Omar Pacini se va “orgulloso” por lo realizado y “frustrado” por lo que no pudo hacer, pero remarca que “tan mal no nos ha ido”

A pocos días de terminar su mandato, el intendente hizo un balance de sus dos años de gestión y resaltó que el resultado no es despreciable. Reconoció que tuvo momentos de zozobra pero que siempre pudo salir adelante. Aseguró que deja el Municipio ordenado en cuanto a las finanzas y le deseó lo mejor a su sucesor, Javier Martínez.
DE LA REDACCION. Omar Pacini termina su mandato de dos años como intendente y a la par culmina una era de 16 años signada por la figura de Héctor Cachi Gutiérrez, ganador de cuatro elecciones consecutivas en Pergamino, que le dieron la posibilidad de asumir en igual cantidad de mandatos.
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En 2013, al promediar su cuarto período como intendente, el líder radical fue elegido diputado nacional y para ocupar su banca tuvo que renunciar a la Intendencia. Fue entonces cuando llegó el turno de Pacini para encabezar los últimos dos años de gestión, que culminarán a mediados de esta semana, cuando entregue el mando a Javier Martínez, elegido el pasado 25 de octubre.
El intendente saliente habló con LA OPINION sobre lo que fueron sus dos años de gestión. Hizo una evaluación positiva de su mandato y de sus palabras se desprende un fuerte componente de autocrítica.
Ingresé a este cargo con las sensaciones bastante encontradas, con una responsabilidad muy grande y con un desconocimiento marcado de la gestión a pesar de haber estado en varios interinatos a cargo del Ejecutivo, reconozco que los primeros meses fueron muy difíciles, hasta que las cosas se fueron acomodando, admitió un Pacini todavía compenetrado con la gestión porque no voy a declinar mis responsabilidades hasta el momento en que asuma el nuevo intendente.
-¿Cómo considera que fue su gestión?
-Salteando los hechos entre aquel comienzo y este final veo que el resultado no es despreciable y eso es lo que recibo de la gente. Sé que suena algo poco presuntuoso pero realmente siento que es así. Dos años es un tiempo largo quizás para hacer cosas pero tal vez sea corto para el mandato de un intendente. Sin embargo creo que el resultado es favorable.
-¿Quedaron cosas por hacer?
-Voy a hace mía una frase de Raúl Alfonsín que fue muy criticada y que pronunció cuando se fue, la frase dice que hay cosas que no supe, hay cosas que no quise y hay cosas que no pude, y eso es una realidad, porque uno no puede hacer todo, pero tuve la suerte de armar, sobre todo en esta última etapa, un formidable equipo de trabajo, con secretarios y directores que me han ayudado y respaldado en la conducción política y ejecutiva del Partido de Pergamino.
-¿Deja un Municipio ordenado?
-Hay falencias y cosas para corregir pero puedo decir con orgullo que dejamos un Municipio ordenado y con el dinero en caja para abonar los sueldos y el medio aguinaldo de diciembre. Lo más importante es que le vamos a dejar a Javier Martínez la vara bien alta, para que tenga la obligación y esto no lo digo con ánimo de presionarlo- de mantener esta relación que hemos construido con los vecinos del Partido de Pergamino. El hecho de tener un presidente, una gobernadora y un intendente del mismo signo político, hecho que no ocurría para Pergamino desde 1983 con Alfonsín, Armendáriz y Young, espero que sirva y mucho.
-Cuando asumió tenía dos caminos: o le daba continuidad a un estilo que venía desde hacía 14 años al mando de Cachi Gutiérrez, o le imprimía su sello personal, su impronta. Usted eligió la segunda de las opciones pero después tuvo que dar algunos golpes de timón. ¿Se arrepiente de algo?
-Creo que se hizo una diferenciación política que no tenía nada que ver ni con lo que pensaba yo ni con lo que pensaba Cachi Gutiérrez. Lo de pacinismo y gutierrismo fue una forma de hacer una diferenciación que en realidad no tenía razón de ser. No me parece que haya sido una definición exacta de lo que ocurría. Yo traté de ponerle a la gestión una característica instalada en mi vida y en mi actividad profesional y empresaria, y que en términos generales me dio buenos resultados. Llegado el punto sufrimos algunas consecuencias propias de algunas personas que no entendieron cuál era el proceso que había que seguir y en un momento determinado, cuando se produce el anuncio de que yo no quería ser candidato, se produjeron divisiones internas que me obligaron a dar algunos golpes de timón muy fuertes y en muy poco tiempo. Pero los resultados fueron muy buenos, porque instalamos a tres funcionarios que nos permitieron decir con cierto orgullo que habíamos encontrado lo mejor que nos podía pasar. Hicimos reacomodamientos en el área rural, en la Secretaría de Salud y en la Jefatura de Gabinete que nos permitieron llegar a estos últimos meses de la gestión con suma tranquilidad. José Apesteguía y Carlos Marchesotti le dieron un impulso bárbaro al sector rural y es una pena que se vayan ahora. El doctor Guillermo Castro fue un hallazgo para comandar la Secretaría de Salud y Gustavo Bitar me ha brindado un apoyo fantástico desde la jefatura de Gabinete, sobre todo porque es un gran conocedor del tema y porque nos une una relación de amistad.
-¿Se sintió más cómodo con este último equipo que con el que empezó?
-No me sentí mal con los primeros funcionarios, pero se fueron dando circunstancias que obligaron a hacer cambios. De todos modos los resultados no creo que hayan variado demasiado. Pero remarco que con este equipo que me voy me siento muy cómodo y el agradecimiento es para todos. Cuando digo todos es también para los que estuvieron antes. Lo que pasa es que ocurre lo mismo que en un partido de fútbol, cuando uno recuerda lo que pasó en los últimos diez minutos y no el global del juego.
-¿Hay alguna cuestión que replantearía si tuviera la oportunidad?
-Creo que no hay demasiadas cosas en las que hemos fallado. Quizás estructuralmente habría que haber armado un gabinete más reducido. De todos modos no me arrepiento de haber incorporado, por ejemplo, a Carlos Elizalde, un funcionario que me dio un resultado formidable. Es un tipo acometedor, laburante, con muchas inquietudes a diario, algunas excepcionales y otras descartables, pero permanentemente trayendo ideas. Es una persona discutida en el ámbito de la ciudad pero a mí me ha dado muy buenos resultados.
-¿Qué pensaba usted del rol que debía tener un intendente y qué de eso pudo cumplir?
-Lo primero que pensaba era que sería muy difícil encarar desde adentro todo lo que pensaba desde afuera. Cuando participás de una reunión cualquiera, en un club, con amigos, o en una cena, te dicen lo que hay que hacer y todos tienen la solución hasta para el problema más ínfimo. Es entonces cuando uno los invita a ser parte de la función pública y el 99,99 por ciento dice que no. Eso marca la diferencia. En definitiva creo que un intendente lo que debe tener es un buen equipo, que cada una de las áreas cumpla con su rol y en caso de que así no fuera, hacer una decantación.
Lo peor que le puede pasar a un intendente, a un presidente o a un gobernador es creer que es el dueño del poder. En eso he sido muy claro con la gente, con mis colaboradores y conmigo mismo. Eso es muy difícil de lograr porque el poder tiene efectos de seducción y de adicción. A la persona que llega al poder es muy difícil sacarla.
-Pero ese no fue su caso, ya que ni siquiera buscó presentarse para renovar
-Sigo hablando con gente de alto nivel en la política de la provincia de Buenos Aires, y lo digo con preocupación, que me mira como un rara avis por no haber aceptado cargos que me han ofrecido. A mí me parece que el poder es manejar algo y distribuir responsabilidades para lograr beneficios para la gente pero no más que eso.
Además te da ciertos privilegios que, en mi caso, hasta llegaban a molestarme, como el hecho de ir a una oficina pública y que me atiendan rápido o ir a comer a un lugar y que no te quieran cobrar.
-Cuando se habla de orden en una transición generalmente se orienta la idea hacia lo económico pero hay otras cuestiones que tienen que ver con una administración ordenada. ¿Qué Municipio le deja a Martínez en cuestiones como planta de personal, recursos humanos, maquinaria, infraestructura, etcétera?
-En líneas generales dejamos un Municipio ordenado. Dejamos un plantel que tal vez pueda tener algún excedente y eso lo tendrá que determinar el próximo intendente, como lo hice yo cuando asumí y decidí prescindir de cierta gente.
Es ineludible la necesidad de modernizar el Estado para no quedar atrás y eso será fundamental para los próximos tiempos, por eso me da la impresión de que Mauricio Macri ha armado un equipo más técnico que político y eso quizás le ayude. En Pergamino veo que hay una decisión de armar algunos niveles de conducción superior que apuntan a lo mismo.
-¿Cómo viene desarrollándose la transición con Javier Martínez?
-Muy bien. Nos estamos reu-niendo para que cuando tenga que asumir posea una idea lo más acabada posible del Municipio que va a encontrar. Además las personas que él eligió para que lo secunden también se reúnen con los secretarios actuales y hay que tener en cuenta que algunos de éstos seguirán en el cargo, de manera que allí no hay ningún tipo de problemas.
-¿Si se retrotrae seis meses, pensaba que Macri podía ser presidente, Vidal gobernadora y Martínez intendente?
-Macri sí, porque era una posibilidad concreta. Lo de Vidal era impensado, no por ella sino porque me resultaba muy fuerte el Frente para la Victoria en la provincia de Buenos Aires y sobre todo en el Conurbano. Se dieron circunstancias muy especiales que no sé si hoy, barajando y dando de nuevo, se darían otra vez. Porque lo cierto es que al peronismo le falló la cintura a la hora de elegir su candidato.
En cuanto a Martínez, sinceramente no pensaba hace seis meses que podía llegar a ser intendente. De lo que sí estaba seguro era que yo no iba a ser candidato y después apareció la postulación de Cachi. En ese sentido mi pronóstico era que Cachi iba a ganar con comodidad, pero ese pronóstico no resultó acertado.
-¿Por qué el votante pergaminense se inclinó por sacar de la cancha a un líder como Cachi Gutiérrez?
-No es un fenómeno sólo de Pergamino porque hay muchos casos de personalidades que han intentado volver a presentarse y no han obtenido el apoyo de la gente. Además el radicalismo esta vez no estuvo provisto de la mística que nos caracterizó siempre. No digo la de 1983 pero al menos de la de hace cuatro años. Además, no sé si hubo una subestimación hacia el rival porque no me animo a asegurarlo, pero es cierto que se veía a las Paso como un trámite y fue un error.
-Y ahora ¿cómo lo ve a Martínez?
-Me parece que tiene una idea muy clara de lo que él quiere, con características personales muy firmes y habrá que ver qué impronta le pone a la gestión. En mi opinión si no te basás en un equipo al que le das las herramientas necesarias para que tome determinaciones, no va a ser sencillo manejar el Municipio.
Veo que Javier Martínez tiene una personalidad muy definida en cuanto a la toma de decisiones y, repito, hay que verlo trabajar para abrir un juicio de valor.
Por lo pronto ha tomado decisiones muy sabias, interesantes y reflexivas con respecto al armado de su equipo en algunos ámbitos, aunque en otros puedo tener algún tipo de reservas. Ojalá que las circunstancias posteriores desmientan estas apreciaciones.
-¿A qué área se refiere?
-No vale la pena citarla porque me parecería irrespetuoso de mi parte, pero me veo en la obligación de señalarlo.
-Hasta dónde será más sencilla la gestión de Martínez al estar alineado políticamente con el gobierno nacional y con el provincial?
-El intendente tiene que mantener lo que está, mejorar lo que se pueda, no olvidarse de los barrios periféricos y de los pueblos porque el crecimiento demográfico de Pergamino nos impone ese tipo de obligaciones.
Martínez tendrá que establecer un correlato para conseguir los resultados favorables en ese sentido. No nos olvidemos que va a haber ministros de la Nación y de la Provincia que están muy identificados con la gente a la que Martínez representa. Si él tiene que hablar con un ministro seguro que lo va a poder hacer de manera mucho más sencilla de lo que hoy me cuesta a mí. La gente que va a estar alrededor de Macri es muy conocida de los dirigentes del PRO de Pergamino, de modo que llegar será más sencillo.
-¿Qué será de su futuro en la actividad pública o en la política?
-Yo pensaba, como decía Borocotó (padre), irme a mi pueblo a ver caer el sol de emboquillada, pero parece que no va a ser así. Me une una amistad con Daniel Salvador (vicegobernador electo) y me han pedido algún tipo de colaboración a nivel provincial y si lo que me ofrecen está a mi alcance lo voy a acepar y lo voy a cumplir con la misma sinceridad con la que me manejé durante estos dos años.
No me voy a olvidar para nada lo que significan Pergamino y su gente porque me han dado la satisfacción de estar dos años en el gobierno, salir bastante airoso de la responsabilidad y sentirme orgulloso de todas las cosas que he ganado en este tiempo y también sentirme frustrado por lo que no pude hacer. En el fondo, y espero que no suene presuntuoso, creo que tan mal no nos ha ido.
-¿Cumplió un sueño al ser intendente, algo por lo que muchos trabajaron por años y no han podido llegar?
-No era mi sueño ser intendente pero las circunstancias me trajeron hasta acá. Me tocó, pude haber dado un paso al costado pero asumí la responsabilidad que heredaba y hoy, a pesar de haber pasado por muchas vicisitudes, no deja de ser una gran satisfacción.
-¿Cómo le gustaría que lo recuerde la historia de Pergamino?
-Como un hombre que se ha equivocado prolijamente casi a diario, que me recuerden como un tipo que trató de hacer las cosas bien y que me reconozcan la total y absoluta honestidad y alejado de la enfermedad que causa el poder. No sueño ni con el nombre de una calle ni de un paseo, simplemente con el reconocimiento de la gente y por haber establecido vínculos con mucha gente que jamás hubiese soñado. Y que después del 10 de diciembre pueda caminar por las calles de la ciudad, de los 12 pueblos o de los 10 parajes del Partido, con la misma tranquilidad con la que lo hice antes y con la que lo hago ahora.
Un dirigente de poca política pero de mucha acción y honestidad
A Omar Pacini se lo puede catalogar como un político no tradicional. No porque no tenga tradición política sino porque hace y se muestra como pocos en este ambiente inundado de personas y personajes que, arropados bajo el manto de la política, hacen de ella un culto a la trenza para captar puestos y poder sin que el interés general por mejorar las condiciones de vida de una sociedad sea el objetivo primordial. A pesar de que digan lo contrario.
Deja de ser intendente un hombre al que se le puede criticar justamente esa faceta: la de no hacer política. Pero ¿es criticable que un dirigente llegue el poder y se dedique a gobernar en vez de preocuparse por ver cómo hará para quedarse en el cargo?
Omar Pacini dio lo mejor de sí en este corto período al frente del Municipio y descartó, cuando tenía chances, ser candidato para la renovación.
Se va un hombre cabal, honesto y frontal, que aceptó el reto de suceder a un caudillo al que se animó a enfrentar en el mejor de los sentidos, cuando tuvo que aplicar su impronta a la gestión.
A pesar de sus errores, debilidades e impotencias a cuestas, se va dejando un camino allanado para las próximas generaciones de dirigentes, signado por la honestidad y la contracción al trabajo.
Dio lo mejor de su ser, aceptó la crítica, admitió sus límites cuando un problema lo superó y tuvo la firmeza necesaria cuando el momento lo ameritó.
Omar Pacini, el bicho raro de la política de estos tiempos, cumplió con su deber, que le llegó casi por casualidad, y se retira con el mayor logro que pueda tener un personaje público: el reconocimiento de la gente.




















