Política, inundaciones y los dichosos réditos
Volvió la lluvia y con ella la desesperación en nuestra región norte de la provincia de Buenos Aires. A la lista de ciudades con anegamientos de mayor proporción como Salto, Arrecifes, Pilar o Mercedes, se han sumado otras de la zona y ahora del sur de Santa Fe. Y para opacar más el panorama, el alerta por una sudestada no cede.
Como comentábamos en nuestro editorial de ayer, sin desconocer ni minimizar el drama que viven cientos de vecinos, en Pergamino la problemática fue menor en relación con otras localidades. Por ejemplo, el río Salto tuvo picos de 9.5 metros, lo que ocasionó daños a 5.000 habitantes, de los cuales tuvieron que ser evacuados unos 700. En tanto que en Pergamino, los datos oficiales indican que en el pico máximo, los centros locales alojaron a 380 personas aunque llegan a 3.000 los vecinos que se vieron afectados de algún modo por la inundación. No es algo que nos tenga que contentar pero sirve para dimensionar el drama que están viviendo muy cerca nuestro.
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Dicen los especialistas que el fenómeno climatológico de El Niño trae estas enormes lluvias que caen en muy poco tiempo y se repiten durante varios días. Las consecuencias están a la vista: gente que lo pierde todo, la suciedad, el frío, la amargura, la impotencia, el temor permanente.
Hasta allí, todo lo descripto podría referir a lo que sucede en cualquier parte del mundo ya que todos los países están sujetos a estos avatares climáticos. El sur de España que ha sufrido enormes anegamientos en otoño, zonas de Brasil que han tenido tormentas que arrastran agua y barro, incluso Londres a estas horas está anegada, por citar casos recientes.
Pero la Argentina tiene sus peculiaridades políticas y más en un año electoral cuando el dichoso rédito político pareciera ocupar el centro de la escena. Daniel Scioli, gobernador de la provincia de Buenos Aires y candidato a presidente viajó a Italia el martes, cuando la tragedia ya estaba desatada, supuestamente para atenderse con un especialista ortopédico y concretar algunas reuniones de negocios. Seguro que todo ello estaba concertado para realizar a posteriori de las Paso, sin imaginar este imponderable. Pero una vez acaecido, lo lógico y esperable hubiera sido la inmediata cancelación de la agenda.
Las críticas arreciaron y el gobernador volvió de Roma inmediatamente para ponerse al frente del operativo. Mientras tanto su rival político para las elecciones generales Mauricio Macri se comunicaba con los intendentes para llevarles ayuda en medio de la tragedia.
Macri ofreció una conferencia de prensa con la postulante bonaerense del PRO, María Eugenia Vidal, esgrimiendo explicaciones del fenómeno y enumerando la ayuda que daba a los intendentes.
Apenas regresó, Scioli también llamó a conferencia de prensa para quejarse de lo sucedido en su ausencia y sin nombrarlo a Macri, dijo que para él estos problemas no eran políticos, aunque algunos querían aprovecharlos.
Palabras más palabras menos, las elecciones se metieron en el desastre de los inundados, reproches cruzados, ataques más o menos velados, cuando la realidad es que quien gobierna debe centralizar la ayuda y los candidatos, partidos u organizaciones solidarias deben colaborar de acuerdo al plan estratégico que tenga el Estado, en este caso provincial.
De este modo cada sector recibe ayuda y no que en un barrio como hay dos organizaciones reciben de todo y hay lugares que apenas llega la pastilla potabilizadora y dos frazadas.
De allí que la actitud de Macri tendría que haber pasado por coordinar su ayuda con el Gobierno provincial y no saltearlo para acordar con algunos municipios en forma directa.
No sabemos si el Gobierno nacional coordinó la ayuda con el provincial, aun siendo del mismo signo político. Sergio Berni recorrió todos los distritos inundados y donde la situación estaba crítica envió gendarmes para que evitar saqueos de casas abandonadas por el momento.
En Pergamino tuvo un entredicho con el intendente precisamente porque no habría existido esa necesaria coordinación previa, ni un llamado telefónico. Pacini se enojó y tildó de payasesca la visita de Berni, además de considerar que se intentó hacer uso político de la tragedia. Son anécdotas, pero que tienen como telón de fondo el drama de los inundados.
A nivel local también es mucha la ayuda que se está brindando desde varios sectores, algo loable por cierto. Aunque la veta política, en algunos casos, también se advierte. Lo ideal sería que todos los que quieran ayudar se encolumnen detrás de la autoridad natural, encabezada por el intendente que, incluso a riesgo de tomar alguna decisión equivocada, es el que tiene el mandato popular para determinar cómo se hacen las cosas. Recolectar alimentos, ropa, agua, medicamentos, chapas o colchones y distribuirlos por fuera de la estructura formal es una actitud más cercana a la demagogia que a la ayuda sincera.
En realidad de lo que habla toda esta situación es de la falta de altura política de nuestras figuras, porque son momentos en que no hay réditos personales que buscar, sino cumplir con deberes inherentes a los cargos que ocupan.
La gente necesita de mucho apoyo y todo el que pueda colaborar y así lo sienta, sea candidato político, vecinos común u organización comunitaria, es muy bueno que lo haga, pero sin dobles intenciones, sin intereses electorales, porque eso se nota y termina irritando a los vecinos, aun cuando los estén ayudando.
No estamos frente a un problema político sino ante un feroz fenómeno de la naturaleza, cuyas consecuencias hay que afrontar. No pongamos el carro delante del caballo, la dirigencia que quiera sumarse a trabajar por los inundados es muy bienvenida, pero coordinadamente con las autoridades a quienes les caben las mayores responsabilidades.
En la Argentina, lamentablemente, el diablo de la política mete la cola y además de inundados, todos terminamos indignados.















