Pegasus: cambian las formas, pero los espías siempre están
El uso del software de vigilancia Pegasus desarrollado por la empresa israelí NSO Group para acceder a teléfonos móviles de periodistas, defensores de derechos humanos y jefes de Estado, entre ellos los presidentes de Francia y México, Emmanuel Macron y Andrés Manuel López Obrador, reabre el debate sobre la necesidad de regulaciones internacionales más estrictas para la utilización de este tipo de tecnologías.
El diario británico The Guardian, uno de los primeros en dar a conocer el uso del poderoso software Pegasus, perteneciente a la firma israelí NSO Group, para interferir teléfonos móviles de activistas de derechos humanos, periodistas y políticos de distintos países del mundo, alertó sobre el serio problema que representa para las democracias la falta de controles de este tipo de tecnologías de vigilancia.
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Por su parte, el centro de estudios estadounidense Atlantic Council, publicó en marzo pasado un informe en el que advierte que la proliferación de este tipo de programas informáticos que vulneran la privacidad "presenta un conjunto cada vez mayor de riesgos para los estados".
"Las actividades antes restringidas a relaciones de enlace de inteligencia, o asociaciones opacas entre militares, ahora se han convertido en asuntos que las empresas privadas persiguen de manera rentable, en gran parte independientes de los conceptos tradicionales de control estatal ejercido sobre estas capacidades", agrega el documento de este think tank norteamericano en el que, además, señala que la empresa israelí NSO Group vendió Pegasus, "a múltiples organizaciones de inteligencia en el Medio Oriente, Europa y Sudamérica".
El informe titulado Proyecto Pegasus, preparado por un consorcio internacional que reúne a 17 medios de comunicación -entre ellos los periódicos Le Mond, The Guardian, The Washington Post y Proceso, de México- liderado por la organización Forbidden Stories reveló que el software espía puede instalarse de forma encubierta en teléfonos móviles sin que lo sepan los usuarios y que, hasta el momento, se pudo comprobar a través de análisis realizados por expertos en estas tecnologías que fue utilizado para interferir al menos unos 50.000 celulares.
También la organización Amnistía Internacional participó de la investigación del Proyecto Pegasus. Días pasados, la secretaria general de esa organización no gubernamental, Agnés Callamard, dijo que la investigación que sacó a la luz el uso del software espía revela que el uso abusivo de esa poderosa tecnología de vigilancia "es sistemático y global", y prueba de ello es que entre la lista de teléfonos vulnerados se encuentran los dispositivos móviles de 180 periodistas, 600 políticos, 85 defensores de derechos humanos y 65 empresarios de distintas nacionalidades.
La investigación sobre el uso de Pegasus comenzó en el año 2016, cuando el Citizen Lab -que es un laboratorio interdisciplinario de la Universidad de Toronto, Canadá- analizó el teléfono móvil del activista de derechos humanos de Emiratos Árabes, Ahmed Mansoor, y comprobó que el dispositivo había sufrido un intento de ser infectado con un software espía con capacidad de leer mensajes de texto, rastrear llamadas, grabar conversaciones, recopilar contraseñas, rastrear la ubicación del teléfono y recopilar información de las aplicaciones.
Más tarde se supo que se trataba del programa Pegasus de la compañía NSO Group que, como era de esperar, negó estar vinculada con esa maniobra e informó a través de un comunicado que el producto era vendido a gobiernos que estaban interesados en contar con tecnología sofisticada que los ayudara a combatir el terrorismo y el crimen. Dijo además que no tenía conocimiento de cómo algunos teléfonos de la lista contenían restos de su software espía y reiteró que no era responsable de cómo los gobiernos utilizaban su software.
Tras conocerse el listado de 50.000 teléfonos móviles interferidos, surgieron los nombres de otros programas espías que realizan tareas similares a las atribuidas al software Pegasus. Así, por ejemplo, la empresa Microsoft anunció que, en colaboración con el Citizen Lab, descubrió un malware, de nombre Sourgum, que ha sido usado para espiar, al menos, a un centenar de personas entre las que se encuentran activistas, periodistas, políticos, académicos, disidentes políticos y trabajadores de embajadas, entre otros. Por eso la empresa fundada por Bill Gates hizo un llamado a combatir estos programas informáticos. Es de esperar que se aprueben leyes más estrictas en todo el mundo para regular la utilización de este tipo de tecnologías y evitar abusos que violen los más elementales derechos de las personas.














