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Que llueva o se incendia el país

22 de diciembre de 2022 a las 12:00 a. m.

Los empresarios, economistas, inversores y ciudadanos de nuestro país están expectantes y preocupados con la cotización del dólar, la inflación, la emisión monetaria, su financiamiento y los problemas económicos que se vienen.

Cuando aparece un problema se le busca un parche, pero las dificultades en nuestra economía son cada vez mayores, no se achican con las medidas espasmódicas que se toman sino todo lo contrario.

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Por la necesidad de dólares el Gobierno implementó el "dólar soja 2", al margen de lo poco o mucho que se pueda liquidar y sabiendo que la liquidación del campo es estacional, nos augura escasez de la divisa en los próximos meses. Un error del ministro de Economía, Sergio Massa, al dar por supuesto que los dólares son del Gobierno cuando realmente son de los productores, que buscan mayores beneficios y reglas de juego claras.

Estas devaluaciones encubiertas generan distorsiones y perjudican a productores de otros bienes y servicios, especialmente de las economías regionales, y por supuesto demoran la liquidación o venta de sus productos

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Si se obliga a los productores a vender sus productos con componentes importados sin conocer el valor de reposición de sus insumos estamos generando un gran perjuicio a ese sector.

La amplia brecha cambiaria que existe entre el dólar oficial y el financiero se tendrá que unificar y no será fácil, salvo que una recesión importante lo logre. Y ese es el escenario que nadie quiere.

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El viceministro de Economía, Gabriel Rubinstein, dijo que comparte con el mercado la necesidad de converger a un dólar alto y eliminar la brecha con el paralelo, pero dejó en claro que es un camino gradual que puede durar tres años, y en otra reunión dijo una frase muy comentada al referirse a las ventajas del gradualismo: "Hacer una maxi devaluación es algo que solo tiene que hacerse sabiendo que va a salir bien: si sale mal es un 'Rodrigazo'".

Como ya se dijo, con la grave sequía que viene atravesando el país desde hace meses -al sostenerse un tercer año de La Niña-, los resultados de la campaña fina serán muy menores en comparación con los del año pasado. Para comprender el grado de pérdida que hablamos, basta con tener en cuenta que la región central del país pasará de exportar casi 11 millones de toneladas de trigo en el último ciclo a tan solo 2,5 millones en esta oportunidad. Ese bache de dólares será tapado con la segunda parte del dólar soja, lo que trae cierta calma para el Gobierno en el terreno cambiario, siempre necesaria pero especialmente en un diciembre previo al año electoral.

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La Came volvió a publicar en noviembre un resultado negativo por quinto mes consecutivo sobre ventas minoristas en el país: esta vez del 3,1 por ciento de caída.

Ahora, tapar un bache no es transitar en una autopista. Está lejos la gestión de Sergio Massa de lograr eso porque las turbulencias pululan sobre el escenario, especialmente la inflacionaria y sus múltiples consecuencias.

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La actividad económica da señales claras de avanzar hacia una etapa de recesión. El dato positivo que el propio presidente Alberto Fernández destacó hasta no hace mucho tiempo, con buenas tasas de crecimiento, se desinfla. El consumo, un motor central para sostener ese escenario, viene a la baja porque el acumulado inflacionario terminó finalmente por dañar el poder de compra.

Además hubo una serie de variables que impactaron con incremento en los combustibles, cambios en las tarifas y una inercia inflacionaria que viene sobre el 6 por ciento mensual.Se sabe, a esa velocidad crucero no hay ingresos que se puedan sostener.

El año próximo habría ingresos por al menos 10 mil millones de dólares menos que este año por aportes del agro, debido a la fuerte y extensa sequía.

Ahora, en diciembre, hay ciertas expectativas porque suele ser un mes de más actividad incentivada especialmente por las Fiestas, el comienzo de las vacaciones y el medio aguinaldo. Ese combo, claro, despierta cierto entusiasmo, aunque medido, para el nicho minorista. La misma Came admite que los empresarios del sector dudan sobre cómo manejar los stocks para las Fiestas: comprar para evitar faltantes o ser prudentes para evitar sobrantes. Un dilema que se profundiza por la incertidumbre. La contracara es que diciembre siempre es un mes caliente de reclamo y protestas, más en contextos socialmente complejos. Quienes siguen de cerca la evolución de las cifras de pobreza y los indicadores de distribución del ingreso aseguran que el segundo semestre cerrará claramente con tendencia negativa y una cifra cercana al 40 por ciento para quienes no logran cubrir la canasta básica total. La razón no es otra que la velocidad de esa misma canasta, que en la última medición mostró un salto superior al 9 por ciento. Vale recordar que la medición de pobreza e indigencia en Argentina se hace en base a canastas, que en definitiva establecen la línea debajo de la cual una familia es pobre o indigente.Aquel dato del 40 por ciento con que cerraría este año se conocerá en marzo, cuando el Indec publique su habitual informe.

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Pero la mayor preocupación en este punto es si el Gobierno podrá contener la inflación o si el deterioro social seguirá adelante. No hay alternativas ahí para el equipo de Massa.

Sin dudas que un paso importante puede ser el acumular reservas porque eso le dará espaldas primero para evitar una devaluación brusca que sea impuesta por el mercado con consecuencias impredecibles. Pero además, porque si logra ensanchar esas espaldas del Banco Central, habrá más márgenes de acción para intentar políticas que no sean cosméticas como Precios Justos, Cuidados o como lo quieran llamar. El último okey en la revisión de metas del FMI es un alivio en ese sentido porque le asegura un desembolso extra de 6 mil millones de dólares antes de Año Nuevo.

Pero la mala es la generación de dólares genuinos pensando más allá. Porque el impacto climático será fuerte. LaNiña seguirá dominando el escenario al menos hasta fines de enero o comienzos de febrero según los últimos modelos de las agencias internacionales sobre las que proyecta el Servicio Meteorológico Nacional. Eso implica menores lluvias y, por ende, menores rindes en la campaña gruesa, principal fuente de dólares de la Argentina. Y por eso las proyecciones hechas por la Bolsa de Comercio de Rosario plantea tres escenarios en el volumen de cosecha: ninguno optimista. El mejor para el país es que tendrá un recorte de unos 10 mil millones de dólares comparados con la última campaña que fue récord. Alcanzaría ingresos por unos 36 mil millones de dólares cuando este año cerrará en más de 46 mil millones y 2020 se ubicó en 38 mil millones. El peor escenario es de una merma de 15 mil millones de dólares, lo que sería dramático.

Ahí radica el principal problema que tiene la gestión económica hoy pensando en el mediano plazo, porque todos los esfuerzos hechos en la coyuntura podrían ser insuficientes simplemente si no llueve.

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