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¿Será esta vez el inicio de un largo camino hacia el cambio?

21 de abril de 2016 a las 12:00 a. m.

La gobernadora María Eugenia Vidal, entre sus promesas de campaña y en función de la enorme preocupación que tenemos los bonaerenses, ha decidido modernizar y pertrechar a la Policía de la provincia, buscando una mayor eficiencia en su labor. 

La idea no es mala, por el contrario se trata de una inversión que debería haberse hecho hace años y se ha venido postergando en anteriores administraciones. Un efectivo descuidado, es un efectivo que no puede cuidar.

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En un breve repaso podemos afirmar que se comprarán más patrulleros blindados, chalecos antibalas, se lograrán comunicaciones encriptadas y el armado de una red digital de comisaría. En estas y otras cuestiones este año se invertirán 1.879 millones de pesos para mejorar la estructura de seguridad bonaerense.

Serán 1.000 vehículos nuevos con refuerzos en sus carrocerías para proteger a los policías. Los patrulleros blindados permitirían evitar las sorpresas de las armas más poderosas que empezaron a aparecer en manos de los delincuentes. La pregunta que nos hacemos los pergaminenses es si también este blindaje servirá para que los móviles no estén arruinados a poco de andar. Dada la numeración de las patentes, es fácil deducir el modelo de un coche, por eso sorprende que patrulleros con chapas iniciadas con la letra O, es decir, del año pasado, estén maltrechos como si llevaran tantísimos años en servicio. Y están así desde hace meses, en una ciudad que no se caracteriza por las frecuentes persecuciones o tiroteos, menos cuando se trata de móviles que circulan por el microcentro de la ciudad, donde no es frecuente que sea azotado por pedradas u otras formas de vandalismo. El mal estado de los coches en poco tiempo, a la luz del uso que tienen en Pergamino, pareciera deberse más a la forma en que se los cuida que a gajes del oficio.

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Además de la compra de 25.000 chalecos gestionadas por el gobierno anterior, se sumarán otros 45.000 chalecos para que cada agente de calle pueda tener su propia protección. Hoy, el 70 por ciento de los chalecos está vencido. El programa de equipamiento de la Policía Bonaerense incluye la compra de sistemas de observación electrónica que permiten controles en rutas para determinar qué tipo de carga transporta un camión o si lleva algo sospechoso, como drogas ilegales. Se avanzará en la instrumentación de un complejo sistema de comunicaciones encriptada, que evita ser escuchado o interferido, compatible con las restantes fuerzas federales. También serán adquiridas 1.000 motos para reforzar las unidades de seguridad vial, aunque es poco probable que alguna de ellas llegue a Pergamino porque están pensadas para zonas más calientes, donde hay vías de escape inaccesibles para otros vehículos, como las adyacentes a las autopistas y cercanías de villas de emergencia.  

Toda esta inversión se hace para un cuerpo policial, un recurso humano que –como siempre sucede- es heredado. El efectivo no cambia, en todos los sentidos de esta palabra: no cambia porque es el mismo que ayer y no cambia porque, aun con nuevas herramientas, seguirá actuando como hasta ahora; el corrupto seguirá delinquiendo y el honesto y con vocación, estará en medio, padeciendo las consecuencias de bien obrar en un sistema muy viciado o sucumbiendo ante él.

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Los nuevos elementos llegarán para el buen policía y también el malo, al que intenta cuidar y al que, por procurarse un mejor ingreso, se ha convertido en parte los bolsones de corrupción enquistados desde hace años en la fuerza. Habrá nuevo patrullero blindado para el que cuida el coche y para el que lo tiene como un gallinero. Lo que queremos decir es que ningún cambio será notorio en breve en la Policía ante más recursos materiales. La cuestión de fondo radica en el recurso humano y en la continuidad de un concepto de formación y de acción. Todo lo demás es necesario para el día a día y un paliativo a estos asuntos de base, que son los que realmente hacen a la efectividad.

Mientras cada “maestro” llegue con su “librito” y vaya revirtiendo el sistema, aunque lo haga con el convencimiento de que es para mejor, nunca se logrará un cambio. Hace falta formar al menos una generación completa para evaluar el éxito o fracaso de una modalidad. Porque que una camada se incorpore a la fuerza tras haberse formado con nuevos criterios no sirve de mucho: a poco de andar entre quienes están desde hace años, toman sus mañas. Entonces, si cada nuevo gobernador va a llegar y aplicar una nueva teoría de cómo debe ser la Policía, tirando por la borda lo del anterior, nunca nada cambiará. 

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Hemos tenido jefes provinciales que pretendieron mejoras a partir de purgas policiales importantes, sin embargo a poco de andar, la falta de transparencia volvía a repetirse. Más recientemente, se realizó una reestructuración de las jefaturas departamentales y se crearon los CPC, centralizando el comando de patrullas y sacándolo de las comisarías, y ahora se volverá atrás, hacia el modelo anterior. Se descentralizó la Escuela de Policía “Juan Vucetich” y ahora se está en camino a formar efectivos comunales. Al menos en los últimos 30 años ha sido todo marcha y contramarcha, como decimos, “cada maestro vino con su librito”, y posiblemente creyendo honestamente que era para mejor, indefectiblemente cada gobernador modificó lo existente. Y así estamos, mareados nosotros y no queremos pensar los propios policías que van cumpliendo órdenes y contraórdenes permanentemente.  

De modo que la mejoría técnica a la Policía, como la que ahora tendrá, no implica necesariamente un avance en cuánto a los ineficientes o, peor aún, los corruptos. Mientras no haya política de Estado respecto de la formación y la operatividad de la fuerza, solo serán nuevos elementos en manos viejas. 

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La impronta de la mandataria Vidal incluye un cambio en el sistema de departamentales policiales, pedido de declaraciones juradas a comisarios y subcomisarios y una reactivación de la Dirección de Asuntos Internos, que en el primer trimestre de 2016 duplicó los sumarios en relación con los últimos tres meses de 2015. Esta tarea sí va en el sentido de lograr una mejora en la calidad del trabajo policial. Pero el riesgo es el mismo: la posibilidad de que en cuatro años, todo vuelva a cambiarse nuevamente.

En la Gobernación ven en esta modernización policial como el necesario paso inicial para consolidar un programa de protección pública. Saben también que no se verá el cambio inmediatamente, ya que la Policía como decimos es, básicamente, la misma. Y no hay nada más difícil que lograr modificar un régimen, un estilo, una forma de trabajo que lleva años. Para ello, como también mencionamos más arriba, será necesario que toda una generación se instruya de una manera diferente; el problema es lograr que un modelo de formación trascienda y dure más que la gestión de un gobernador.

No es que quienes hoy integran la fuerza sean descartables sino que las personas naturalmente se resisten al cambio y luego van, paulatinamente, adaptándose y modificando su labor, sobre todo a medida que las nuevas camadas van ingresando ya formadas bajo nuevos conceptos.

Por eso como ciudadanos no debemos quizás esperar ver cambios en un breve lapso, más bien tenemos que bregar para que se sea persistente con las políticas que se aplican, de manera de en un mediano plazo contar con una fuerza totalmente reconvertida hacia la eficiencia. Para ello, distintas administraciones deben procurar mantener las mismas líneas de trabajo para ver resultados que podríamos considerar definitorios. Por ahora lo importante es ir transitando el camino e ir incorporando a los nuevos efectivos que ahora tienen más tiempo de formación para ingresar, a fin de ir recambiando la fuerza en base a nuevos policías.

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La inversión y la capacitación que ahora se vienen, habrán de iniciar  un camino de mejoramiento de la cuestión policial. Al menos eso anhelamos, que sea el inicio de algo que llegue a su fin y cumpla su cometido. Si así sucede y podemos romper el maleficio de que cada gobernador quiera innovar, los resultados comenzarán a verse en un plazo más amplio.

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