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Papa Francisco: “No licuemos la fe”

09 de febrero de 2014 a las 12:00 a. m.

El Santo Padre exhorta a que la fe sea un elemento constitutivo esencial en la vida de los hombres y no un mero adorno. Asegura que de ese modo se dará el necesario equilibrio para el bienestar.

 

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El contexto de la frase

Esta frase fue pronunciada por el Papa Francisco el 25 de julio de 2013, durante el Encuentro Mundial de Jóvenes realizado en Río de Janeiro. La frase completa dice así: “¡La  fe es entera, no licuemos la fe, porque es la fe en Jesús, es la fe en el hijo de Dios hecho hombre que me amó y murió por mí!”

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La fe

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Hay muchas formas de definir esta realidad de lo humano. El apóstol San Pablo habla de una cierta convicción actual de las realidades que se esperan. Otra definición habla de “creencia en una verdad no demostrada”.

De una u otra forma la fe es aquello que aflora naturalmente en el corazón humano que lo lleva a tener confianza en un conjunto de elementos que no aparecen visibles o verificables al modo de las ciencias.

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Los componentes de toda fe

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Toda religión tiene tres componentes sustanciales, a saber: a) un dogma, donde están expresadas las verdades sustanciales que componen una determinada religión  o concepción de la vida; b) un culto, donde se expresan los agradecimientos que el hombre hace a Dios, su creador; c) un código moral, donde queda establecido el concepto sobre lo bueno y lo malo lo permitido y lo no permitido.

Las consecuencias de toda fe

Habitualmente  la fe  permite descubrirse como persona creada por Dios, sentirse amado por El, sabiendo que su protección y bendición nos acompañan en cada momento; y que toda nuestra vida está dirigida al encuentro definitivo con El.

 

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Fe y esperanza 

El puerto de llegada de la fe, habitualmente es la esperanza, porque al no tener materializado aquello en lo que se cree,  se ingresa en un clima de espera, desprovisto de toda ansiedad.

 

¿En qué creen los que no tienen fe?

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Es frecuente que quien carece de una fe que lo traslade al plano sobrenatural, sienta el deseo de creer. Sin embargo dicho acto de fe suele demorarse, haciéndose presentes la sensación de abandono y vacío interior; las que suelen desembocar en la desesperación y la angustia.

 

Fe y confianza

Cuando el objeto sobre el que versa la creencia no es algo religioso, entonces es factible hablar de confianza. Por ejemplo, si uno abre un producto enlatado para alimentarse, tiene confianza en que el mismo cumple las normas bacteriológicas, y que, por tanto no ha de afectar a la salud. Del mismo modo tenemos confianza en tal o cual persona  al expresarle una confidencia. La confianza es la versión laica de la fe religiosa.

 

Fe y vida

Ahora bien, el sentido último de la fe  es que la misma pueda expresarse en nuestro estilo de vida.  “Porque se creen tales cosas, se vive la vida de tal modo”. Esto trae consecuencias muy importantes para la organización social, por cuanto las personas buscarán volcar en la convivencia comunitaria los valores superiores de la fe.

Suele ocurrir que tales valores no lleguen a expresarse en la vida de las personas, en cuyo caso se suele hablar del “divorcio entre fe y vida”. Esto ocurre cuando las personas piensan una cosa, dicen otra, y finalmente hacen otra. 

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“Licuar”

Este verbo significa hacer más líquido algo, es decir menos sólido, quitarle solidez, quitarle fuerza y potencia. Y cuanto más se licue algo, menos concentración y eficacia se tendrá.

 

Licuar la fe

El Papa llama vehementemente a “no licuar la fe”,  lo que significaría vaciarla de contenido. Sobre todo, impidiendo que la fe pueda trasladarse a la vida. Si la fe no se manifiesta en la vida de las personas, resulta una fe vacía, como una pólvora húmeda o una campana que no suena. ¡Licuar la fe es mutilarla!

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Conclusión

El Papa nos exhorta a potenciar la fe a través de los actos de nuestra vida, a través del testimonio y la generosidad para con los demás. Esto significa expresar la fe y sus consecuencias ante todo en el seno de la familia, en el lugar de trabajo y en todos  los lugares donde despleguemos nuestra acción. Si no estamos ahora en este camino, aceptemos el desafío de iniciarlo. El mismo Señor nos exhorta, a tener fe y confianza: “ánimo, Yo he vencido al mundo” y  también nos asegura “Yo estaré con ustedes hasta el final de los tiempos”. Así sea.

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