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Pública y gratuita no es igual que para todos y sin costo

05 de octubre de 2018 a las 12:00 a. m.

En países alejados del capitalismo, como China, Ecuador y Cuba, existen exámenes de ingreso para estimular la dedicación al estudio de los estudiantes que aspiran a una graduación universitaria. Estos regímenes son parecidos a los vigentes en México, Perú, Brasil, Colombia y Chile, y también a los aplicados por los países europeos y asiáticos como Japón y Corea.

Ecuador reformó su Constitución en 2008, garantizando una universidad pública gratuita. Además, estableció que “el ingreso a las instituciones públicas de educación superior se regulará a través de un sistema de nivelación y admisión, definido en la ley. La gratuidad se vinculará a la responsabilidad académica de las estudiantes y los estudiantes”. Gratuidad y responsabilidad, dos conceptos que en todos los ámbitos de la vida ciudadana debieran ir de la mano. En el caso de la educación superior ecuatoriana implica que los exámenes que deberán afrontar los estudiantes secundarios para poder ingresar a la universidad son requeridos por la propia Constitución. Es decir, no se limita la oportunidad de ser profesional pero se condiciona el acceso a una equiparación de contenidos básicos entre todos los aspirantes a universitarios. Si alguno tuvo fallas en su formación secundaria, ya sean propias o de parte del sistema, deberá actualizarse para poder pasar a la siguiente etapa. De esta manera no se traslada a la universidad, donde los asistentes son mayores de edad, las falencias que pudieron existir en los niveles anteriores, optimizando así el tiempo de paso y los recursos de la educación pública superior.

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En pocas palabras, la ley ecuatoriana estableció la gratuidad de la educación superior pública, sujeta al criterio de responsabilidad académica de los estudiantes. Esta misma línea establecida para el ingreso, la sostiene en toda la trayectoria académica al determinar que: “La gratuidad será para los y las estudiantes regulares que se matriculen en por lo menos el 60 por ciento de todas las materias o créditos que permite su malla curricular en cada período, ciclo o nivel” y “se pierde de manera definitiva la gratuidad si un estudiante regular reprueba, en términos acumulativos, el 30 por ciento de las materias o créditos de su malla curricular cursada”.

Esta ley establece que el ingreso a las instituciones de educación superior públicas “estará regulado a través del Sistema de Nivelación y Admisión, al que se someterán todos los estudiantes aspirantes”. El Examen Nacional para la Educación Superior (Enes) es el instrumento de evaluación para quienes estén interesados en ingresar en alguna universidad pública ecuatoriana. En caso que el aspirante obtenga un puntaje alto (más de 900 sobre 1.000 puntos), conformará el Grupo de Alto Rendimiento, y podrá postular a una beca en alguna de las 50 mejores universidades del mundo, La beca puede llegar a cubrir más de 200.000 dólares. Para los postulantes que aspiren a obtener cupos en Medicina y Educación se requerirá un puntaje mayor que para otras carreras: 800 puntos. El resto puede ingresar a otras facultades con alrededor de 600 puntos. Según el ministro de Educación, “con este sistema la tasa de retención es de 80 por ciento y se evita el desperdicio de recursos”. En los hechos, el Enes ha disminuido la deserción y aumentado la graduación final.

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Nuestro ingreso a la universidad pública está reglado por la Ley Nº 27.204, dictada en noviembre de 2015. En su artículo cuarto dice que: “Todas las personas que aprueben la educación secundaria pueden ingresar de manera libre e irrestricta a la enseñanza de grado en el nivel de educación superior”. Este régimen de ingreso, muy distinto al ecuatoriano, es original, ya que es prácticamente único en el mundo. Gracias al ingreso sin exigencias, en proporción a la población tenemos más estudiantes universitarios que otros países latinoamericanos. Pero lo grave es que nuestra graduación universitaria es muy baja, no solo cuando se compara con países desarrollados, sino también con latinoamericanos como Cuba, Colombia, Brasil y Chile.

Es fácil ingresar a nuestras universidades con una preparación insuficiente, por eso solo se gradúan 30 de cada 100 ingresantes a la universidad estatal y 40 en las privadas, donde la figura de “cliente” que paga una matrícula como elemental requisito soslaya a un segundo plano el rendimiento académico. 

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Nuestros jóvenes ingresan mal preparados a las universidades estatales o privadas, y después de un año de estudios, la mitad de ellos no pudo aprobar más de una única materia en las estatales y un 29 por ciento en las privadas. 

Hay 12 universidades estatales donde, después de un año, más del 80 por ciento de los estudiantes apenas aprobó una materia. Esto es lo que el ministro de Educación de Ecuador calificaba de “desperdicio de recursos”.

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Nuestra alta deserción explica por qué tenemos menos graduados universitarios, comparados no con Japón, Suecia o Alemania, sino con otros países latinoamericanos. 

Esta Ley Nº 27.204 no vino a contribuir a mejorar nuestra graduación, ya que no ofrece estímulos a los estudiantes secundarios para mejorar su preparación previa al ingreso a la universidad, perpetuando así altos niveles de deserción y escasa graduación. Así se consolida el atraso y compromete el futuro del país. 

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Tampoco abrir más casas de altos estudios es el camino más eficiente para mejorar la accesibilidad a la educación superior. Hay que tener en cuenta que cada universidad que se abre, es menester dotarla de un claustro docente, administrativo, directivo y de maestranza, para matrículas de alumnos muy reducidas,  algo que resulta mucho más oneroso que solventar el traslado a la universidad más cercana. Tal el caso del Conurbano, donde tenemos universidades públicas en distritos separados por 30 cuadras, como Tres de Febrero, San Martín, Morón y Hurlingham. Si el 80 por ciento del presupuesto para educación superior se va en el pago de sueldos, ¿cómo invertir en infraestructura para que los edificios no se caigan a pedazos, elementos tecnológicos para el dictado de clases, capacitaciones y becas? Todo lo que contribuye, seriamente, a equiparar la educación hacia arriba.

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