Otra vez Pergamino con un fuerte pico de inseguridad
Pergamino atraviesa por un pico de inseguridad que está a la vista, basta recorrer el Diario en las últimas semanas para darse cuenta que, si bien el delito está siempre presente en las calles, hay momentos en que la situación se pone más difícil. Teniendo en cuenta además, como siempre aclaramos, que no todos los hechos son denunciados y que incluso de los denunciados no todos son puestos a disposición de la prensa para su difusión. Así y todo, la escalada delictiva es notoria.
En poco tiempo tuvimos robos de características de salidera bancaria, en dos casos, con uso de armas de fuego y víctimas heridas. Todos los episodios preocupan, pero cuando suceden en la zona de bancos, la más custodiada (por efectivos públicos y privados) y a plena luz del día, queda en evidencia que en el resto de la ciudad estamos a la buena de Dios, porque sabido es que los mayores esfuerzos y es lógico- se vuelcan a estos sectores donde hay mayor tránsito de ciudadanos y mayor y evidente movimiento de bienes. Pero así y todo, pasan estas cosas.
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Un pico de inseguridad, que puede equiparse a una crisis, debe ser un punto de inflexión, de análisis y, de ser necesario, barajar y dar de nuevo. ¿A qué se debe? ¿Hay algún factor exógeno? ¿En qué falla lo que se está haciendo? ¿Cambió el mapa y la modalidad del delito? ¿Lo que venimos haciendo ya es obsoleto? Son preguntas que funcionarios policiales y de Seguridad municipal debieran estar haciéndose. No cabe la posibilidad de esperar que pase el momento sino que hay que hacer una lectura de lo que sucede. No solo por lo que se podría estar haciendo mal sino porque aquello que alguna vez fue efectivo, hoy puede no serlo.
Suele decirse en el ámbito policial que cuando se dan estos picos es porque algunos sujetos de mala vida que permanecían presos recuperaron su libertad. No podemos saber si es el caso, pero sí debieran saberlo las autoridades y, de ser así, interesarse al menos (porque no es de su competencia) con lo que sucede en la Justicia. También es un hecho que puede haber incidido el que en Pergamino ha cambiado la cúpula policial, lo que puede haber implicado un reordenamiento de la fuerza, según la manera de trabajo que plantee el nuevo jefe; puede pero no debiera suceder un bache de este tipo en materia de seguridad.
La modalidad más recurrente en estos días, además del arrebato callejero violento que nunca falta, es la entradera en el hogar, ya no el escruche en ausencia de los moradores. Esto habla de una osadía temible por parte de los delincuentes, de una desinhibición por el uso de drogas o de la certeza (por algún acuerdo espurio) de que no serán atrapados. Las ha habido en los campos, en distintos barrios, a plena luz del día, con movimiento en la calle y con los dueños dentro de la vivienda, con lo cual se han generado hechos de violencia además del robo. Incluso en ausencia de los moradores, el denominador común sigue siendo la osadía de la modalidad y la violencia, ya que además de robar han destruido muebles y espacios de las casas.
Estas entraderas son los hechos que más tienen aterrorizados a la sociedad. En torno al fenómeno, las estadísticas sobre delitos contra la propiedad en Capital Federal y la provincia de Buenos Aires revelan que anualmente se registran unos 14 mil episodios, a un promedio de 38 por día. De modo que es una escabrosa moda que atraviesa a muchas localidades. El dato surge de una estimación que realizan en el Ministerio de Seguridad provincial, donde afirman que el 21 por ciento de los robos con armas son, efectivamente, bajo la modalidad de las entraderas.
En Pergamino deberíamos tener ya estrategias planteadas para que esta moda no llegue para quedarse, porque en la medida que no se actúe con mano firme ante estos hechos, es claro que la sensación de impunidad no hará más que hacer escalar este delito.
El problema es que la inseguridad es una de las mayores preocupaciones ciudadanas y, sin dudas, es una de las prioridades dentro de las gestiones de los distintos gobiernos, pero lejos de mejorar, la percepción de inseguridad sigue en aumento en la ciudadanía. Y esto sucede en Pergamino y en toda la provincia, por eso el 59 por ciento de los ciudadanos tenemos miedo. Y no es para menos porque los robos aumentaron de 68.204 a 70.347; es decir que hay seis víctimas de robos por hora. Los robos con armas crecieron de 47.897 a 50.288. Esto representa un promedio de 6 robos a mano armada por hora.
Esta estadística tomada en todos los distritos incluye a Pergamino como al resto del interior y el Conurbano. Sin embargo en nuestra ciudad, un distrito muy mediano del interior de la provincia, estos picos de inseguridad debieran poder evitarse. La proximidad de las autoridades y las fuerzas de seguridad, su trabajo mancomunado, incluso el aporte de recursos económicos y tecnológicos son aspectos diferenciales de Pergamino respecto del resto de las ciudades pero que está mostrando serias fallas. Incluso tenemos a favor, por llamarlo de algún modo, que la mayoría de los sujetos de que delinquen son de aquí, los policías los conocen y hasta pueden vincularlos con los hechos según la modalidad. El tema es que hay cierto hartazgo en esto de detenerlos y que al poco tiempo estén libres nuevamente. Esta cuestión judicial, que hemos tratado en otros comentarios en esta página, también tiene mucho que ver con el mapa de la inseguridad local.
Decíamos que en Pergamino hay mucho vínculo, mucho apoyo, mucha inversión entre todos los actores que hacen a la prevención de la inseguridad, concretamente Municipio y Ministerio de Seguridad de la Provincia, más que en otros distritos, pero lo cierto es que en el último tiempo no se están viendo los resultados. Hoy estamos ante un llamado de atención para detenerse, ver y replantear. Por ejemplo, si las estrategias que se eligen de parte de las fuerzas del orden son las acertadas, si las cámaras callejeras funcionan y son bien atendidas y si se patrulla como corresponde.
Es notorio que a nuestro lector digital, con el que interactuamos a través de la Fan Page de Facebook de LA OPINION, lo que más le llamó la atención de los hechos de vandalismo en las obras aún sin inaugurar de calle Florida frente a la Municipalidad, fue que no se pudiera capturar a los vándalos en pleno hecho mediante su visualización a través de las cámaras de seguridad. Porque si algo pueden evitar las cámaras es justamente un hecho de este tipo, desactivándolo in situ, por ser en vía pública y generalmente en grupo, lo que debiera llamar la atención inmediata del operador tras la pantalla. ¿Cómo es el asunto: no hay cámaras allí, están pero no andan o no hay nadie del otro lado de la pantalla? Si lo hay, debiera ser sumariado de inmediato porque el daño causado no se hizo en dos segundos ni adentro de una vivienda como para que no se percatara. Entonces, volviendo a lo mucho que colabora económicamente el Municipio, ¿para qué, si no sirve ni para evitar que unos pibes hagan destrozos en la cara misma del intendente?
La verdad es que esta muestra de impunidad, en un tema que no es tan grave como una entradera a una vivienda con las víctimas adentro, sirve para dar dimensión de que nos estarían cuidando poco y mal. De lo contrario ya deberíamos saber quién hizo los destrozos e incluso haber sido frenados esa misma noche. Insistimos, al igual que con los robos en zonas de bancos: si esto sucede en la puerta del Municipio, qué pueden esperar los vecinos de cualquier barrio cuando ingresan a robarle.
A la inseguridad la sentimos siempre pero en momentos en que hay oleadas de delitos el temor crece hasta calarnos los huesos. Y si bien no somos expertos en la materia, creemos que debemos modificar el abordaje que hacemos al delito. La buena voluntad, el interés y la preocupación se advierte y se materializa por parte de las autoridades municipales y la Policía, pero si siempre hacemos lo mismo y la inseguridad en vez de bajar crece, no podemos esperar resultados distintos siguiendo en la misma línea de trabajo. Porque por otra parte el delito va mutando, los delincuentes toman el tiempo y las modalidades recrudecen a medida que la droga perfora las bandas de ladrones.
La realidad es que como el delito con una modalidad u otra va siempre en escalada, con picos como el que atravesamos en estos días, esperamos ver reacciones concretas, tanto en las fuerzas de seguridad como en la misma Municipalidad (la pata judicial del asunto es gravitante pero merece como ya lo hemos hecho- un editorial aparte, por su gravedad). Las crisis deben servir para algo, alguna lectura hay que hacer de la escalada delictiva y reformular la estrategia para poder mostrar a la sociedad, alguna vez, un descenso de la inseguridad y no siempre una suba.















