¿Qué esperamos de nuestra Cooperativa Eléctrica?
La ola de calor agobiante no vino sola sino acompañada de un apagón que se extendió por casi todo Pergamino en la noche del lunes y una importante franja durante toda la jornada de ayer.
Eran las 21:30 del lunes por la noche y el paisaje cambió de pronto, la ciudad se oscureció y la temperatura era aún muy alta.
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Pasada media hora, algunas manzanas comenzaron a recobrar la energía, otras a la 1:00 de la mañana y otras a las 4:00. Pero para algunas familias y comercio, esto sería tan sólo el preámbulo de una jornada infernal, porque ayer una franja importante de habitantes, que podría situarse pero no limitarse a ruta Nº 8 hasta avenida Florencio Sánchez entre Pedro Torres/Florida y hasta parte del Centenario estuvo sin suministro de energía desde primeras horas de la mañana y, al cierre de esta edición, a las 21:00, su situación no había cambiado.
No es difícil imaginar el perjuicio que causa la falta de electricidad en los hogares, en los comercios, en los centros de atención de la salud. La situación para aquellos que viven en pisos altos de edificios sin poder usar ascensor, los stocks de mercadería y medicamentos, los instrumentos de diagnóstico y atención médica. Y el riesgo físico para nuestros pequeños y abuelos de pasar una jornada con más de 35º sin modo de poner sus cuerpos al resguardo de un golpe de calor.
A esto hay que sumar la vulnerabilidad que sienten las familias que protegen sus pertenencias con alarmas, al verse involuntariamente desprovistos de esa seguridad que se abastece de la red eléctrica (si bien algunas alarmas son inalámbricas, su autonomía puede no superar las 24 horas). A pesar del calor, muchos optaron por permanecer en sus casas en vez de buscar un refugio temporal más fresco, como modo de salvaguardar sus bienes de cualquier oportunista.
A diferencia de la Ciudad de Buenos Aires, donde hay dos prestadoras, en Pergamino si de suministro de energía se trata, la referencia única y obligada es la Cooperativa Eléctrica. Y también a diferencia de otras grandes urbes, aquí no somos clientes sino socios. Todos somos, en parte, accionistas, dueños de la Celp. Y en función de ello, el usuario pergaminense paga varios pesos más en concepto de servicios, cuotas de capitalización e impuestos cooperativos, además de los que refieren específicamente al transporte de energía.
Ayer los pergaminenses sentimos que cada peso que pagamos a la Cooperativa por encima de nuestro consumo va a cualquier parte menos al servicio que como socios y usuarios merecemos. Y no se trata de que no se hiciera lo técnicamente posible sino de que no se hizo lo humanamente posible: atender al vecino y darle una respuesta a su reclamo, buena o mala, pero una respuesta. Tampoco este medio la tuvo frente a la requisitoria periodística que no tiene otro fin que difundir masivamente a la población lo que está sucediendo y lo que puede suceder, es decir, cumplir con un rol de comunicador social. Sin embargo, con la política metida en medio, un llamado queriendo obtener datos para poder informar, de repente es temido como un tribunal inquisidor.
Siempre pagamos una luz cara en Pergamino, pero siempre se nos dijo que era para estar a la altura de las circunstancias, por eso las dichosas cuotas de capitalización ante la imposibilidad de introducir aumentos a la tarifa base. Ahora, “a la luz de los hechos”, surgen dudas respecto de si nuestro dinero es invertido donde es conveniente. Vuelven al pensamiento colectivo preguntas como ¿es necesario que la Celp venda telefonía fija o que nos atienda el teléfono ante el reclamo? ¿Es necesario que la Celp se introduzca en el mercado como una cuarta oferente de telefonía celular o que mejore el potencial eléctrico? ¿Es necesario que la Celp participe junto con empresas privadas en el negocio de la pavimentación o que amplíe sus plantas transformadoras? ¿Es necesario que la Celp solicite una licencia para así vender TV por cable o que nos garantice el suministro de energía?
¿Qué es lo que esperamos de nuestra Cooperativa Eléctrica?
Es dable reconocer que el problema mayúsculo respecto de la energía radica en la generación y tiene carácter nacional.
Los cortes no fueron sólo en Pergamino, pero aquí se noto una ambigüedad entre lo que se pregona y se hace y entre lo que se cobra y se invierte en concepto de servicio, por el que nuestras boletas son más abultadas y el que nos otorga carácter de dueños.
Según se explicó desde el Gobierno nacional, el problema en general no fue la falta de energía sino la carencia de una infraestructura adecuada para el incremento de uso que se produce en estos días de la ola de calor. De todos modos, no habría que descartar la posibilidad de que el origen del caos haya sido la falta de generación de energía. No olvidemos que nuestro país, a pesar de sus abundantes recursos naturales, debe importar energía.
Ya en mayo de este año, los subsidios a la energía sumaban el récord de 17.262 millones de pesos, un 76 por ciento más que en iguales meses de 2012. Y la importación de energía también batía el récord, con 2.090 millones de dólares, un 57 por ciento más que en el primer trimestre de 2012. En este punto, en el pago de la importación, es donde radica la principal fuga de divisas.
Estos números marcan, a su vez, la enorme encrucijada en que se metió el Gobierno. Porque mientras agravan el déficit fiscal y la propia inflación, si el Gobierno redujera o suprimiera en forma generalizada estos subsidios, los consumidores sufrirían en forma directa un tarifazo de magnitud, con una pérdida directa en el poder adquisitivo del salario y por el traslado de los mayores costos a los precios. Y se reabriría de inmediato la discusión salarial y por ayudas sociales. El tan temido círculo vicioso de la economía.
En despachos públicos nacionales y en las empresas prestadoras temen por lo que ocurrirá debido a que las altas temperaturas continuarán. Su cuenta es sencilla: a medida que se extiende la exigencia al sistema aumentan las probabilidades de cortes. Creen que la situación mejorará hoy, cuando llegue la lluvia que está pronosticada. El jueves, sin embargo, el calor volverá a ser agobiante, al igual que el viernes.
No podemos influir sobre el clima, ni evitar que las olas de calor, durante los veranos, aparezcan como en otros años ha sucedido. Sin embargo la previsión y la infraestructura necesaria para estos casos es lo que sí podemos hacer.
Ayer una de las explicaciones que también se escuchó refería –casi con orgullo- que estos colapsos en el sistema tienen que ver con un nuevo récord de consumo, asociando este fenómeno con una mejor situación general del país. Una frase tan desafortunada como aquella de la presidenta acerca de que “la diabetes es una enfermedad que padece gente con alto poder adquisitivo” para justificar el creciente índice de afectados por esta patología.
Es natural que con altísimas temperaturas la gente encienda los acondicionadores de aire, como es lógico que sean días de mayor consumo de energía, ese mismo consumo en “cuotas” fagocitado desde el Gobierno para que no se desacelere la economía interna. El problema es que hay que hacer las inversiones necesarias para que cuando este incremento se produzca no queden las ciudades sin luz en medio de calores agobiantes, con el riesgo que eso conlleva para la salud, sobre todo de ancianos y menores. También se pide el uso racional de la energía, pero habría que pensar primero en el uso racional del dinero de quienes pagan el servicio y esperan una contraprestación de calidad técnica y humana.
















