Para una sociedad cada vez más violenta, un Estado más presente y activo
C
uando hemos realizado informes respecto de violencia intrafamiliar en Pergamino, hemos detectado que en nuestro ámbito hay constantes incrementos, nunca bajas, en los últimos años. Son datos de la Justicia local, de acuerdo con la cantidad de expedientes abiertos por este motivo. Aunque cabe señalar que, desde un punto de vista, este dato puede ser positivo en tanto se trate de que hay más denuncias de casos que antes quedaban entre las cuatro paredes del hogar. Se trata de temas dolorosos, mujeres golpeadas y niños, a veces bebés, abusados, golpeados o maltratados, son asuntos corrientes en la actualidad, lamentablemente.
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Ningún golpeador despierta su ira de la noche a la mañana, ningún agresor maltrata una sola vez ni ninguna mujer denuncia ante el primer cachetazo.
Por eso, dentro del drama de la violencia intrafamiliar y de género, que más hechos lleguen a conocimiento de la Justicia habla de mujeres e hijos que vencieron el miedo al agresor y a la vergüenza social y se decidieron a salir del infierno.
También denota la asunción de un rol por parte del Estado, que antes no sólo se mantenía a un costado del asunto, al no disponer espacios y personal idóneo para su atención, sino que además las denuncias eran desestimadas por prevalecer en ciertos estamentos, como las fuerzas de seguridad, un criterio patriarcal y machista. ¿Cuántos casos hemos conocidos de mujeres expresando haber ido a una comisaría y que se le reían en la cara o la mandaba a lavar los platos, a atender mejor al marido insinuando su culpabilidad por los golpes recibidos? Por eso es bueno destacar que, dentro de lo triste de las estadísticas, es positivo que hoy haya más denuncias debido a que existen canales apropiados para realizarlas, donde la gente es escuchada y atendida en sus urgencias. Y sobre todo, fuertes campañas instando a las víctimas a buscar ayuda. El Estado ha salido de su letargo en este tema.
Pero padres golpeadores han existido siempre, y seguirán apareciendo, maridos violentos también, sólo que ya no estarán, como antes, ocultos tras el manto de una sociedad que prefería no sacar a la luz estos abusos y mantenían las tragedias dentro de las paredes de su casa.
En el caso de los niños causa pavor los casos que suceden, en distintos puntos del país, porque hay que ser más bestial que humano, con los hechos que lo confirman como la historia de Mía, la beba de un año y medio a quien su padre metió en el lavarropas porque estaba cansado de escucharla llorar. Incalificable.
Por la agresión a Mía, ocurrida a mediados de julio pasado, su padre fue detenido acusado de intento de homicidio. El imputado fue identificado por la policía como Lucas Dogliotti, de 33 años, que en su haber tenía 10 años de reclusión por distintos delitos. La última vez que salió de la cárcel fue a su casa, situada en la esquina de 802 y 893 en Solano, y, según denunció su mujer, metió a la beba de un año y medio en el lavarropas.
Pero no es un caso aislado sino que forma parte de un contexto de violencia infantil que se agrava año tras año.
No se trata sólo de padres, hay madres perversas que hacen daño a sus hijos como por ejemplo el caso de una mujer que fue condenada por el intento de homicidio de su hija de cinco años, ocurrido en la localidad de Manuel Alberti del Partido de Pilar. Con la denuncia, el Tribunal Oral de San Isidro la condenó a 10 años y ocho meses de prisión.
También tuvo alto perfil el caso de tres menores que eran sometidas y esclavizadas por un pai umbanda en Monte Chingolo.
Estos son casos conocidos, pero hay 9.800 menores que fueron víctimas de maltrato infantil durante un año sólo en territorio bonaerense. Son los casos denunciados, pero anónimos para la opinión pública. Los niños que sufren sin prensa, pero con el mismo dolor que los casos de alto perfil periodístico.
Hay que escanear lo que ese maltrato le hace a la mente de un niño, en qué adulto se convertirá y el infierno que pasa mientras va creciendo.
Según la estadística elaborada por la Secretaría de Niñez y Adolescencia de la Provincia de Buenos Aires, los casos de maltrato infantil se repiten en territorio provincial cada una hora, dato que surge de la cantidad de situaciones en las que tuvo que intervenir el organismo durante 2013.
También se produjeron más infanticidios. En agosto, una niña de siete años fue asesinada en el barrio Los Troncos, de General Pacheco, por su padre, molesto porque la madre de la niña se había separado.
En la misma línea de violencia doméstica, también aumentaron los femicidios. Según un informe elaborado por la ONG La Casa del Encuentro, en 2013 fueron asesinadas 295 mujeres en episodios de violencia de género.
También se incluyó la cantidad de niños y hombres que resultaron víctimas colaterales de los femicidios: Hubo 39 asesinatos de mujeres que alcanzaron a hombres y niños. Esa cifra refleja los hechos en los que las víctimas fueron muertas al intentar impedir el asesinato de su vecina, su mamá o su pariente.
Dentro de este avance que ha tenido la concientización, prevención y tratamiento de esta problemática, sigue preocupando la lentitud que la Justicia tiene en algunos casos para dictar medidas que, por ser preventivas, son elementales para no llegar a la tragedia. Estamos hablando de los pedidos restricción de acercamiento (o perimetrales). Este tipo de recurso debiera ser automático, incluso aunque de camino se conculquen otros derechos, en virtud del bien mayor de preservar una vida. De resultar luego una medida desproporcionada, siempre se puede retrotraer, no así la vida. El violento patológico no cesa en su intención de dañar, por lo que a la Policía la vigencia de este tipo de medida le permite accionar de manera contundente ante la denuncia de peligro por parte de la víctima.
Todo lo que se haga para restringir el campo de acción del violento en su ira es válido y justificado, aun incurriendo en la exageración. Después que prosigan las investigaciones y se determinen los pasos a seguir. Pero mientras tanto, el Estado también debe estar presente con su protección porque de lo único que no hay retorno es de la muerte.

















