Se ven los primeros movimientos y la oposición critica a destajo
Tras la jura de sus nuevos ministros y la mira puesta en el rumbo de la política económica, Cristina Kirchner reapareció el miércoles en la Casa Rosada para encarar la última etapa de su gobierno.
En los balcones que dan a los cuatro patios internos de Balcarce 50, que rebasaban de seguidores, la presidenta dijo que profundizará los ejes centrales del modelo, hizo hincapié en la soberanía energética y la reindustrialización, pidió diálogo entre los sindicatos y los empresarios.
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La jura de ministros con aplausos, toda la prensa y en un acto de altísimo perfil, daba la sensación de que era el inicio de una nueva gestión y no sólo un cambio de Gabinete.
El regreso de la presidenta a la Casa Rosada, tras su larga licencia médica, fue muy bien utilizado por el oficialismo que convirtió un momento complejo del Gobierno, tras la derrota electoral, en un relanzamiento de la gestión.
En su mensaje de regreso, la presidenta reclamó mayor inversión como “la única manera de profundizar el proceso de industrialización”. Fue entonces cuando se metió nuevamente en la coyuntura y defendió el acuerdo que YPF firmó con la petrolera norteamericana Chevron. “Nos vamos a asociar en las condiciones más favorables para nuestro país donde tengamos que asociarnos”, desafió, después de las críticas que despertó ese pacto en la oposición. “Yo no tengo anteojeras y sabemos que esto demanda capitales intensivos que o no están en la Argentina o los que los tienen, los tienen en algún otro lugar y no los quieren poner acá”, azuzó. Bueno sería que esta decisión estuviera de ahora en más acompañada por medidas serias, no extemporáneas y espasmódicas, que recreen un clima propicio para los negocios. Y repetimos lo que alguna vez mencionamos en esta misma página: ¿Qué inversionista traerá sus fondos a un país donde no se le permite capitalizar su renta en la misma moneda o donde se implementan leyes que ponen en riesgo el criterio de la propiedad privada?
La visión que el mundo tiene de Argentina no es la mejor en estos momentos, por eso la presidenta dejó en claro hacia dónde intentará redireccionar su mandato con un mensaje al empresariado local: sumar inversiones. “Hemos terminado con el peso histórico de la deuda. Ahora tenemos que desarrollar una industria nacional competitiva en calidad y en precios”, algo que Moreno prometió y nunca cumplió.
Ayer al mediodía, y como un modo de bajar las tensiones que generan los cambios en el Ministerio de Economía, Kicillof dio sus primeras pautas: “No vamos a hacer nada que genere bruscos cambios en la economía”, fue la primera definición que ofreció el flamante ministro de Economía, al tomar contacto con la prensa en el Palacio de Hacienda.
Kicillof imitó la estrategia del nuevo jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, que ofreció una rueda de prensa en la Casa Rosada, como señal de una nueva estrategia comunicacional desde el kirchnerismo.
La inflación fue el primer tema sobre el que el nuevo ministro tuvo que responder. “Estamos trabajando con acuerdos de precios”, dijo escuetamente, dejando en claro que -aunque sea por ahora- el Gobierno mantendrá la política heredada del saliente secretario de Comercio Interior. En su intervención, el exgobernador de Chaco había respaldado el nuevo índice que el Indec está elaborando con la coordinación del Fondo Monetario Internacional. ¿Qué dicen ahora todos los acérrimos kirchneristas que históricamente criticaron la participación del organismo en la economía nacional? Es que mal que les pese, no se puede vivir aislados del mundo. Y, además, cuando una receta es buena, no importa de quién sea: hay que aprovecharla y aplicarla.
“Las preocupaciones de la gente son las nuestras”, señaló Kicillof, que indicó que lo importante es lograr consistencia entre lo monetario y lo cambiario.
Lo interesante es que con las nuevas designaciones, el Gobierno parece haber tomado nota de los principales alertas de la economía nacional: inflación y dólar.
Kicillof aseguró que el Gobierno tiene metas que tienen que ver con “empleo, producción, distribución de ingresos y mejora de las condiciones de vida de los argentinos”. Ideas que compartimos todos por cierto.
Consultado sobre los rumores de medidas cambiarias, dijo: “Tenemos reservas que han sufrido alguna baja pero que están en niveles consistentes, muy fuertes; el tipo de cambio forma parte de un programa y tenemos que lograr más oferta de dólares”, señaló.
Sin adelantar medidas, Kicillof dijo que “hay muchísimos instrumentos para usar”, pero intentó llevar tranquilidad ante posibles acciones que se podrían tomar, como desdoblamiento cambiario, aumento de tarifas o recorte de subsidios. “Este Gobierno no hará nada que perjudique a los trabajadores y tampoco a los empresarios. No vamos a hacer nada que genere bruscos cambios en la economía”, afirmó.
Pero como sucede en los países democráticos, no sólo el oficialismo opina, también lo hace la oposición, cuya frase central fue: “más de lo mismo”.
Esa frase parece resumir las primeras reacciones de referentes opositores ante la reaparición pública de la presidenta Cristina Kirchner con la promesa de avanzar en la “profundización del modelo” kirchnerista.
En el massismo, la diputada Graciela Camaño opinó que, otra vez, “el discurso va por un lado y la realidad por otro”, y puso como ejemplo el nuevo Código Civil: “El Gobierno habla de consensos y sólo basta mirar cómo trató el Código Civil para ver que en el único lugar donde hay consenso es en el discurso”.
Ricardo Alfonsín también estimó que los cambios de nombres no afectarán necesariamente las políticas: “No me gusta hacer leña del árbol caído, pero siempre pensé que Guillermo Moreno era responsable de los estilos y las formas, pero no de las decisiones políticas”.
Para la diputada Patricia Bullrich, de Unión por Todos, con el retorno de la presidenta a la arena pública “vuelve la misma escenografía, vuelve una puesta en escena dura, militante, monárquica, saludando desde el balcón al público”. No cree en un cambio.
Para la diputada Victoria Donda (Libres del Sur), “más allá del discurso que planteó, lo importante desde su vuelta a la actividad fueron los hechos”. En su opinión, la llegada de Axel Kicillof a la cartera de Economía va camino a la devaluación y la renegociación con los fondos buitre, mientras que la llegada de Jorge Capitanich a la Jefatura de Gabinete se produce “por su cercanía con los dirigentes del PJ y su afinidad con los sectores más conservadores: los hechos valen más que las palabras”.
El oficialismo juega sus cartas en este fin de ciclo, la oposición las suyas. Los ciudadanos de a pie, lo único que esperamos son buenos resultados.

















