Para la presidenta, la muerte de Kirchner fue mucho más que la pérdida del esposo
Con visitas al mausoleo, videos recordatorios y mensajes en las redes sociales, el oficialismo en pleno rindió tributo al expresidente Néstor Kirchner, al cumplirse 64 años de su nacimiento.
Como suele hacer para las fechas conmemorativas vinculadas a su esposo, la presidenta no mantuvo actividad oficial, viajó a Río Gallegos por unos días y el mismo martes visitó el cementerio municipal donde descansan los restos del santacruceño. Llegó al mediodía y, en una ceremonia íntima, permaneció media hora. Junto al ataúd, aún yacen una bandera argentina, una camiseta de Racing y el pañuelo de las Madres de Plaza de Mayo. Frente al féretro colocaron lirios blancos y rosas rojas.
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La pequeña comitiva que organizó Fernando Espinoza, intendente de La Matanza y titular del PJ bonaerense, como se toma con mucho celo quiénes viajan a estos homenajes, contó con el estricto aval de Cristina Kirchner, que aprobó el arribo de la delegación: el líder de la CGT oficial, Antonio Caló; la ministra de Gobierno provincial, Cristina Alvarez Rodríguez, y los intendentes Santiago Maggiotti (Navarro) y Juan Pablo Anghileri (General Rodríguez). Luego, el mausoleo que construyó el empresario Lázaro Báez, amigo de la familia presidencial, fue abierto al público. Un grupo muy reducido que generará todo tipo de suspicacias políticas de parte de muchos otros dirigentes que creen que son el círculo más cercano y sin embargo se quedaron fuera del avión.
El aniversario, que tuvo amplia cobertura en los medios públicos, contó con varios cortos, todos ellos épicos y apuntando al relato oficial en su máximo esplendor. Uno, producido por el Ministerio de Desarrollo Social, comandado por Alicia Kirchner, su hermana, compara a Néstor con San Martín, ambos con la coincidencia de haber nacido en la misma fecha. “Son dos estrategas y dos luchadores incansables de la libertad y la justicia”, sostiene el guión.
El Gobierno también echó a rodar un spot institucional titulado “La búsqueda”, en el que un joven dibuja en un pizarrón una especie de línea histórica con la trayectoria del expresidente, que falleció el 27 de octubre de 2010 de un paro cardiorrespiratorio.
Por la mañana, el jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, abrió la ronda de mensajes al rendir un “merecido, cálido y afectuoso homenaje”, en una señal que después se replicó en otros funcionarios, gobernadores, legisladores y militantes. También en su cuenta personal de Twitter expresó su recuerdo: “¡El vive en nuestros corazones!”, escribió.
Desde territorio bonaerense, el gobernador Daniel Scioli envió un saludo a Cristina y a sus hijos, Máximo y Florencia. “Kirchner se engrandece con el tiempo por la vigencia de sus acciones y pensamientos”, aseguró vía Twitter.
En el Congreso, el bloque de diputados del Frente para la Victoria emitió un comunicado en el que destacan su compromiso militante.
Para entender qué significó la muerte de Néstor Kirchner para su esposa y para la gestión kirchnerista en general, hay que remontarse al pasado personal del expresidente y a nuestro pasado reciente como país.
Cristina y Néstor se conocieron en La Plata, cuando ambos eran estudiantes y militaban en la juventud peronista de aquellos años, que no era Montoneros estrictamente, pero era más combativa que en la actualidad.
Los años de plomo los encontró jóvenes y casados mudándose al sur, de donde él era oriundo, para eludir las persecuciones a los peronistas.
Allí, donde tuvieron a sus dos hijos, hoy mayores, comenzó una alianza muy fuerte en el matrimonio Kirchner, no sólo en el estudio jurídico que ambos compartieron en Santa Cruz y desde donde comenzaron a amasar una considerable fortuna a partir de negocios inmobiliarios, sino porque además se convirtieron en formidables socios políticos.
El fue intendente y gobernador de Santa Cruz y ella diputada provincial, luego nacional y también senadora nacional. Finalmente él llegó a la presidencia primero y ella después. Queda claro que sostuvieron mutuamente sus carreras políticas pero también que la pasión por el metié era ampliamente compartida, de lo contrario ni lo uno ni lo otro se hubiera podido sostener en el tiempo.
La oportunidad para el matrimonio de alcanzar la cúspide llegaría de la mano de Eduardo Duhalde, que apostó por Kirchner para derrotar a Carlos Menem en la disputa por continuar la recuperación justicialista del país tras la estrepitosa caída del gobierno de la Alianza.
La muerte muy joven de Néstor Kirchner, apenas con 60 años, dejó a la presidenta no sólo sin su compañero en términos sentimentales sino además sin su principal sostén político. Armador nato, economista empírico (ya que de profesión era abogado) pero muy inteligente en materia de números y además un político con una cintura poco habitual.
Por eso para la presidenta su ausencia la ha privado no sólo de su marido, con todas las implicancias emocionales que eso conlleva, sino del dirigente de mayor confianza que tuvo y tendrá en su carrera. Y no es casual que desde la desaparición de Néstor Kirchner los conflictos económicos y políticos se tornaron mucho más complejos, aún cuando ella logró una clara reelección tras su fallecimiento. Y quizá, en un sincericidio absoluto, podemos inferir que el luto ayudó indirectamente a que tuviera más apoyo que nunca en los pasados comicios presidenciales. Aun cuando quizá para la mandataria hubiese sido más importante un Néstor vivo que unos puntos más en las elecciones.
















