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Pérdidas millonarias en el campo por las inundaciones

20 de agosto de 2015 a las 12:00 a. m.

Hemos visto, sentido y sufrido los padecimientos de los inundados del norte de nuestra provincia, incluso en Pergamino mismo. En el día después hay además de la cuestión humanitaria, tremendo costes económicos. Más cuando hablamos de que se inundó uno de los sectores productivos más importante de la rica región bonaerense, del que depende gran parte de la sociedad, de manera directa o indirecta. 

Al menos un tercio de una amplia región agropecuaria de Buenos Aires, que comprende la cuenca del río Salado y el norte y el este de la provincia, sigue bajo el agua con graves perspectivas de pérdidas por las últimas inundaciones. Son 4,1 millones de hectáreas, es decir, el 32,8 por ciento de la superficie total de esa zona (12,5 millones de hectáreas). Buenos Aires tiene 30 millones de hectáreas, con lo cual el área con graves problemas llega a casi el 14 por ciento del territorio. Dentro de este porcentaje, el área afectada en Pergamino supera las 26.000 hectáreas. Si bien esta cifra tendrá implicancias para nuestra localidad, éstas no son tan graves como las que padecerán los Partidos cuyos campos se han inundado casi completamente y donde aún el agua ni siquiera ha bajado. Especialmente aquellos donde la ganadería se practica de modo más extendido; allí los especialistas aseguran que las pérdidas irán in crescendo, dado las particularidades del ciclo productivo y el fallecimiento de vientres. En Las Flores, Rauch, Ayacucho, Dolores, Pila, Tordillo y otros partidos los productores están reportando mortandad de animales, con vacas pariendo terneros en el agua. Las entidades de agro están recabando información porque el Gobierno aún no ha dado datos oficiales. En los contactos que han tenido, los productores advirtieron que de continuar esta situación podrían perderse no menos de 50.000 terneros, por un valor de alrededor de 200 millones de pesos.

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Por otro lado está la cuestión del trigo, el cultivar que peor la viene pasando debido a las políticas del Gobierno y ahora peor con este daño. 

Son pocos los productores que arriesgan su siembra debido a las malas condiciones impuestas para su comercialización. Esos persistentes hombres de campo hoy deben afrontar pérdidas totales en esta industria a cielo abierto.  Ya se dan por irrecuperables 259.000 hectáreas del cereal, lo que importa unos 750 millones de pesos. Así, entre ganadería y trigo el impacto económico ronda, según los primeros cálculos, los 1.000 millones de pesos.

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En otra época no muy lejana, cuando ocurrían hechos como los vividos hace algunos días atrás con excesos de precipitaciones e inundaciones en la provincia productiva más importante de nuestro país, los mercados internacionales reaccionaban automáticamente. Este tipo de inclemencias generaban preocupación por lo que podía llegar a ocurrir con la producción y posterior exportación de los productos involucrados en las provincias con inconvenientes de inundaciones. En este caso, los anegamientos de los campos, cortes de caminos e inundaciones de ciudades ocurrieron en la provincia de Buenos Aires, la más importante desde el aspecto productivo agropecuario nacional. Y los mercados internacionales tomaron nota de lo que estaba ocurriendo, pero no consideraron que fuera un factor importante como para movilizar las cotizaciones internacionales de los granos. 

Esto ocurre porque la Argentina dejó de ser un factor de influencia en la conformación de los precios internacionales de productos como el trigo, la leche y la carne –por nombrar algunos-. Lamentablemente, en la última década, nuestro país dejó de ser importante en el mundo en estos productos, porque prácticamente no exportamos y cuando lo hacemos, no cumplimos con lo pactado o tenemos inconvenientes con la calidad comercial enviada. 

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Las inundaciones bonaerenses están generando también importantísimas pérdidas a los tamberos que no han podido “mover” su producción a tiempo, perdiendo cantidad de leche. Además, se realizaron movimientos de los animales a zonas más altas, perdiendo la continuidad en la producción. En muchos casos, dichos vacunos perdieron peso y bajaron fuertemente la productividad diaria. Algo similar ocurre en el sector ganadero que tuvo que movilizar grandes rodeos en búsqueda de zonas secas, con aumento en sus costos para poder obtener alimento suficiente como para que los animales involucrados no pierdan más peso que el que venían perdiendo por el exceso de agua en los campos anegados. 

En el caso del trigo, las pérdidas podrían llegar a ser superiores. Ya se estima que la producción de este año no llegaría a las 9 millones de toneladas (el año pasado se produjeron 12,5 millones de toneladas). Muchos campos bajo el agua han hecho que las plantas tengan comienzo de pudrición de tallo y raíces. En los campos más afectados hubo revuelco y “planchado” de plantas. Este escenario anticipa serios inconvenientes en el momento de la cosecha, donde veremos rindes inferiores a los habituales y todo tipo de problemas en la calidad comercial de la semilla cosechada. 

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“Hay que ver cuánto rinde el trigo. Si son algunos pocos quintales, directamente no conviene cosecharlo” decía con desánimo un productor de la bonaerense localidad de Lobos. 

Si consideramos un consumo interno de 7 millones de toneladas y una posible producción de 9 millones de toneladas, quedaría un saldo exportable de tan solo 2 millones de toneladas.

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Por esta exigua cifra posible de exportación es que los formadores de los precios internacionales ya no toman en cuenta lo que ocurre en nuestro país.

Y hace años que viene ocurriendo algo similar, no solo por los bajos guarismos de exportación argentina del cereal sino también por las medidas gubernamentales de control que no permiten vender el trigo al extranjero en el momento que la demanda lo necesita sino cuando los funcionarios de turno lo creen pertinente. De esta forma, los países compradores no tienen previsibilidad en relación a en qué momento la Argentina saldrá a vender su trigo. Habitualmente cuando esto ocurre es tarde, con la demanda ya abastecida por otros países vendedores que ganaron nuestros mercados. 

Vistos estos guarismos, no es exagerado afirmar que el saldo negativo que nos ha dejado la última inundación es alarmante. 

Ayer se reunió la Comisión de Emergencia Agropecuaria en el Ministerio de Agricultura de la Nación, donde hay pendientes decretos de emergencia de provincias. Sin embargo, la emergencia en sí misma no es más que perdones impositivos, lo interesante sería el lanzamiento de líneas de crédito blando con tiempo sin comenzar a pagar, a fin de lograr la recuperación más rápida del sector.

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También es unánime la crítica de los productores por la falta de obras, como también de mantenimiento de puentes y canales y el problema de los puentes provisorios que hay varios en la provincia, es que, como son cortos, para poder colocarlos se achica el paso del agua haciendo banquinas. 

Mientras tanto, los funcionarios del gobierno parecen no ser tocados por esta gravísima realidad, sobre la cual venimos teniendo antecedentes en los últimos años repetidamente, ya que mediante el Decreto Nº 2.579/2014 del Poder Ejecutivo Nacional, con fecha del 30 de diciembre de 2014, el ministro de Economía Axel Kicillof disminuyó en un 20 por ciento las alícuotas a las naftas que debían financiar el Fondo de Infraestructura Hídrica. Esto provocó una pérdida de ingresos por 211 millones de pesos a julio de 2015, suma que se incrementará a 500 millones de pesos a fin de año, que debieran ser destinados a mitigar el problema de las inundaciones.  

Según el diputado justicialista (no oficialista) Carlos Brown, “aquella famosa rebaja al precio de las naftas del 5 por ciento anunciada en diciembre pasado conllevó esta negligencia que hoy afecta a los argentinos de la peor manera”. Y por si fuera poco, el precio de las naftas este año ha vuelto a los niveles anteriores, y en muchos casos los ha superado, “sin embargo el Fondo Hídrico no ha recuperado el porcentaje que le correspondía”. 

Para el legislador y exintendente de San Martín “las inundaciones no deberían tomarnos por sorpresa” por ser “una consecuencia lógica del desmanejo que ha sufrido esta cuestión en los últimos 12 años: sin estrategia hídrica y cada vez con menos financiamiento, que además es utilizado de acuerdo a los intereses del gobierno de turno”.

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No escapa a este análisis que muchas veces los propios hombres de campo hacen canales clandestinos, ya sea por llano beneficio personal o ante la falta de obras. Pero no estamos hablando de algo que esté oculto sino que habla de una ausencia del Estado a la hora de controlar. Lo mismo que sucede con la urbanización desmedida en las ciudades, sin seguir ningún lineamiento estratégico y plantándose nuevos barrios de la noche a la mañana en zonas no aptas o donde todavía no ha llegado el Estado con las obras de infraestructura que acompañen el desarrollo.

Según expertos en climatología, los excesos hídricos serán una constante en las próximas décadas. Así que ya es hora de dejar de hablar de lo ocurrido y empezar a actuar para ponerse a tono con lo que viene.

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