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Papelones, vergüenza y nada de coherencia de nuestra dirigencia

14 de diciembre de 2017 a las 12:00 a. m.

Desde las aciagas jornadas de 2001 hasta ahora, pocas veces se vivió un escándalo de tanta proporción como el del martes en la Cámara de Diputados. Gritos, chicanas, insultos, empujones, acusaciones y algún que otro zamarreo. Una total falta de formas y de coherencia.

La primera incoherencia fue haber permitido que grupos de jubilados y gremios ingresaran a la reunión de los legisladores, con lo cual se aseguraron que el debate resulte imposible por el griterío permanente y además también sellaron a suerte de la discusión porque habiendo “hinchada” los discursos terminan siendo todos para la tribuna, el tema de fondo no se puede desmenuzar y en cambio se cruzan acusaciones de todo tipo. Es la casa de los representantes legítimamente elegidos, por lo que las voces estaban representadas, valga la redundancia. No se trataba de una audiencia pública y no es coacción a las libertades impedir el ingreso a quienes nada tienen que hacer en el lugar. Es demagogia pura, querer ser “más papistas que el Papa”, propiciar una apertura indiscriminada a un espacio de deliberaciones del cual debe salir un dictamen.

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Vamos a dar un ejemplo para quienes no tuvieron el “placer” de ver el frondoso papelón por televisión. En medio del griterío y las amenazas de puñetes a los legisladores, Nicolás Massot, jefe del bloque de PRO, echó más leña al fuego. “¡Prendieron fuego la casa y hoy se quejan del olor a humo!”, dijo, mientras los kirchneristas lo insultaban a boca de jarro. “Tengan huevos para debatir”, retomó a los gritos, y remató: “¿Ustedes piden por la guita? ¡Vamos a pedir la guita, vamos a pedirla a Marcos Paz y a Ezeiza! ¡Soy el primero en ir con ustedes!”. El santafecino Alberto Ciampini cruzó la sala como una tromba para gritarle desde un metro de distancia. Massot se paró de un salto y se le puso cara a cara. Los tuvieron que separar.

El cierre estuvo a la altura de la reunión. El kirchnerista Rodolfo Tailhade retomó la pelea con Massot. “Si querés vamos juntos a Marcos Paz. Yo voy a las celdas de los prisioneros políticos de este gobierno y vos a las de los amigos de tu familia que están encerrados por haber matado a 30.000 compañeros”.  

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Nadie se hacía cargo de lo que se estaba tratando, ni el peronismo que es parte del problema que hoy tenemos con las cajas de jubilaciones, ni los macristas de haber elegido el camino más fácil para el ajuste. El ámbito en que debían plantearse explicaciones, quejas y alternativas se transformó en una lucha callejera.

La comunicación hoy en día nos permite ver y escuchar de primera mano sucesos como estos, sin que haya intermediarios que eventualmente puedan mostrar sesgadamente la situación. Por eso podemos concluir que todos protagonizaron un papelón histórico.

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Y también pudimos ver los que fueron a transformar la reunión en un escándalo: había jubilados de centros de distintos puntos del Conurbano y dirigentes de sindicatos de la CTA de Hugo Yasky, hoy diputado del kirchnerismo, y de la Corriente Federal, de Sergio Palazzo. Sindicalistas de Apops (Anses), liderado por el exmoyanista Leonardo Fabre, casi se agarran a trompadas con personal de seguridad de la Cámara que les impedía el paso y el diputado Agustín Rossi puso el cuerpo en varias oportunidades para evitar puñetes entre sectores o el ataque violento a algún legislador. Igual a los ministros de Trabajo, Jorge Tria-cca, y de Economía, Nicolás Dujovne, los insultaron de arriba abajo y hasta les cantaron lo que a los miembros de la dictadura: “Como a los nazis les va a pasar, adonde vayan los iremos a buscar”. ¿Para eso los votamos? ¿Dónde quedó aquello de refutar con argumentos y proponer alternativas?

Esta es la dirigencia que tenemos, a la que se suma la responsabilidad de las autoridades del edificio parlamentario, que no debieron permitir ni estos ingresos con pancartas, ni prestarse a un circo en el que no se debatió seriamente la cuestión . Al fin, todo lo objetable de la norma siguió allí, el debate se fue por otro lado y el oficialismo, con el apoyo de un sector del peronismo, logró aprobar el dictamen de la mayoría sobre la reforma previsional. Ya que aprovechando el griterío hicieron circular el dictamen para que el oficialismo y aliados lo firmaran. La oposición, lejos de asumir que es artífice también de este presente, ejerció un paupérrimo rol. Porque era el momento de plantear con datos y cifras que el Ejecutivo se encamina hacia una reforma que es tan necesaria como perfectible. Si realmente, como gran parte de la sociedad, la oposición cree que es una medida nociva, el martes era el momento de socavar los argumentos oficialistas, ponerlos de cara al efecto que presumiblemente tendrá la medida y presentar una alternativa. Hubiese sido más serio y más provechoso para todos que cada sector explicara por qué sí y por qué no se debe aprobar esta ley que toca los fondos de los jubilados.

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La reforma previsional -que ya cuenta con media sanción del Senado- consiguió la firma de 40 de los 80 integrantes de comisión. De ellos, cuatro pertenecen al interbloque Argentina Federal, que responde a los gobernadores del PJ. En efecto, suscribieron el dictamen los diputados José Orellana, Jorge Franco, Paulo Cassinerio y Martín Llaryora y Juan Mosqueda, que responden a los gobernadores Juan Manzur (Tucumán), Hugo Pa-ssalaqua (Misiones), Juan Schiaretti (Córdoba) y Domingo Peppo (Chaco). También firmó el proyecto la diputada Norma Abdala de Matarazzo, fiel al gobernador de Santiago del Estero, Gerardo Zamora.

En cambio, rechazaron el dictamen los kirchneristas del bloque Frente para la Victoria-PJ, el Frente Renovador y el bloque que lidera Martín Lousteau, Evolución.

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El final es abierto porque con este panorama el macrismo necesita todavía unos diecisiete votos para lograr la aprobación, dicen que si hoy los consiguen llaman a sesión inmediatamente, porque cuando el “poroteo” (voto a voto) es tan justo, no se puede esperar.

El eje de la polémica es el cambio de fórmula de movilidad que alcanza a más de 17 millones de personas, entre jubilados, pensionados, pensiones no contributivas, beneficiarios de asignaciones familiares y beneficio por hijo. El nuevo cálculo les hará perder en el año a los pasivos cerca de mil pesos.

Conspira contra la idea del oficialismo de conseguir los votos faltantes la noticia aparecida ayer mismo de que subió el déficit financiero en 135.521 millones de pesos, lo que les quitó fondos a inversiones e incrementó partidas para gastos corrientes. Hete aquí otra incoherencia: la de plantar la urgencia de ajustar sobre los jubilados y que, en simultáneo, se escurran estos dineros. 

La verdad es que, desde donde miremos, lo que ha sucedido nos demuestra que no hemos madurado nada, que nuestra clase dirigente sigue siendo irresponsable frente a la realidad, que sentados en sus cómodos sillones con abultadas ganancias a costa de la teta del Estado, abstraídos de la realidad de quienes pelean para llegar a fin de mes y cobrar o pagar, a duras penas, los salarios. Ni siquiera están a la altura de un debate.  ¡Qué vamos a pedirle responsabilidad a nuestra dirigencia si no tienen empatía con el jubilado que padece un sueldo miserable, ni con el empresario que transpira para pagar salarios e impuestos, ni con el trabajador que está en la economía informal! 

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Lo hemos dicho más de una vez, si no nos volvemos una sociedad más exigente, esta es la dirigencia que nos tocará y ese el destino que nos espera.

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