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Papa Francisco: “Hagan lío”

26 de enero de 2014 a las 12:00 a. m.

 

Al poco tiempo de asumir, el Papa Francisco, lejos del lenguaje coloquial, en medio de una asamblea, exhortó a la movilización eclesial pidiéndole que “hagan lío”, un lío que pronto daría muchos y buenos frutos.

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El contexto de la frase

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Esta frase fue pronunciada el 24 de julio de 2013, por el Santo Padre durante un encuentro con los argentinos que estaban participando del Encuentro Mundial de Jóvenes de Río de Janeiro, Brasil. En esa reunión también estaban presentes varios obispos argentinos, a los cuales con una sonrisa el Papa les dijo “perdonen es lo que les digo”. Es que el Papa estaba hablándoles a sus connacionales, y muchos de los que estuvieron en este encuentro eran sus antiguos feligreses de la arquidiócesis de Buenos Aires. Pudo hablarles en un lenguaje familiar como quien trata un tema delicado con alguien de su confianza.

 

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Lío papal 

Siempre la palabra “lío” ha significado algo desagradable, algo así como algún problema que hay que solucionar, algún conflicto. Con cierto humor, el diccionario de la Real Academia Española, lo asimila a la palabra “embrollo”.

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Sin embargo ahora, por el modo en que lo ha dicho el Santo Padre, parecería que se ha transformado en algo bueno y positivo. Veremos a continuación las implicancias de esto que bien podría denominarse “lío pontificio” o “lío papal”.

 

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El lío de evangelizar

Casi toda la prédica del Papa Francisco está hecha en clave de evangelización. Es por ello que creemos que su exhortación a hacer lío está llamada a abandonar la comodidad y lanzarse decididamente a los demás para hablarles de Cristo. A los sacerdotes les ha pedido que salten el corral del despacho parroquial para encontrase con la gente, especialmente con los más pobres y alejados. A los laicos les ha pedido que asuman su sacerdocio bautismal. A unos y a otros los ha llamado a renovar la iglesia, y ha quedado a la espera de los resultados que tengamos para ofrecerle, sobre todo pensando en que la frase “hagan lío” contiene al verbo conjugado en  modo imperativo, es decir, se trata de una orden y espera ver los cambios.

 

El lío de misionar

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Siempre se ha dicho que la fe de la Iglesia no ha de permanecer pertrechada en las sacristías sino que está llamada a ser proclamada en las calles, en los barrios, en las aulas, en los lugares de trabajo, y allí donde se encuentren los cristianos. Ningún lugar donde estén las personas queda exenta de ese llamado. Se trata de no dejar ningún espacio libre. Es sabido que el mandato evangelizador de Jesús que exhorta a llevar la palabra de Dios “ hasta los confines de la Tierra” ha sido cumplido solo en un treinta por ciento, lo que significa que el setenta por ciento del mundo no conoce aún a Jesucristo. Y los que lo conocen, aún  están llamados a tener un camino cada vez más ascensional, es decir dando pasos progresivos en la vida de la fe, de modo que no exista divorcio entre la fe y la vida de las personas.

 

El lío del testimonio

Ahora bien una buena parte de la proclamación de la fe consiste en dar testimonio de la obra de Dios en la propia vida. Y es allí donde uno debe comunicar “el lío” que Dios le ha provocado, y los cambios que se han generado en sus actividades diarias a causa de la fe. Y todo testimonio siempre tiene un gran poder de persuasión, porque queda planteada la disyuntiva: “si el otro pudo lograrlo por qué yo no”.

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Predicar a Jesucristo

En última instancia la Iglesia predica a Jesucristo y exhorta a que el estilo de vida que el Dios hecho hombre desarrolló al compartir con nosotros un tramo de la historia humana, sea imitado en sus obras de servicio, solidaridad, prescindencia de bienes materiales, oración, perdón, obediencia, pobreza, todos los cuales constituyen los valores del Reino de Dios. Es decir que hay que predicar el Reino de Dios, “y todo lo demás se nos dará por añadidura”.

 

El lío de combatir el mal

Ahora bien, anunciar el bien, a veces trae aparejado combatir el mal. Y allí se hace necesario el coraje cristiano. Se trata de perder el miedo, y cuando ello se logra muchas cosas cambian en la vida de las personas. San Pablo recuerda que hay que combatir el mal, sin llegar a pecar, es decir: “Hay que vencer al mal a fuerza de bien”. Esto a veces significa un camino más largo, pero es el que nos aconseja el Señor.

 

El ciento por uno

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La recompensa del Señor a toda obra realizada en su nombre es del “ciento por uno”. Y así comprobaremos que lo que podamos hacer por los demás, a través de la evangelización,  el Señor nos lo retornará, trocado y agrandado cien veces más, lo cual haciendo un paralelo con la frase del Papa, también podría significar un gran lío en nuestras vidas. Así sea.

 

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