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Quieres sentirte mejor, aumenta tu actividad física

02 de abril de 2014 a las 12:00 a. m.

Por Carlos Garat.

Para la redacción de LA OPINION.

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Desde comienzos de la civilización, se conocen los efectos benéficos del ejercicio físico, desde el punto de vista médico. Las investigaciones al respecto lejos de terminarse están actualmente cambiando el enfoque. Ahora se centran en tomar al ejercicio como un medicamento y por lo tanto estudiar las relaciones dosis-respuesta, la interacción ejercicio-fármaco, la genética asociada, la medicina personalizada, la especificidad de las enfermedades y la medicina del comportamiento, aportando nuevos conocimientos sobre la salud y la enfermedad. 

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Si bien hay mucho por estudiar aún, ha quedado claro que el ejercicio es un medicamento poderoso. El ejercicio es un tratamiento comprobado y que produce un efecto terapéutico en numerosas enfermedades con poco o ningún efecto adverso. Un ejemplo es el hallazgo fundamental efectuado en 2012 de que la autofagia inducida por el ejercicio es clave para la homeostasis de la glucosa (control del azúcar en sangre). 

Recientemente otros investigadores descubrieron que el músculo esquelético es un órgano endócrino, cuya secreción de factores de crecimiento y miocinas es sensible al grado de actividad física y que esa secreción inducida por el ejercicio puede tener una función importante contra las enfermedades. 

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En su síntesis de los datos actuales sobre los efectos protectores del entrenamiento físico contra la enfermedad cardiovascular Joyner y Green hallaron que la protección inducida por el ejercicio va más allá que lo pronosticado sobre la base de los factores de riesgo tradicionales. Por ejemplo, la disminución en el colesterol, o de las lipoproteínas de baja densidad o el aumento de las lipoproteínas de alta densidad inducidos por el ejercicio son sólo modestos, sin embargo, el riesgo de enfermedad cardiovascular disminuye en casi el 50%, superando la protección cardíaca asociada con las estatinas (medicamento en uso hoy con ese fin) sin los efectos adversos de éstas. 

Estas diferencias, que no se comprenden bien, en los factores de riesgo, muestran la potencia del ejercicio y señalan las importantes oportunidades para descubrimientos fundamentales relacionados con éste. En la actualidad, los enfoques para la rehabilitación tras procedimientos quirúrgicos se centran mucho sobre la movilidad precoz y la indicación de ejercicio, al contrario de las restricciones prolongadas a la actividad física o del reposo en cama indicados sólo unas décadas atrás. 

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El entrenamiento físico, es decir la actividad física prescriptiva efectuada regularmente, en dosis ajustables, se emplea cada vez más como tratamiento complementario en una gran gama de enfermedades. Esto es consecuencia de la mejoría documentada en la función cardíaca, la capacidad oxidativa muscular, la salud metabólica, la homeostasis de la glucosa y los lípidos, la obesidad, la carga inflamatoria, la masa y la fuerza muscular, el dolor articular, la movilidad, la depresión, la ansiedad y la función cognitiva. 

En la actualidad hay evidencia irrefutable de que el mal estado físico y la escasa actividad física es una causa importante de enfermedades crónicas no trasmisibles (Ecnt), tales como cardiopatías, accidente cerebrovascular, diabetes tipo 2, enfermedades respiratorias crónicas y algunas formas de cáncer. Estas enfermedades son responsables de aproximadamente el 60% de las muertes en todo el mundo, la mayor parte de las cuales son prevenibles.

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Incluso, la indicación de hacer ejercicio es prometedora para las enfermedades raras, que brindan una enorme oportunidad para investigaciones a futuro. Los tratamientos farmacológicos son necesarios para algunas enfermedades. No obstante, para muchas el ejercicio puede servir como modificador conductual y fisiológico positivo del proceso mórbido. 

Por ejemplo, el ejercicio es beneficioso para pacientes con miopatías, como la distrofia muscular de la cintura y extremidades, así como enfermedades neurodegenerativas (ejemplo enfermedad de Parkinson). Desa-fortunadamente faltan datos para orientar las indicaciones de ejercicio en numerosas enfermedades; por eso una investigación de gran escala centrada sobre la eficacia dosis-respuesta tendrá gran impacto.

El ejercicio por su menor costo, por generar tratamientos fácilmente disponibles, será una herramienta de elección en la prevención primaria, la aceleración de la curación y el desarrollo de fármacos, en las políticas sanitarias a desarrollarse en el futuro. Al igual que cualquier otro tratamiento, los resultados deseados del ejercicio dependen mucho del tipo, la dosis recetada y de la variación genética. La capacidad de cada individuo de adaptarse en forma óptima y así aprovechar todos los beneficios de la indicación de cualquier ejercicio específico está influida por factores genéticos, ambientales y fenotípicos. 

Muchos de estos factores son aún desconocidos pero al estar en estudio, seguramente en los próximos años veremos muchas de estas cuestiones resueltas, pero mientras tanto si estás sano ¿qué mejor que prevenir y comenzar a moverse? 

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