Parar en diciembre puede encender la chispa del incendio social
Cuando analizamos los paros en la Argentina, hay un parámetro que viene definiendo el éxito o fracaso de las medidas cuando son de carácter general. Y no es otro que el apoyo del transporte que, en definitiva, impide que los trabajadores de otros gremios lleguen a sus puestos, hayan decidido o no adherir a la convocatoria. Porque en Buenos Aires y las capitales de provincia, fundamentalmente, es imposible ir a trabajar sin colectivos, trenes, subtes.
Este tema modifica la necesaria democratización que debe tener cada sindicato para decidir sumarse o no a una medida de fuerza. Pero la verdad es que hace muchos años que las bases no tienen participación interna real y muestra de ello es que los secretarios generales hace más de 20 años que son los mismos. Se amigan y se pelean con los gobiernos, por los más diversos intereses.
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Los reclamos actuales, que motivarían la realización de una nueva medida de fuerza, son claramente justos: piden cambios en el impuesto a las Ganancias y un bono de fin de año, porque la inflación licuó los aumentos salariales y algunos tendrán una muy magra canasta navideña.
Además, detrás de los reclamos -repetimos justos- se esconde la presión para lograr mejor reparto del dinero de las obras sociales. Un tema en que cada bando, gremios y Gobierno, tienen una parte de la razón porque nada es absoluto en estos asuntos imbricados de la política y los gremios. Y si bien es cierto que hay falencias en los servicios de salud, también lo es que las sumas con que cuentan las obras sociales al día de hoy son suficientes como para que no fueran deficientes las prestaciones, lo que habla de una dudosa administración de los fondos por parte de los sindicatos.
Si bien no se trató de una huelga general como se prevé realizar antes de fin de año, el paro parcial realizado por los transportes durante tres horas esta semana, transformó a Buenos Aires en un infierno. Ahora buscan consensos para convocar a una medida de alcance total, para insistir con los reclamos por un plus salarial y por modificaciones en el impuesto a las Ganancias.
La posibilidad de otra medida de fuerza durante diciembre era impensada hasta ayer. El camionero Hugo Moyano y el ferroviario Omar Maturano, los dos principales impulsores de la jornada de protesta, habían descartado una huelga en diciembre para evitar quedar en el ojo de la tormenta en caso de que se propague un desborde social. Saben que ellos tienen el as de espadas para que el paro general sea exitoso.
En función de que afirman que las bases se lo piden estarían dispuestos a llamar a un paro general. Y se sumarían los ferroviarios, colectiveros, aeronáuticos y portuarios.
La semana pasada habían anunciado que no habría más paros hasta fin de 2014, pero la realidad es que ahora afirman que el Gobierno se burla de sus medidas porque no les da respuesta; lo mismo dicen los camioneros de Hugo Moyano, y afirman que hay que hacer un paro más prolongado. Ellos aprobaron una huelga de entre 24 y 48 horas y no se descarta una movilización a Plaza de Mayo, para la que, desafían, usarán el mismo transporte que para llevar a la gente a la protesta.
Son 22 sindicatos del transporte los que participaron del paro parcial, que comenzó a las 4:00 y terminó a las 7:00, las tres peores horas para los que van a trabajar, y fueron suficientes para generar un caos y alterar durante casi todo el día el normal funcionamiento de los servicios de los colectivos urbanos, ómnibus de larga distancia, vuelos internacionales y de cabotaje, ferrocarriles y la actividad portuaria.
El único tema a discutir a estas horas en la CGT enfrentada al oficialismo, es que los gremialistas temen ser acusados por el Gobierno de incentivar el caos en la víspera del fin de año. Por eso harán hincapié con un documento y solicitadas en los reclamos exclusivamente. En lo que hace a los puntos que piden los tres sectores cegetistas están de acuerdo, en lo que no se ponen de acuerdo es en la metodología. Muchos temen que el paro sea usado como maniobra por algún sector y se politice demasiado el tema, con lo cual todos perderían.
La medida de fuerza parcial que afectó al transporte metropolitano esta semana fue cuestionada desde el Gobierno. Hay una dirigencia sindical que es parte del problema y no de la solución. Quedó claro que el paro fue en contra de los trabajadores que menos ganan. Muchos de ellos que se vieron impedidos de ir a trabajar perdieron el presentismo, señaló Florencio Randazzo, ministro del Interior y Transporte. Y lo mismo expresó el jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, quien les pidió a los gremialistas ser solidarios con el conjunto del pueblo argentino. Y también hubo críticas del ministro de Trabajo, Carlos Tomada, quien cuestionó el reparto de subsidios para el transporte, que con todo el dinero que reciben hagan estas medidas de fuerza.
Lo cierto es que al Gobierno y al sindicalismo les preocupa diciembre; es un mes sensible, cuando todos necesitan más dinero por las Fiestas y muchos ya tienen el aguinaldo gastado de antemano. Saben que la paz social peligra ante el espiral inflacionario y nadie quiere quedar como que enciende una chispa que otros puedan usar.















