Promover la alimentación saludable
Distintos estudios revelan que en los últimos años aumentó el consumo de alimentos poco saludables entre niños y adolescentes de los distintos estratos socioeconómicos. De hecho, la Argentina es el país de América Latina con la tasa más alta de obesidad infantil, lo que confirma que la mesa de los hogares ha perdido valor nutricional. La fuerte suba de precios que afecta a productos de la canasta básica muchas veces inclina la balanza a favor de alimentos con bajo nivel nutricional y ultraprocesados que predisponen al sobrepeso.
La caída del poder adquisitivo de muchos hogares, producto de la inflación, ha provocado un cambio en la dieta alimentaria de una amplia franja de la población. La suba de precios que registran los alimentos frescos, como las frutas y verduras, que han multiplicado sus precios en los últimos meses, los han convertido en productos inalcanzables para la mayoría de las familias.
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Antes de la pandemia, la Segunda Encuesta Nacional de Nutrición y Salud ya advertía que el 41,1 por ciento de los chicos y adolescentes argentinos tenían sobrepeso y obesidad. Según ese sondeo, incluso antes de la crisis sanitaria que desató el coronavirus ya se observaban cambios en los patrones alimentarios: la mayoría de los encuestados reveló que consumía una alta cantidad de alimentos y bebidas ultraprocesados, de baja calidad nutricional y altos en azúcar, grasa y sal. La irrupción de la pandemia y el proceso inflacionario que vive el país agravaron la situación.
Por eso es necesario promover con más énfasis el consumo de alimentos saludables, especialmente en niños, niñas y adolescentes, para que adopten hábitos que les permitan llevar una vida más sana, evitando el consumo de la denominada "comida chatarra", que se caracteriza por tener un escaso o nulo aporte de nutrientes para el organismo. Es importante, además, que los más pequeños eviten el consumo frecuente de dulces, bebidas azucaradas y papas fritas, entre otros productos que contienen importantes cantidades de azúcar, grasas, conservantes y saborizantes que los hacen atractivos, pero que tienen muy bajo valor nutricional y están muy lejos de ajustarse a los requerimientos de una alimentación sana.
Por otra parte, es importante que se aliente la actividad física, alertando sobre los peligros del sedentarismo. Según la Organización Mundial de la Salud, se considera que una persona es sedentaria cuando no realiza al menos 30 minutos diarios o suma 150 minutos semanales de actividad física regular. Está comprobado que realizar más de 150 minutos de actividad física moderada en forma semanal puede ayudar a reducir casi un 30 por ciento el riesgo de desarrollar enfermedad cardiovascular.
Llevar una vida sedentaria y mantener hábitos alimentarios no saludables favorecen la aparición de enfermedades que deterioran la calidad de vida de las personas, en todas las edades. Los estilos de vida actuales predisponen a las personas a mantenerse mucho tiempo inmóviles frente a una pantalla de televisor, computadora o teléfono móvil. El sedentarismo es un enemigo silencioso de la salud.
La Fundación Cardiológica Argentina recuerda que una persona físicamente activa tiene mayor y mejor esperanza de vida, independientemente de los factores hereditarios que tenga.
Afirma, además, que la actividad física a cualquier edad previene numerosos problemas de salud crónicos, incluyendo la enfermedad cardiovascular ya que ayuda a controlar la presión arterial, los niveles de lípidos y glucosa en la sangre y mejora la salud de los vasos sanguíneos.
Teniendo en cuenta que la alimentación es producto de un conjunto de factores sociales, económicos y culturales, y que los hábitos alimentarios de una población se ven influidos en gran medida por la disponibilidad, el costo y la variedad de alimentos, es necesario impulsar políticas públicas que aseguren a toda la población, pero especialmente a los sectores más vulnerables, el acceso a una alimentación digna, y que al mismo tiempo promuevan hábitos saludables para que todos los hogares accedan a los alimentos básicos necesarios para cubrir las necesidades nutricionales que necesita cada persona en las diferentes etapas de la vida.
La familia y la escuela son dos espacios que deben ser apoyados para que en cada uno de esos ámbitos se promuevan hábitos más saludables, con distintas actividades físicas y una alimentación más sana desde edades tempranas.














