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Ser maestra en primera persona: María de los Angeles Leiva

María de los Angeles Leiva, \"Marita\" como la llaman todos, tiene 38 años y hace 17 que ejerce la docencia. Es directora titular de la Escuela Primaria N° 59 \"Virgen María Auxiliadora\" de la localidad de Fontezuela. Y en esta sección que en cada especial rescata la esencia de cada...

10 de septiembre de 2022 a las 12:00 a. m.
Ser maestra en primera persona: María de los Angeles Leiva

María de los Angeles Leiva, "Marita" como la llaman todos, tiene 38 años y hace 17 que ejerce la docencia. Es directora titular de la Escuela Primaria N° 59 "Virgen María Auxiliadora" de la localidad de Fontezuela. Y en esta sección que en cada especial rescata la esencia de cada profesión en la voz de quienes la ejercen, su testimonio contribuye a eso.

Convocada por LA OPINION para hablar de su trabajo y de su vocación, refiere que decidió ser docente por la influencia de una compañera del secundario -que realizó en el exIndustrial- que iba a estudiar magisterio. "Sabía que mi perfil no tenía nada que ver con otras carreras como medicina, abogacía o contabilidad, sino con lo social; y además me gustaba la idea de trabajar con niños, así que me incliné por la docencia cuando tuve que decidir qué iba a seguir estudiando".

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Confiesa que cuando comenzó a cursar en el Instituto de Formación Docente N° 121 descubrió que ya no era solo la idea de trabajar con niños lo que la entusiasmaba, sino la vocación de enseñar. "Encontré en la posibilidad de enseñar la motivación para seguir la carrera".

Cuenta que cuando se recibió hizo pocas suplencias en escuelas grandes y aún recuerda su paso por la primera de ellas, la Escuela N° 53. "Era una suplencia de tres días en un segundo año y ese fue el primer paso para conocer la realidad de las escuelas", menciona y refiere que aún recuerda esa mezcla de sentimientos de ansiedad, nervios y mucho temor que acompañó esas clases que representaron "la oportunidad de transmitir todo lo aprendido en el magisterio".

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"La experiencia fue inolvidable", resalta y señala que "el último día los alumnos al formar comenzaron a cantar 'Marita no se va, Marita no se va', ante la mirada atónita del resto de las docentes". Sintió aquello como una genuina muestra de cariño y de agradecimiento. También como la señal de que su profesión comenzaba a forjarse en el buen camino. La tarea docente la llevó luego a otras suplencias también breves en las escuelas N° 1, N°10 y N° 4 y en Scalabrini, "mi querida escuela donde hice toda la primaria hasta noveno".

"El recorrido fue corto, en 2006, 2007 llegué a la Escuela Primaria N° 43 'Almirante Guillermo Brown', una escuela rural unitaria, ubicada en el kilómetro 244/245, campo Roth". A esa institución concurrían tres alumnos y para llegar Marita hacía no pocos sacrificios. "Muchas veces me iba y volvía a dedo", recuerda y comenta que un día volvió a Pergamino en un patrullero y en otra ocasión en un camión que llevaba vacas. "También utilizaba el colectivo 'El acuerdo' hasta que aprendí a manejar y pude comprarme un auto", refiere haciendo un recorrido rico en experiencias. "Allí estuve casi 14 años y en 2019 rendí el concurso para directora titular y accedí al cargo en el que me desempeño actualmente", agrega.

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Volviendo sobre su experiencia en la Escuela N° 43 señala: "Tomé como maestra a cargo de la dirección y poco a poco fui aprendiendo cómo se debía enseñar en un pluriaño, es decir, a alumnos que compartían el salón, pero estaban en distintos grados. También tuve que aprender todo lo referido a lo administrativo y llevar adelante tareas como la limpieza del edificio escolar, ya que no había caseros ni tampoco porteros". 

Rescata positivamente cada paso de esa experiencia que no solo la fortaleció en las distintas dimensiones que supone el trabajo docente, sino que la conectó con la tarea humanística de enseñar y hacerlo en el seno de una comunidad reducida y singular.

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Al momento de destacar quiénes sirvieron de inspiración para su propio ejercicio de la profesión, afirma que hubo una directora que fue clave en sus primeros pasos. "Es alguien que admiro como persona y como docente: la señora Nancy Nipoti, hoy jubilada y quien trabajó muchos años en la Escuela N° 49 de Maguire". 

"Ella me ayudó en mi labor, ya que recién recibida, había muchas cosas de dirección que no entendía", agrega, agradecida.

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Desde 2010 y hasta 2021, en paralelo trabajó en la Escuela Primaria N° 42 "Pedro Zanni". "Allí aprendí a trabajar con otros, ya que era y es una escuela grande".

Una tarea comprometida

Sabiendo tomar de cada experiencia una enseñanza, siente que es necesario ejercer la docencia con seriedad, compromiso y responsabilidad. "Aprovechar el tiempo que estamos en las escuelas, el tiempo de enseñanza; afianzar la centralidad de la enseñanza y pensar en mejorar día a día las condiciones didácticas que ofrecemos a nuestros alumnos para que aprendan".

En este punto rescata la importancia de "ser flexibles" para "adaptarnos a los cambios que se van presentando en educación y trabajar con empatía, por sobre todas las cosas, pero también con otros, entendiendo que el trabajo docente es colectivo y colaborativo.

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"Trabajar con otros es fundamental en la docencia, tanto entre pares como con nuestros superiores. En nuestro caso como directoras es vital la tarea con el equipo de inspección que nos acompaña de manera fiel en cada situación", expresa y sostiene que tan importante como eso resulta "crear y mantener un vínculo sano con las familias".

"Cada cosa que cotidianamente realizamos desde nuestro rol es para los alumnos. Ellos son el motivo de nuestra labor y también el objetivo; entendiendo que cada uno de ellos tiene necesidades y particularidades diferentes, y que cada día se nos presentan distintos tipos de conflictos en las escuelas, los cuales no deben atemorizarnos, sino resultarnos un desafío para poder resolverlos", expresa esta docente que vive el Día del Maestro con total felicidad por lo que hace y sabiendo que "no podría ejercer otra profesión".

"Miro hacia atrás y veo todo lo que me han enseñado estos 17 años de profesión; desde las inspectoras que he tenido y tengo; mis pares y fundamentalmente los alumnos", expresa con tono reflexivo y agrega: "Sigo aprendiendo día a día, preguntando, consultando, escuchando".

Cuando aprenden a leer

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Siente que la mayor gratificación que ha tenido como docente y maestra de los primeros años por mucho tiempo es cuando un alumno comienza a leer. "No se puede explicar con palabras lo que se siente", señala y lo dice con la alegría de aquellos que abrazan una vocación con pasión y la convierten en tarea. Enseñar a leer y a escribir es una llave de libertad y los buenos docentes lo saben. La reflexión de "Marita" Leiva y el modo en que ejerce esa labor desde hace tiempo es el testimonio del modo en que lo hacen tantos otros y una apelación a no perder esa sensibilidad que es la que le da sentido a la tarea de enseñar y aprender.

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