Sebastián Argento: "Para hacer Terapia Intensiva Pediátrica hay que poner el corazón"
Sebastián Argento es pediatra, especialista en Terapia Intensiva Pediátrica, una de las áreas más críticas y estratégicas del sistema de salud. Nació y vive en Pergamino y siempre supo que quería ser médico. De chico le fascinaba dibujar el corazón y amaba leer sobre temas médicos. No sabe cómo nació...

Sebastián Argento es pediatra, especialista en Terapia Intensiva Pediátrica, una de las áreas más críticas y estratégicas del sistema de salud. Nació y vive en Pergamino y siempre supo que quería ser médico. De chico le fascinaba dibujar el corazón y amaba leer sobre temas médicos. No sabe cómo nació esa inquietud porque no había médicos en su familia ni tampoco tenía referentes cercanos de los cuales tomar la vocación.
"A los 8 años me apasionaba leer y dibujar sobre cuestiones médicas", refiere en el inicio de una entrevista que en el marco del Día del Médico lo convoca a trazar una semblanza de su vida profesional. "Desde muy chiquito tuve una inclinación hacia la rama médica y seguí esa pasión, cuando llegó el momento, me fui a estudiar Medicina a Rosario", agrega.
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La especialidad apareció "de rebote", como él mismo define el modo en que llegó a ser pediatra y más tarde especialista en Terapia Intensiva Pediátrica. "A los 23 años, ya siendo médico, comencé a hacer la residencia de cirugía en Buenos Aires, tuve un problema de salud que me afectó la vista y eso truncó mi carrera como cirujano", cuenta, confesando que ese traspié que le puso la vida, lo llenó en principio de frustración y, más tarde, le dio el impulso para reinventar la vocación. "Estuve un año mal, porque tenía todo organizado. Yo quería ser cirujano cardiovascular, pero se ve que la vida y la profesión me tenían preparado otro destino", relata y prosigue: "Cuando pude retomar, tenía que elegir una especialidad clínica y me decidí por pediatría".
Hizo la residencia en el Hospital Interzonal General de Agudos San José, donde actualmente trabaja. "Luego fui jefe de residentes, hice Terapia Intensiva en el Hospital Gutiérrez de Buenos Aires y regresé a Pergamino. Hace 25 años que soy terapista infantil en el hospital de Niños de Rosario y además trabajo en la Terapia Intensiva del Hospital San José, un servicio del que fui jefe hasta hace seis años".
Además, es instructor de residentes en la especialidad de Terapia Intensiva Infantil, una actividad que lo mantiene actualizado en lo académico, pero que al mismo tiempo le permite un acercamiento a los jóvenes que eligen formarse como terapistas. Sabe que es una de las especialidades más críticas y que el sistema de salud atraviesa una crisis estructural que desalienta la elección de las residencias. Sin embargo, a cada uno de sus residentes los incentiva para que inicien un camino que será dificultoso, pero que también los entrenará para cumplir una función vital.
"Esta es una especialidad que no se elige mucho por el estrés que supone estar abocados a la atención de chicos que están al borde de la muerte", describió, aunque resaltó que "también tiene la parte hermosa, cuando uno saca un chico adelante y lo ve bien, eso no tiene precio".
Una especialidad en crisis
La pediatría y el intensivismo transitan una crisis profunda y estructural. El fenómeno preocupa a todos los actores del sistema sanitario. Su mirada respecto de esta cuestión es clara y respetuosa de los esfuerzos que se hacen para que los dispositivos de atención sigan funcionando.
"Pediatría es una especialidad clínica que no tiene práctica, es decir que el profesional no realiza estudios ni prácticas que le permitirían cobrar un arancel. Requiere mucha dedicación, cuando un papá o una mamá llaman un domingo porque ven a su hijo enfermo, el pediatra tiene que estar. Trabajamos haciendo guardias que implica muchas veces relegar tiempo a nuestras propias familias y los honorarios son bajos y no siempre están acordes a la formación que tenemos", describió.
"Hoy por hoy las generaciones jóvenes tienen en cuenta el peso de la carga laboral y otras variables que tal vez nosotros cuando nos formamos no contemplábamos", abundó. "Lamentablemente hay un multicausal, va diezmando el recurso humano disponible y profundizando una crisis que nos abarca a todos", agregó.
Un espacio desde el cual acompañar
En lo privado, se dedica a la internación domiciliaria de niños con cuadros de salud grave. "Es una actividad que me permitió encontrarle un sentido a la medicina. Trabajo con pacientes que tienen problemas neurológicos, discapacidades severas, enfermedades genéticas o cualquier otra condición de salud en la que requieran de cuidados intensivos", comentó y explicó que "las internaciones pediátricas domiciliarias les brindan a las familias la posibilidad de montar en domicilio una terapia intensiva dotada de toda la aparatología y el personal necesario para la atención".
"Encontré en esa actividad mi granito de arena de cómo ayudar. Me encanta la emergentología, la atención del paciente crítico y la docencia, pero creo que lo que más me representa es poder ayudar a un padre que tenga un hijo con una discapacidad y que le es muy cuesta arriba transitar esa vivencia".
"Comencé en el año 2003, 2004 cuando trajimos la primera internación domiciliaria pediátrica a Pergamino y a partir de ahí no pude dejar nunca más esta actividad. Hoy tengo 22 pacientes internados en domicilios, algo que requiere de mucho trabajo y coordinación", contó.
Historias que uno se lleva
Cuando la charla lo lleva al terreno de la vivencia personal, reconoce: "Es muy difícil separar este trabajo de la vida. Uno se lleva cada historia a su casa. Cuando tenés un paciente grave, uno no saca esa situación de su pensamiento en ningún momento. Y cuando un paciente pequeño fallece, uno se llena de interrogantes. Acá trabajamos con lo más sagrado que uno tiene que es la salud y la salud de los hijos".
Poner el corazón
Sobre el final, y volviendo sobre la necesidad de contar con más pediatras y más especialistas en terapia intensiva pediátrica, en su doble rol de médico e instructor de residentes, Sebastián Argento insistió en que "es una especialidad dura, difícil por lo emocional".
"A quienes están pensando en dedicarse a esto, solo les diría que, si no están dispuestos a comprometer la emoción, no elijan este camino. Les diría que aparte de ponerle la formación y la educación, hay que ponerle mucho el corazón. No hay otro modo de ser médico de niños y mucho menos de niños que atraviesan situaciones de salud muy graves".
"Esta es una especialidad que no te va a dar rédito económico, pero sí emocional", resaltó, agradecido por las muchas recompensas que, en ese plano, le ha dado su profesión y este campo de ejercicio que, sin dudas, volvería a elegir.

















