Pablo Citro, de su Pergamino natal a ser el kinesiólogo de los embajadores
El profesional de 51 años, radicado desde hace más de 20 años en la ciudad de Buenos Aires, forma parte del equipo de profesionales que asiste a los representantes de los distintos países del mundo. En la siguiente nota, LA OPINION cuenta sobre los inicios de este pergaminense que se destaca por su labor en el Hospital Alemán.

Pablo Horacio Citro es un pergaminense que, desde hace muchos años desarrolla su carrera profesional en la ciudad de Buenos Aires, convirtiéndose en el kinesiólogo de algunos embajadores, proyecto del que forma parte hace 15 años gracias a la convocatoria que tuvo de parte de un grupo de profesionales del Hospital Alemán, el lugar que lo acobijó para que pueda desarrollar su vida profesional.
Una casona ubicada en la intersección de calles Florida y Rivadavia fue el lugar en que se crió Pablo que, por estos días, cuenta con 51 años. Sus estudios los cursó en el Colegio Normal y en el Comercial nocturno, horario que escogió para poder tener tiempo de entrenamiento ya que gustaba de practicar deportes.
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Deportista desde chico
Amante de los deportes, siendo pequeño se dedicó a jugar al básquetbol en el Club Gimnasia y Esgrima de nuestra ciudad. Además realizó el curso que le permitió ser profesor de tenis, "me recibí en Buenos Aires, aprendí con el tenista Alejo Russell". Con el título debajo del brazo, Pablo comenzó a dictar clases en el Club Banco Provincia y en otras entidades deportivas de Pergamino y la zona.
Dedicado al pádel, al terminar la secundaria, "firmé un contrato con un chileno y me fui a vivir dos años de Tierra del Fuego representando a Argentina en el pádel". La figura de Daniel Posteraro surge del relato ya que fue quien le otorgó a Pablo las paletas y los elementos necesarios para practicar el deporte.
Sortear obstáculos
Dejando de lado el entrenamiento y la enseñanza deportiva para perseguir un sueño, Pablo se fue a vivir a Rosario donde cursó tres años de la carrera de kinesiología en un instituto que resultó apócrifo, por lo que nada de lo que había realizado tenía validez.
Recuerda ese momento como uno de los peores en su vida, "para mí fue un bajón lo que pasó por suerte tuve siempre el respaldo y acompañamiento de mis padres, Antonio Citro y Erminda Ciardonei, que me arengaron a seguir y así fue que me mudé a Córdoba donde después de cinco años recibí el título de licenciado en kinesiología y fisioterapia para después completarlo con la especialidad de deportólogo de alto rendimiento".
Su segundo hogar, el Hospital Alemán
Con un curriculum, Pablo decidió instalarse en ciudad de Buenos Aaires donde reconoce que, al principio, "no me conocía nadie y tuve que golpear muchas puertas".
El Hospital Alemán fue uno de los primeros sanatorios que lo recibió. Recuerda que, acompañado de sus padres, llegaron hasta dicha institución "golpeamos la puerta en el área de kinesiología, dimos justo con la jefa del servicio, la doctora Gagliardi. En ese momento yo no tenía ningún antecedente laboral ni experiencia salvo un título de la Universidad Nacional de Córdoba que me avalaba".
Días después de haberse presentado, Pablo comendo a desempeñarse en el Hospital Alemán. Párrafo aparte merecen la doctora Susana Gagliardi y el doctor Carlos Tártara y la comunidad judía que fueron quienes le abrieron las puertas del sanatorio donde comenzó su carrera profesional. "Al mes me tomaron, empecé a trabajar en el Alemán donde actualmente continúo mi labor", indicó Pablo y agradeció a los profesionales y a la comunidad judía que confiaron en él.
Con los embajadores
Desempeñando su tarea en el Alemán, Pablo fue incluido en un proyecto, iniciado desde el sanatorio, llamado "cuerpo diplomático y embajadas" que desde hace 15 años se desarrolla y cuenta con un equipo de profesionales que atienden a todos los embajadores y cuerpo diplomático de Buenos Aires. "Formo parte del equipo de profesionales de esta propuesta a través de la que se atienden a los embajadores por ejemplo, de Rusia, la India, Uruguay, Tailandia, Haití, Arabia, Colombia, Brasil, Canadá, brindamos nuestro servicio a todas las embajadas. Para mí es un privilegio desarrollar esta labor, ser el kinesiólogo de los embajadores, poniendo en práctica mi profesión pero también teniendo una muy buena conducta, hay que ser muy prolijo en todo", contó Pablo.
Relatando una anécdota, Pablo recordó el día que recibió un llamado de la secretaria del embajador de Qatar. "A las 8:00 recibo un llamado de la secretaria del embajador que me cuenta sobre una mala praxis que había sufrido el embajador por lo que requería urgente una asistencia porque el embajador tenía que estar en una reunión en presidencia a las 11:00. Suspendí todos los tunos para poder estar a las 9:00, cuando llegué a lo del embajador, abrí mi bolso y no tenía los elementos que utilizo, me los había olvidado en la camioneta, sufrí mucho estrés en cuestiones de segundo pero pude resolverlo y todo salió muy bien", sostuvo.
Más proyectos y labores
En 2019 Pablo se recibió de deportologo de alto rendimiento y comenzó a integrar un equipo con los médicos directores de la AFA.
También desarrolló su propia marca de elementos de fisioterapia y practica la medicina alternativa.
"Estuve en las inferiores del club Vélez, me ofrecieron ser kinesiólogo del plantel femenino de fútbol de la AFA, entre otras propuestas pero siempre decido quedarme en el ámbito privado donde comencé y me desarrollé. Sigo trabajando en el Hospital Alemán. Hago asistencia en internación, domicilios particulares, lograr la confianza en la persona que me viene a buscar es impagable", enfatiza Citro.
De perfil bajo, Pablo atiende en la actualidad a muchas personas reconocidas en distintos ámbitos.
Por estos días "estamos con un proyecto online de Instituto Internacional de Federación Deportiva, junto a Mirkos Laserna que tiene que ver con el profesorado de tenis", contó.
Su vida personal
A la par de su vida profesional, Pablo decidió construir su familia con Claudia Giacobone (de profesión citologa) a quien define como "mi muleta". "Ella apostó mucho a mi proyecto, dejó su trabajo en la Clínica Pergamino para viajar conmigo a Buenos Aires. Fue ella la que me apuntaló en mi carrera, es mi secretaria actualmente y me ayudó a no equivocarme".
Con 22 años de relación, Pablo y Claudia son padres de Sofía, de 18 años, Valentina de 16 y Juana de 13.
-Cuando enumera todo lo que hace y lo que logró en su vida ¿Qué siente?
-Empecé muy de abajo y mi lema es no olvidarme nunca de dónde vengo, jamás alejarme de mi familia. Mi mensaje para los jóvenes es que sean perseverantes, que se esfuercen y sean constantes, que tarde o temprano, la recompensa llega.















