Pergamino, representada en el primer volumen de "Cuentos en los Parques Nacionales"

El cuento de la niña Justina Rossi, inspirado en los Bosques Petrificados de Jaramillo, en la provincia de Santa Cruz, fue seleccionado entre más de 100 relatos presentados a nivel nacional. Participamos todos y eso fue lo divertido, contó su madre.
El cuento de la niña Justina Rossi, titulado “El gran maestro” e inspirado en los Bosques Petrificados de Jaramillo, en la provincia de Santa Cruz, fue seleccionado entre más de 100 relatos presentados a nivel nacional y ya forma parte del primer volumen de "Cuentos en los Parques Nacionales", tras la convocatoria realizada a principios de julio para todo el país por parte del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible de la Nación, a través de la Administración de Parques Nacionales (APN).
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Se trata del primer compendio de los más de 100 relatos infantiles sobre historias relacionadas con las áreas protegidas nacionales. Si bien estaba dirigida a los niños, de la propuesta podía participar la familia. “Participamos todos y eso fue lo divertido. De alguna manera fue viajar porque hicimos el cuento sobre un parque nacional que no conocíamos y ni siquiera teníamos idea de que estaba en el mapa de Santa Cruz. Así que nos pusimos a averiguar por Internet con fotos y video, y nos imaginábamos en el lugar y Justina creó el cuento y yo le terminé de dar forma”, contó Agustina Roca, mamá de la niña, periodista y diseñadora Web marplatense, casada con Bruno Rossi, economista, hijo del reconocido traumatólogo de nuestra ciudad, Raúl Rossi.
“Nos enteramos de la convocatoria por el Diario LA OPINION de nuestra ciudad. Nos pareció interesante no solo para ella sino para poder participar como familia de una actividad entretenida, dado en el contexto en que nos encontramos, en el medio de la pandemia, de la cuarentena, que no podemos salir de casa, nos pareció una buena manera de viajar. A través de la investigación en Internet y de la imaginación también pudimos viajar a esos lugares que no conocíamos y que gracias a la convocatoria conocimos. Así que disfrutamos mucho, la pasamos bien, nos divertimos, fue una linda experiencia y además hicimos algo distinto en vacaciones, que era la idea también para salir un poco de la rutina en la que estábamos inmersos”, comentó Roca a través de un video enviado a los organizadores.
“La propuesta fue muy interesante y Justina se enganchó, le divierten esas cosas y tiene facilidad –agregó-. A ella le gusta leer y escribir, y su materia preferida es Lengua. Cursa el 3er. grado en el Colegio San Pablo.
El gran maestro
No es nada sencillo ser maestro de escuela, sobre todo cuando los alumnos son más curiosos de lo normal. El maestro es el tucúquere más viejo del Bosque. Sus alumnos lo llaman “Tucu” y en su hábitat es conocido como “el gran búho”. Tucu sabe cómo callar a sus alumnos para que lo escuchen y es tal el respeto que impone, que hasta las loicas dejan de cantar cuando Tucu queda al mando de la clase.
Tucu era un maestro muy sabio y venía notando cierto desinterés en sus alumnos por seguir aprendiendo. Pensó que tal vez las altas temperaturas de las tardes de verano los tenían desganados. Los animales ya no querían asistir más a la escuela. Por las noches la temperatura baja considerablemente, así que Tucu les propuso a sus alumnos cambiar las clases para la noche, pero éstos se negaron. Al parecer, no era el clima lo que los tenía tan poco motivados. Tucu estaba desesperado y triste. Era la primera vez en años de docencia que el gran búho no podía atraer la atención de sus alumnos. Los días pasaban y cada vez asistían menos animales a su clase. De camino a la escuela, ubicada en las altas mesetas, Tucu veía a los ñandúes corriendo carreras en los matorrales, a los piches que se perdían en aquel paisaje semi desértico y árido, y a los guanacos haciendo de las suyas en rebaño junto a los enormes troncos característicos del bosque. Veía a todos sus alumnos jugar pero no iban a su clase. Cuando llegó a la escuela, lo estaba esperando solo un estudiante, Donato, un zorro gris al que nunca había faltado a clases.
—Dime Donato, ¿qué está pasando con ustedes que me han dejado solo?-le preguntó Tucu y el zorro respondió:
—Nos aburrimos en la escuela.
—¿Cómo que se aburren? Si yo les explico todo acerca de nuestro hábitat…—replicó Tucu. Y Donato siguió:
—Nosotros amamos el lugar donde vivimos pero queremos conocer otros lugares, otro clima, otra vegetación, otro paisaje, nosotros queremos viajar.
Ese día, Tucu salió pensativo de la escuela: “¿Qué puedo hacer para captar la atención de mis curiosos alumnos?”. Después de escuchar a Donato y analizar la situación, el gran búho encontró la solución. Mandó a pedir que para la próxima clase no faltara nadie porque iban a hacer un viaje a un lugar con clima y vegetación totalmente opuestos a los que tenían ellos. Al recibir la noticia, los alumnos se alistaron ansiosos para asistir a clase. Tucu se sorprendió al ver a todos sus alumnos juntos otra vez y empezó la clase diciendo:
—Hoy vamos a viajar al Parque Nacional Bosques Petrificados de Jaramillo. Los animales se miraron entre ellos y dijeron: “Pero éste búho está totalmente loco, si es ahí donde vivimos y es aquí donde estamos”.
—No estoy loco —replicó Tucu y siguió—. Yo les dije que vamos a viajar a un lugar distinto al nuestro, con clima húmedo, con abundante vegetación, densos bosques y árboles de gran porte y eso es lo que vamos a hacer en este preciso momento.
—Pero si nuestro clima es seco, desértico, frío, árido y ventoso… —dijo en voz bien alta uno de los choiques. Los alumnos estaban desconcertados, nadie entendía lo que estaba pasando en esa clase, sin embargo, el maestro siguió:
—Los invito a viajar con la imaginación y para ello, deberán prestar atención al relato que les contaré a continuación sobre nuestro bosque.
Tucu empezó su relato remontándose a 150 millones de años atrás, cuando aún existían los dinosaurios y nuestro planeta era muy diferente a cómo es ahora.
—Aunque les cueste creer, aquí mismo, el clima era húmedo y había grandes bosques con árboles gigantes —explicaba el maestro— ¿Lo llegan a ver? —preguntó Tucu a los alumnos concentrados.
—Todo es muy verde con abundante vegetación y hace calor —respondió el zorro gris.
—¡Vamos bien! —dijo el maestro y siguió el relato:
—La Cordillera de los Andes no existía y en su lugar había mar. Ni siquiera la ubicación en el mapa era la misma que ahora.
Les explicó que en ese entonces, toda esa zona de la Patagonia estaba más cerca del Ecuador, entonces eso propiciaba un clima húmedo y cálido. A través de la detallada descripción del lugar, de las condiciones climáticas y geográficas, el maestro logró que sus alumnos viajen con sus mentes y se ubiquen en tiempo y espacio de aquella época. Estos escuchaban con mucha atención la historia de su lugar y del asombro que tenían, ni la boca podían cerrar.
—Se te cae la baba chulengo —así lo llamaban sus amigos— querido —le dijo uno de los zorros grises al guanaco y todos comenzaron a reírse porque se dieron cuenta de que todos estaban en la misma situación que él. Estaban fascinados con la historia y hasta disfrutaban del lugar:
—¡Se siente suave el pasto aquí! —se escuchó entre los presentes.
—Y yo puedo escuchar el ruido del mar —dijo el zorro Donato en voz alta.
Los alumnos pedían al maestro que siga con más y Tucu siguió:
—Hoy en día lo único que quedó de todo eso son los gigantes troncos correspondientes a los árboles de aquella época, entre ellos, las araucarias ancestrales.
—¿Y cómo pasamos a este cambio tan opuesto en cuanto a clima, flora, fauna y paisaje? —preguntó un chingolo tímido.
—Y es ahí donde está la magia queridos alumnos —respondió el gran búho y siguió— nuestro planeta cambió, los continentes se movieron, se levantó la Cordillera, los volcanes entraron en erupción y nuestro territorio fue sepultado con cenizas y lavas y por eso los bosques se petrificaron. Los alumnos no salían de su asombro. Ya era hora de volver al presente e irse a sus casas.
-Aquí termina nuestro viaje —les dijo Tucu muy contento porque había recuperado el entusiasmo de sus alumnos. De regreso a su casa, el gran búho se percató que no solo sus alumnos habían aprendido algo nuevo sino que él también había aprendido algo de ellos: “Qué gran poder tiene la imaginación, se puede lograr lo imposible, como darle alas al que no tiene”, se dijo el búho así mismo y se fue a dormir.
















