniel Scioli ha quedado en medio de la cuestión habida cuenta que el massismo lo responsabilizó de haber liberado la zona y de no haber protegido a la caravana. La Policía de La Matanza no tenía orden alguna de participar a pesar de la masividad y el tenor de este tipo de actos. 

El intendente de La Matanza, Fernando Espinoza, llamó al colega de Tigre para transmitirle su solidaridad.

Lejos de solidarizarse, Martín Insaurralde, acusó al líder del Frente Renovador de “victimizarse” por los incidentes. “Repudiamos cualquier hecho de violencia, pero la victimización, ya lo hizo con el robo en su casa la última semana antes de las Paso; estamos acostumbrados. Lo importante es mostrar las propuestas a la gente, que quiere la agenda de hoy y del futuro”. En realidad, Massa minimizó lo ocurrido, pidió a sus seguidores no responder a los ataques y volvió ayer mismo a La Matanza.

También relativizando los hechos, Insaurralde contó que militantes del oficialismo también fueron agredidos durante la campaña en distritos opositores: “En Almirante Brown fueron golpeados unos jóvenes cuando estaban abriendo un local; un grupo era del hermano del intendente, candidato a legislador Darío Giustozzi”, reseñó.

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Desde el punto de vista político, lo que le sucede al kirchnerismo es que enfrenta a un candidato también peronista que activa en su contra al Conurbano. Ese fenómeno se está volviendo cada vez más visible. Y los votos que se le escurren al sector K en el Conurbano parecen despertar a ciertos sectores violentos que los dirigentes y punteros debieran poner en caja.

Porque si hay alguien que se daña con estos actos violentos es, sin dudas, el propio oficialismo.

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