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Oyarbide ¿renuncia o destitución?

09 de abril de 2016 a las 12:00 a. m.

El juez federal Norberto Oyarbide presentó ayer su renuncia, con 75 años y habiéndose podido jubilar a los 62. La noticia no tendría por qué generar un  escándalo, sin embargo, las extravagancias del magistrado y la acumulación de 46 denuncias por presunto mal desempeño en su carrera, 16 que aún están activas, han dividido a la sociedad civil y política por la manera en que pretende ponerle fin a su carrera.

Desde el punto de vista judicial, y merced a los reclamos de transparencia que reclama la sociedad en esta nueva etapa que estamos viviendo, no deja de ser una buena noticia que un magistrado tan cuestionado se aleje del cargo. Pero en esta Argentina tan conflictiva que vivimos nada es tan sencillo como a simple vista parece.  

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Las divisiones por la salida de Oyarbide de la escena han calado hondo también en el partido del Gobierno, Cambiemos, donde hay posturas divergentes. Elisa Carrió opina que no se le debe aceptar la renuncia y en cambio enviarlo al juicio político que le haría el Consejo de la Magistratura, también sostiene que operadores de Mauricio Macri (presumiblemente en referencia a Daniel Angelici) le advirtieron al juez que sería mejor que renunciara porque, a diferencia de lo que sucedió en el menemismo y en el kirchnerismo, etapas en la que eludió los juicios políticos, esta vez habría condena y sería echado del cargo. Claramente Carrió ve en esta renuncia otra vía evasiva del rigor de un jury y pretende que se llegue hasta el final con las asignaturas judiciales pendientes del magistrado. Pero otro sector del macrismo considera que los jueces se alejan porque son separados del cargo o por renuncia, lo que evita el proceso en marcha, por lo que la dimisión debe ser aceptada y fin de la historia.

Ahora el presidente tiene la renuncia frente a su escritorio y debe tomar una decisión que tiene que ver con un gesto de transparencia, más que en los efectos concretos que tendrá, ya que Oyarbide aportó para su retiro durante sus 40 años de Justicia (21 como juez federal) y la jubilación le alcanzará de igual modo, se acepte su renuncia o sea destituido. La diferencia es claramente moral y un desafío para Macri.

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Si bien en la sociedad del Siglo XXI las situaciones no se ponen a consideración en una plaza pública y mucho menos a través de un diario, nos preguntamos junto con el lector: ¿qué se debiera hacer en este caso? ¿Aceptar la renuncia y seguir adelante sin Oyarbide en la Justicia federal o que antes de dejar el fuero cumpla con los procesos iniciados en su contra aunque estos puedan esconder intencionalidad política? 

Para poder tomar una posición es importante contar con información. Hagamos un repaso de su trayectoria. Norberto Oyarbide fue nombrado como juez federal por Carlos Menem el 20 de abril de 1994 y se mantuvo en el cargo hasta ahora, cuando decide presentar su renuncia. Acorralado por el Concejo de la Magistratura prefiere retirarse por su cuenta antes de someterse a un juicio político que podía desembocar en su destitución.

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Su paso como juez federal estuvo siempre signado por los escándalos y las decisiones carentes de transparencia. Sus fallos fueron, por lo menos, polémicos, como ejemplos, la Sala Segunda de la Cámara Federal achacó al magistrado irregularidades en la causa por presunto lavado de dinero en el financiamiento de la campaña 2011 del Frente para la Victoria.

Entre las denuncias que tramitan en el Consejo se lo acusa de haber frenado en diciembre pasado una serie de allanamiento una financiera investigada por lavado de dinero, luego de recibir un llamado de Carlos Liuzzi, el segundo de Carlos Zannini en la Secretaría Legal y Técnica de la Presidencia de la Nación.
Otro expediente abierto contra Oyarbide es por la compra de un lujoso anillo que no podría adquirir por su valor y en la que el Consejo ya le pidió explicaciones por el artículo 20 de su reglamento, la última instancia antes de decidir si lo envían a juicio político. Siempre se lo ha visto ostentando un lujo que se pudo permitir a partir de convertirse en juez federal su anillo de 250.000 dólares, es un ejemplo.

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También tiene denuncias abiertas por su actuación en la causa contra los hermanos Sergio y Pablo Schoklender por los fondos de las Madres de Plaza de Mayo en el caso del plan de viviendas que terminó en una mega estafa y por el expediente de presunto lavado de dinero en pases de jugadores de fútbol.

Pero sus actuaciones más polémicas son las que se vinculan con las causas de Menem y del matrimonio Kirchner. El es uno de los tristemente célebres jueces de la servilleta de Carlos Corach y de haber protegido a Yabrán. A Menem le dio una mano importante con el asunto de su cuenta en Suiza y al matrimonio Kirchner lo sobreseyó en tiempo récord, sin mayores pesquisas, en denuncias por enriquecimiento ilícito. Se le pidió juicio político por esta causa, debido a que prácticamente no actuó para dilucidar el origen del incremento del 158 por ciento que había mostrado la declaración jurada de bienes de la presidenta Fernández y su esposo Néstor Kirchner.

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También se le inició juicio político por negarse a colaborar con la investigación del juez Claudio Bonadio sobre la obra social de los camioneros. Fue denunciado por subirse alcoholizado al escenario con el cantante cordobés Carlos “la Mona” Jiménez, por su rol en la causa en la mafia de los medicamentos, por el sobreseimiento de Amado Boudou en la denuncia por refacciones en el Senado, por cajonear dos causas por irregularidades de fondos cuando Amado Boudou era titular de la Anses y por el canje de bonos de la deuda en 2010, cuando se realizaron supuestas maniobras fraudulentas con el canje de títulos.

Oyarbide ya afrontó un juicio político por el affaire del cabaret “Spartacus”, durante el menemismo, en el que fue acusado de encubrir a la Policía Federal de prácticas delictivas y del que fue absuelto por el Senado -todavía no funcionaba el Consejo- estratégicamente el 11 de septiembre de 2001, el día del atentado a las Torres Gemelas en Estados Unidos. Años después se supo que se esperó alguna ocasión para que la atención pública (que seguía muy de cerca el caso) estuviera centrada en otro lado. Lo acontecido en Nueva York resultó la mejor cortina de humo; un caso distrajo el otro y la verdad es que, entre gallos y medianoches, se absolvió al magistrado culpable. Es de advertir que el problema, en este caso, no fue que el juez concurriera a un prostíbulo masculino, lo cual en sí mismo es reproblable porque es un establecimiento ilegal, sino que protegiera a estos y otros locales de similares características impidiendo que la Policía los clausurase. Y fue acusado de proteger una red de trata a cambio de 15.000 dólares mensuales y servicios sexuales.  El modus operandi de Oyarbide consistía en hacer avanzar causas de corrupción para luego archivarlas a cambio de favores políticos. También fue muchas veces cuestionado por sus presuntas alianzas con proxenetas, policías, políticos y espías para amasar dinero, contactos y poder.

Esto es lo que está sobre el escritorio de Mauricio Macri a la hora de decidir si aceptar la renuncia o negársela y que se haga el juicio político, lo que en general no se ha utilizado en la Argentina, siempre bastó con la dimisión. Algo así como en procura de males menores con un borrón y cuenta nueva pero ahora corren otros vientos y veremos qué decisión tomará el presidente.

 

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Usted lector, ¿qué haría en los zapatos del presidente?

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