Scioli está logrando que el kirchnerismo se resigne a que será su candidato
Daniel Scioli, el precandidato del Frente para la Victoria que más mide en las encuestas dentro y fuera del peronismo, se está mostrando en estos días en toda su carnadura, quizá más cerca de los K de lo que muchos de sus seguidores quisiera pero interpretan que es parte de su estrategia y le conceden la excepcionalidad del momento.
Mientras para algunos peronistas es un traidor y para sectores de la población un funcionario con poca capacidad de gestión, para quienes lo ven con alguna expectativa, Scioli es un tiempista en la política, que elige los momentos en que debe hablar y en los cuales callar; sostienen que aunque se reivindica como un candidato del oficialismo, quien crea que será un títere del kirchnerismo puede llevarse una sorpresa tan grande como las que se llevaron los politólogos con Néstor Kirchner cuando plantearon que sería un presidente manejado por Eduardo Duhalde. Recordemos que no habían pasado dos años de haberse instalado en la Casa Rosada cuando el santacruceño lanzó una furiosa interna para arrebatarle la provincia de Buenos Aires a su mentor.
Las mas leidas de Opinión
Frigoríficos exportadores temen una catástrofe con los precios de la carne

Inteligencia Artificial: el reto que enfrenta la humanidad
La contaminación por el uso indiscriminado e irresponsable del plástico
Biorevolución o Muerte

Los medicamentos “de moda” y el uso responsable de los fármacos
Más allá de los condicionamientos que se le puedan poner a un presidente de parte del sector que lo postula, luego él es quien gobierna. Sabido es además que el peronismo finalmente se encolumna detrás del ganador sin miramientos. Es más, en este caso muchos que hoy se sacan la foto con los K no ven la hora de abrirse y esperan con ansias una figura como la de Scioli, que los represente más.
Quienes creen que Scioli si triunfa va a estar condicionado por la presidenta Cristina Kirchner es porque no conoce al justicialismo y no ha visto su comportamiento en los más de 50 años que tiene de vida. Eso sí, la derrota se paga con una suerte de exilio interno del que no se puede volver.
Estas apreciaciones, que surgen de la simple observación del comportamiento de los distintos sectores políticos, no implican que hoy Scioli no se muestre más adherente al modelo k que nunca, de cara a las Paso de agosto, donde enfrentará a un funcionario de la Casa Rosada, Florencio Randazzo.
Cualquier cosa puede suceder pero son válidas las presunciones que sostienen que lo de Scioli con los Kirchner es un matrimonio por conveniencia que llegará a su fin ni bien el gobernador ponga un pie en la Rosada. En este plan y por la situación financiera siempre complicada de la provincia es que Scioli mantendría esta relación en la que es frecuentemente felpudeado. Sin el aporte financiero de la Nación, la provincia ya se hubiese incendiado un par de veces. Siguiendo esta hipótesis es que cada vez que puede enfatiza: Pertenezco al espacio oficialista, como dijo en una reciente entrevista con el diario La Nación.
En el mismo reportaje definió su estilo para gobernar y no habló de profundización del modelo pero tampoco de se mostró como la figura del cambio. Siempre meneándose en la cuerda floja entre el deber ser y lo que es, dijo que la Argentina no necesita ningún shock, ningún líder revolucionario. Lo que necesita es gradualidad, normalidad y mantener principios fundamentales de la organización económica, que la microeconomía termine resolviendo los problemas de la macroeconomía.
Es así como, esquivando problemas con el kirchnerismo evitó pronunciarse en contra de La Cámpora y se mostró como un dirigente que no va a dar sorpresas ni a los empresarios ni al hombre de a pie, apostando a quienes pretenden algunos cambios, pero temen que un volantazo nos deje al borde del precipicio. Un pensamiento muy común en estos días preelectorales.
Claramente no es el discurso que el kirchnerismo duro pretende pero la realidad es que Scioli se ha impuesto en el Frente para la Victoria a fuerza de encuestas, y muestra que encabeza cualquier sondeo. Por eso este sector, que lo resistía públicamente, se fue acostumbrando a la idea de que, al fin, terminará siendo su candidato. Porque las diferencias del bonaerense respecto de cualquiera de los posibles postulantes K, incluso de Randazzo, ya lanzado para competirle, son abismales. De modo que, en el escaso costado pragmático que tiene el kirchnerismo, cada vez parece más resignado a aceptar que sea Scioli el candidato presidencial.
La posibilidad de que Mauricio Macri llegue a la segunda vuelta, como vaticinan las encuestas, y el Frente para la Victoria pueda quedar sin poder visible ni real, coloca en una situación angustiante al oficialismo nacional. Así es que terminan por ir aceptando a Scioli como el candidato. Ya no le temen a Sergio Massa, quien no pudo cerrar con el radicalismo ni tampoco logró el apoyo esperado de intendentes y gobernadores peronistas, salvo casos excepcionales pero a Macri sí.
Para los argentinos en general, para los que no pertenecen al juego político, por primera vez en muchísimos años, se puede presentar a una elección presidencial en la que se enfrenten modelos de gestión y posturas ideológicas concretas. Por eso Massa, en este esquema, queda en medio de una avenida que termina estando bloqueada. Es que sostiene algunas cosas del modelo, piensa en otras como el PRO, dice lo que la gente presumiblemente quiere escuchar pero al fin no se define en ninguna temática. En cambio Macri y Scioli están diferenciándose cada vez más respecto a cómo encararán cuestiones sociales, políticas, económicas y esto ofrecerá una ventaja al electorado a la hora de elegir.
En esta oportunidad ya no se trata de candidatos parecidos en el envase pero de los que, en definitiva, no sabemos cuáles son sus posturas. En agosto en las Paso y en octubre en las presidenciales se podrá optar por aquello que a cada uno le parezca lo mejor pero entre candidatos que no expresan lo mismo.
No es poco.














