Pichetto acepta ahora desaforar a Menem y ¿cuándo le toque a Cristina?
Los tiempos políticos se van acelerando y las conductas que parecían irreductibles van haciéndose flexibles. Tanto como que el jefe del bloque de senadores del PJ Federal, Miguel Angel Pichetto, dijo que si Casación rechaza un recurso extraordinario del expresidente Carlos Menem, dará su apoyo para que se le quiten los fueros y vaya preso. Es en la causa por el pago de sobresueldos por 600 millones de dólares por la que está condenado a cuatro años de prisión.
Al aceptar la posibilidad nunca planteada del desafuero del exmandatario y senador casi vitalicio, si es que la Cámara Nacional de Casación Penal rechaza en las próximas semanas un recurso extraordinario ante la Corte Suprema, se abre un nuevo escenario político.
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Para dejar en claro que no es él el que cambió de posición sino que hay nuevas condiciones judiciales, Pichetto dijo que ese eventual rechazo abre la ejecución de la pena, y que entonces se puede considerar entonces un desafuero para que la Justicia pueda actuar con libertad.
La definición sobre Menem, y en esta cuestión nadie es ingenuo, generará un antecedente para la expresidenta Cristina Kirchner, quien a partir de marzo próximo afrontará cinco juicios orales. Y cuando tenga condenas, aunque apele a la segunda instancia, quedará en cualquier momento al borde del desafuero.
El debate sobre en qué momento del proceso aplica el desafuero es una asignatura pendiente en nuestro Congreso. ¿Basta o no con una condena? Si se comprobaron los hechos imputados, ¿no estaríamos frente a un culpable? Las apelaciones, por lo demás, siempre refieren a cuestiones procesales, a las formas, más no al fondo del asunto, salvo que aparecieran nuevos hechos lo que implicaría directamente una reapertura de la causa. Pero sin esta circunstancia, con apelaciones sin nuevas pruebas, los hechos que motivaron la condena están ahí y sobre ellos el Congreso debiera expedirse.
Sin este debate y sosteniendo la premisa que mientras haya una apelación la condena no es firme, el desafuero ha demostrado ser en Argentina una moneda de cambio en la negociación política. Su espíritu, el de los fueros, está muy soslayado.
No es novedad que Pichetto -que preside el bloque mayoritario del Senado y puede así decidir cuándo un senador puede ser desaforado e ir preso- es el que permitirá o no que la expresidenta se presente eventualmente como candidata a presidenta el año próximo. Será la política el factor decisivo. Porque la Justicia, que en la Argentina aun teniendo pruebas de un hecho igual se toma sus tiempos, ha llevado a que esos juicios orales tendrán una duración de no menos de un año; luego empezarán las apelaciones a Casación. Y lo cierto es que para el año electoral mantendrá los fueros y podrá ser candidata a presidenta si así lo decide. ¿Qué pasaría en caso de que se presentara y ganara las elecciones, lo que hoy es prematuro pensar pero no imposible, con estas causas sobre las espaldas? Sería muy complejo que esto sucediera, porque no tenemos una Justicia que sea independiente del poder político. Esa es la triste realidad.
Y como decimos, los tiempos judiciales son exasperantes. La causa por los sobresueldos contra Menem había comenzado en 1998, es decir tardó 20 años en llegar a esta instancia decisiva. Y esas anormalidades traen otras aparejadas como no puede ser de otra manera. Independientemente que el bloque peronista protegió a Menem durante todos estos años y otros bloques tampoco presionaron jamás para que lo desafueren, por antiguos favores que muchos senadores opositores recibieron en su presidencia.
No falta a la verdad Pichetto cuando afirma que el sigue la doctrina de la Corte sobre el debido proceso. Esta considera que las prisiones preventivas es una pena anticipada. Si no hay riesgo de fuga y de obstrucción de la Justicia, la persona tiene que esperar la pena en libertad. Entonces sin sentencia firme no apoyó nunca los desafueros. Pero mágicamente, cuando el senador necesita tener las manos más libres para un futuro desafuero de Cristina, surge esta sentencia definitiva para Menem, el antecedente insalvable para la cuestión de los fueros.
Al preguntársele cuándo va a ser, a su criterio, condena firme la pena a Menem a 4 años y medio de prisión en la causa de los sobresueldos, Pichetto respondió: En general, la Corte dice que es condena firme cuando se agoten los recursos de apelaciones. Mi opinión es que el eventual rechazo del extraordinario abre el recurso de queja a la Corte e implica poner en marcha el principio de ejecución de la condena... El recurso de queja no suspende la condena pero es una doctrina abierta. La Corte hizo un fallo en la que dice mientras que haya un recurso abierto no hay condena firme pero otra cosa es el principio de ejecución de la condena. Aunque todavía, resalto, no llegó a un pedido de desafuero de Menem al Senado (por sobresueldos).
En octubre pasado, la Casación confirmó la condena que un tribunal oral aplicó a Menem en la causa sobresueldos en 2015. Luego el expresidente presentó un recurso extraordinario para ir a la Corte, que debe decidir si acepta o rechaza en las próximas semanas. Si lo rechaza, ordenará al Tribunal Oral Federal Nº 4 que solicite al Senado el desafuero del expresidente.
En cambio, en la causa de la venta ilegal de armas a Ecuador y Croacia, Casación en un polémico fallo absolvió a Menem por el paso del plazo razonable para ser juzgado en este expediente que se abrió en 1995.
Pichetto es filoso con el oficialismo también en materia judicial y dijo que la situación judicial del presidente Mauricio Macri no fue la ideal: Macri estuvo procesado con ratificación de la cámara federal en la causa del espía porteño cuando fue elegido presidente. No le pidieron la prisión preventiva y luego la nueva cámara federal anuló la causa. Este es el debido proceso argentino. Si no nos gusta cambiémoslo o fijemos un plazo razonable a los procesos. Y en esto de los plazos no le falta razón.
De acuerdo a su criterio que la Cámara de Diputados el año pasado desa-foró al exministro de Planificación y diputado por el Frente para la Victoria, Julio De Vido, fue un error y así De Vido terminó con prisión preventiva.
En la causa de los sobresueldos, el experito de la Corte Alfredo Popritkin había determinado en un informe que el gabinete de Carlos Menem se repartió 660 millones de dólares de los fondos reservados de la exSide y de varios ministerios. Lo repartían a razón de 100.000 dólares por mes a cada ministro y 50.000 dólares a cada secretario. El circuito irregular se administraba y repartía en la Secretaría General de la Presidencia de la Nación, y luego en la Jefatura de Gabinete de la Nación. En total, se manejaron 4.152 millones de dólares, de los cuales se destinaron 660 millones a repartir entre los funcionarios.
Un robo de tantos que hemos visto en la Argentina de la impunidad tan extendida.
















