Ramiro, un joven que logró salir del círculo vicioso de la adicción

Tiene 19 años y en diálogo con LA OPINION contó su historia de superación luego de tocar fondo. El 14 de mayo de 2019 ingresó a la Granja San Camilo y a más de un año de estar allí, afirma: Me salvaron la vida.
Ramiro tiene 19 años y vive en Gahan. En diálogo con LA OPINION contó su historia de superación luego de haber atravesado por momentos complejos debido a su adicción a sustancias.
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“Empecé a consumir marihuana a los 13 años porque pensaba que me iba a curar la epilepsia; tenía convulsiones todo el tiempo y no la pasaba bien, además sufría burlas de parte de mis compañeros de escuela”, contó.
A los 15 años probó cocaína, lo que lo hizo transitar por lugares oscuros, generar malos hábitos y rodearse de personas que lo incitaban a seguir consumiendo. “Eso me detonó por completo porque con el afán de consumir vendí todo lo que tenía, cuando ya no me quedaba más nada por vender, para generar dinero comencé a vender sustancias, a contactarme con vendedores de Rosario y Chacabuco. Mi vida era caótica, no quería estar con mis afectos por lo que pasaba mucho tiempo en la calle y en la escuela adónde iba a consumir y a vender”, señaló el joven.
Lejos de los afectos
Ramiro vivía con su madre pero ya siendo consumidor se mudó a una casa de campo junto a su papá. Con él se sinceró y le contó lo que estaba viviendo. Su padre intentó controlarlo y sacarlo de la mala vida, pasaban algunos meses en que Ramiro no consumía pero siempre recaía porque volvía a rodearse de la gente que lo incitaba a consumir. De esa etapa recuerda: “Si tenía cinco gramos los consumía y quería más, es un círculo vicioso que solo te hace dependiente de la droga y te aleja de todo”.
La relación con su papá fue empeorando hasta que un día, luego de intensas peleas, se fue del hogar. “Dos semanas antes de venir a la Granja, después de haber consumido mucho, generé disturbios y mi papá, cansado de la situación, me echó del campo. Tuve que vivir en la calle durante dos semanas porque había quedado solo; a la vez que seguía consumiendo continuaba vendiendo para sobrevivir”, señaló el entrevistado.
Tocar fondo
Había quedado solo; la droga lo había dejado solo. Ramiro recuerda esa instancia: “Toqué fondo”. Fue gracias a la preceptora de la escuela a la que asistía que conoció la Granja. “Fue ella quien se contactó con Juanito y así accedí a tener una entrevista. Un día antes me comuniqué con mis padres, les conté la situación que estaba atravesando, que había tomado la decisión de internarme y ellos me dijeron que me iban a acompañar, hasta estos días son mi sostén en este camino”, aseguró.
El gran paso
El 14 de mayo de 2019 ingresó a la Granja y a más de un año de estar allí, afirma: “Me salvaron la vida”. En una primera etapa sufrió la abstinencia, noches sin dormir y ataques de ansiedad hasta que aprendió “a estar limpio”, a disfrutar de los talleres sobre todo el de yoga y espiritualidad aunque aclara que “todas las etapas de la recuperación son difíciles”.
Hace un año y siete meses que no consume, se siente otra persona porque, según define: “Volví a vivir”. En la actualidad, si bien continúa con el tratamiento, Ramiro tiene salidas permitidas. “Los martes por la noche asisto a la Granja, ceno con los chicos y al otro día hago terapia con la psicóloga y vuelvo a Salto”, aclara.
Vida nueva
Hace una semana que Ramiro trabaja en una verdulería y busca reinsertarse. Volvió a vivir con su papá en el campo y asiente que “la tentación está en todos lados, la droga acapara cada vez más espacio y se torna difícil estar afuera pero yo pienso en todo lo que me esforcé por llegar donde estoy y lo bien que me hace sentir no consumir. Yo adquirí muchas herramientas en la Granja como para decir que no, me di cuenta de lo que pasé y no quiero volver a esa vida. Además recuperé el vínculo con mi familia, ver a mis hermanos más chicos abrazarme y decirme que me aman y me extrañan, poder abrazar a mi mamá y decirle lo que siento por ella, me da fuerzas para seguir”.
Sobre su futuro afirma que luego de terminar los estudios secundarios se focalizará en conseguir un buen trabajo. “En el campo o en un semillero que es lo que más me gusta. Quiero progresar porque la vida se trata de eso, de esforzarnos para ver después los frutos”.
Mensaje
Por último ofrece un mensaje a quienes aún no han podido cortar su relación con las drogas: “Les pido que se valoren y pidan ayuda y que entiendan que se puede salir con esfuerzo, voluntad y ayuda de los demás”.














