Por intereses o ineficacia, aquí nunca se descubre nada
Como era previsible, la causa que involucra la muerte de Alberto Nisman ya está envuelta en una nube de polvo, en medio de las peleas judiciales, la prueba, la contra prueba, las medidas que se piden, las que se anulan. Las fotos que se filtraron de la vida privada del fiscal, de su muerte inclusive. Aunque en realidad, nada se filtra sin querer, huelga aclarar. Todo de muy mal gusto, y que además perjudica la investigación. Porque supongamos que la muerte del fiscal tenga relación con su vida privada, como dice su exesposa que lo asesinaron por problemas de dinero y no por política. Pues esa no es excusa para que se ventile si iba a boliches, o gastaba en ropa fina, si hasta su cuerpo muerto en el charco de sangre lograron filtrar a las redes sociales.
Sandra Arroyo Salgado, la exmujer de Alberto Nisman y querellante en la causa en la que se investiga la muerte del fiscal, sorprendió con una doble presentación en el expediente: recusó a la fiscal Viviana Fein y pidió anular la convocatoria a la junta médica que debía empezar mañana. Las peleas de la jueza federal y la fiscal son la comidilla del Poder Judicial y un desconcierto para el hombre de a pie.
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Si la fiscal toma una medida, la querellante busca anulársela con pruebas de su propio equipo. Como la junta médica que ahora no se hará y que había sido convocada por la fiscal, para zanjar las disimilitudes existentes entre las conclusiones de la autopsia oficial que dieron por probado que Nisman no se había suicidado y el informe de los peritos de Arroyo Salgado, que demuestran que para ellos fue asesinato. Los expertos que dependen de la Corte Suprema, en cambio, no descartaron ninguna hipótesis, pero dijeron en su informe no haber encontrado rastros de terceras personas.
Los expertos fueron convocados por Fein el 18 de marzo y hace más de una semana que la querella ha sido notificada. Cuando faltaba menos de un día hábil para el inicio de este nuevo peritaje, Arroyo solicitó la nulidad.
La única verdad es que dos meses después de que el fiscal especial Alberto Nisman fuera hallado sin vida en su departamento, con una bala en la cabeza, la Justicia argentina aún no ha logrado determinar cómo murió en aquel piso 13 de la torre LeParc; ni si quiera se ha podido determinar la hora de muerte. Se pelean la fiscal y jueza y exesposa de Nisman, Lagomarsino agrega condimentos ajenos a la causa, el Gobierno le pega por donde puede al muerto, y la oposición deja de lado al caso porque las encuestas indican que el 60 por ciento de la población cree que nunca se sabrá la verdad, que nadie le cree al kirchnerismo ni a la oposición, y que el 82 por ciento asegura que lo ocurrido con el fiscal no le hizo cambiar su intención de voto. Es decir, que pusieron la energía en otra cosa porque el asunto dejó de ser determinante en términos electorales.
A ciencia cierta, hoy no hay nada que explique el fallecimiento de Nisman y mucho menos sus imputaciones a Cristina y sus colaboradores.
En medio, la figura del único imputado, Diego Lagomarsino. Un personaje endeble y cambiante en sus posiciones, que persigue la única meta como es lógico- de abrirse del episodio. A cualquier precio, inclusive defenestrando al occiso que hasta el 18 de enero fue su jefe y con el que dijo tener una estrecha relación laboral basada en la confianza.
Mientras tanto el joven pasó de ser un testigo a ser imputado por su arma y hasta se deja entrever que era testaferro del fiscal. Todo en un mar de contradicciones que su abogado Mariano Rusconi intenta permanentemente aclarar.
Ahora el fiscal antilavado Carlos Gonella presentó a la Justicia una denuncia por lavado de dinero, que remitió una presentación que recibió de la Unidad de Información Financiera (UIF). El fundamento fue la cuenta que Lagomarsino comparte en Estados Unidos con la madre y la hermana de Nisman, Sara Garfunkel y Sandra Nisman, de la que el fiscal sería dueño en las sombras. El caso le tocó al juez Rodolfo Canicoba Corral. Otro desaguisado que aclarar.
Las peleas entre miembros de la Justicia son un verdadero escándalo, en radios, televisión y diarios, dando una pésima imagen para los ciudadanos, que debiéramos tener allí el último resguardo.
Evidentemente el sector no funciona bien, el Poder Judicial que aún no resolvió los atentados a la Embajada de Israel (aún hay siete cuerpos sin identificar, a 23 años), el atentado a la Amia, tampoco parece que va a llegar a conclusiones en lo que hace a la muerte de Alberto Nisman.
Volviendo a la disputa fiscal-exesposa, caber recordar que no es la primera vez que la querella frena un peritaje que para la fiscalía es clave. Pasó lo mismo con el estudio sobre los teléfonos y las computadoras de Nisman, que pocas horas después de iniciado se suspendió porque Arroyo le planteó a la jueza que Fein estaba poniendo en peligro la privacidad de Nisman y de sus hijas. Luego de marchas y contramarchas, ese estudio se reinició finalmente, 50 días después de haber sido ordenado. Si se filtraron las fotos de la Federal, ¿no puede haberse descuidado en ese tiempo la custodia de los elementos de prueba? ¿Se puede confiar en las pericias?
Por todas estas cuestiones es que la sociedad ya no cree en nada ni a nadie y cualquiera resulte el veredicto del expediente de la muerte del fiscal, no será aceptado como cosa ajusticiada.
De todos modos, de seguir así este luctuoso asunto, ni siquiera llegaremos a esa instancia sino más bien a una prescripción de la causa; no habrá respuestas y sólo quedará la labor de Nisman como fiscal especial de la causa Amia ensuciada de todas las maneras posibles, lo que termina por convenir al Gobierno (que habrá participado en algunas maniobras distractorias) seguramente.
Otros países que han padecido atentados rápidamente han resuelto el problema, aunque no hayan podido evitarlo, que hubiera sido lo más conveniente. En el más reciente, el ataque en Francia a la revista Charlie Hebdo, al otro día dieron con los posibles responsables del atentado, dos árabes que tenían antecedentes y que al ver la policía reaccionaron con armas de fuego. Resultaron muertos ambos.
En Inglaterra cuando hicieron atentados en el subte de Londres, una verdadera tragedia, al día siguiente ya tenían a los culpables acorralados y fueron luego juzgados.
Y así podemos poner muchos otros ejemplos de países que reaccionan rápido y seriamente ante este tipo de peligros, del que ninguno está exento, porque el terrorismo internacional utiliza todo el mapa cuando busca donde atacar.
En la Argentina nunca se descubre nada; decíamos más arriba que incluso en el expediente de la Embajada de Israel aún quedan por identificar siete víctimas. En el caso de Menem Jr., de no haber sido por la insistencia de su madre, nos hubieran mentido vilmente. Ni siquiera en crímenes de otro tipo, donde no imperan los intereses políticos; ¿cuántas causas sin resolver de mujeres asesinadas, de jóvenes muertas, de niñas? Si el asesinato no resulta francamente evidente y señala al culpable sin dudas, las investigaciones van al ritmo justo para no llegar a ninguna parte.
La causa por la muerte de Nisman va camino a estrellarse con la nada misma, entre peleas judiciales y operativos políticos y policiales.
En este país era esperable, lamentablemente.














