Padre Marciano: medio siglo sirviendo a la Diócesis

El muy apreciado Marciano Alba cumplirá el jueves próximo 50 años de su llegada a Pergamino. Se relata a continuación, en breves trazos, la historia pastoral de este sacerdote llegado de España que trabajó durante un par de décadas en nuestra ciudad.
DE LA REDACCION. El padre Marciano Alba nació el 5 de junio de 1934 en la Torre de Esteban Hambran, localidad cercana a Toledo y a Madrid, en el seno de una familia muy creyente. Cursó la escuela primaria y luego comenzó a trabajar en la actividad que agrupaba a su familia: la panadería.
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La vocación
Al joven Marciano le llamaba mucho la atención las actividades de la Iglesia con motivo del mes de las misiones, octubre, y comenzó a forjarse en su corazón el deseo de que todos los hombres llegaran a conocer con intensidad a Jesús y a la Virgen. España vivía las consecuencias de la Guerra Civil. Marciano combinaba la tarea en la panadería con el trabajo en una viña que había comprado su padre. Parecería que el contacto con la naturaleza fue un elemento más que lo acercó a Dios. También influyó el contacto con los seminaristas de su pueblo. Finalmente Marciano se decidió y a los 18 años ingresó al seminario, cursó Humanidades, luego los tres años de Filosofía, y finalmente los cuatro años de Teología.
La ordenación sacerdotal
La gracia de la ordenación llegó el 23 de septiembre de 1962. Al día siguiente, con gran algarabía de su numerosa familia, celebró la primera misa en su pueblo natal.
El misionero
El Papa Juan XXIII había realizado un llamado en el contexto de la Encíclica Donum Fidei al Episcopado español en el sentido de que pudieran destinarse 1.500 sacerdotes para América Latina. Esto fue lo que faltaba para que el neosacerdote padre Marciano tomase la decisión que rondaba en su corazón: ser misionero en América.
La Ocsha
El Episcopado español, atendiendo al llamado del Papa, había constituido la Organización para la Cooperación Sacerdotal Hispano Americano (Ocsha) y en las filas de este organismo se alistó Marciano, quien junto a otros siete sacerdotes fueron enviados a la Diócesis de San Nicolás.
El viaje en barco
El padre Marciano llegó a Buenos Aires el 28 de enero. Desde allí, él y otros sacerdotes viajaron en micro a San Nicolás donde fueron recibidos por el canciller, padre Roberto Mancuso, y el Párroco de Nuestra Señora de Luján, padre Jorge Breazú. En ese momento gobernaba la diócesis monseñor Francisco Juan Vénnera.
Fundador de San Vicente
El visionario padre Ildefonso Amondarain había diseñado en distintos puntos de la ciudad diversos centros misionales con talleres parroquiales donde se enseñaba corte y confección, costura, dibujo y pintura, y otras formas de instrucción popular. Sobre esa mínima organización comenzaron a actuar los dos misioneros, residiendo allí mismo. Al poco tiempo fue erigida allí la Parroquia San Vicente de Paul, donde el padre Marciano permaneció 21 años. A su iniciativa obedece la creación de cinco centros misionales: San José, Santa Rita, San Cayetano, Nuestra Señora de la Paz, San Francisco de Asís y Santa Inés.
La misión en Colón
Luego de tantos años de servicio en Pergamino, al padre Marciano le llegó la hora de su traslado a la vecina ciudad de Colón por disposición del quinto obispo de San Nicolás, Domingo Castagna.
En esta ciudad se había desempeñado durante muchos años el padre Essio Bianchi, quien se encontraba en avanzada edad y con dificultades de salud.
La ciudad de Colón necesitaba agregar varias capillas en los barrios que habían crecido mucho en los últimos tiempos a raíz del traslado de la gente desde el campo a las ciudades. Nuevamente el misionero se puso en acción y comenzó a edificar simultáneamente el templo material y el templo espiritual de las comunidades. De este modo fueron surgiendo como agua de manantial las capillas San Cayetano, San José, Virgen de Luján, San Pantaleón y Cristo Rey. Al llegar el nuevo párroco estaba levantada la capilla Virgen del Rosario y el padre Marciano la amplió.
Misión en San Nicolás
Al llegar el sexto obispo de San Nicolás, Mario Maulión auscultó al clero inquiriendo acerca de quién podría ser designado su colaborador inmediato (vicario general). La mayoría de las miradas se inclinaron hacia el padre Marciano, quien fue llamado por el obispo para trasladarse a San Nicolás. Allí desarrolló una importante tarea dado el conocimiento que tenía de la Diócesis. Se ocupó además de la edición ininterrumpida del Boletín Eclesiástico Diocesano y promovió la Escuela de Formación para Laicos, de la que surgieron varios diáconos permanentes.
En la Iglesia Catedral
Luego del retiro del padre Gastón Romanello de la Parroquia de la Merced de Pergamino fue destinado a la misma quien se desempeñaba como párroco de la Catedral, el padre Juan Domingo Pisoni, quedando de este modo vacante la iglesia matriz de la Diócesis, desafío que fue asumido por el padre Marciano ante el pedido del obispo, conservando su responsabilidad como vicario general.
Cumplidos los 80 años, y ante la presencia de algunas dificultades de salud, el padre Marciano decidió dejar la conducción pastoral de la iglesia catedral, lo que ocurrió el 17 de enero pasado con la toma de posesión del nuevo párroco, padre Adrián Galligani.
Celebración en Pergamino
En el día exacto de su cincuentenario, es decir este jueves, el padre Marciano celebrará en la Parroquia de la Merced a las 20:00 la Santa Misa de acción de gracias y luego habrá una cena y brindis a la canasta en el salón parroquial.















