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Nuestra democracia fortalecida

24 de diciembre de 2020 a las 12:00 a. m.

Los anticuerpos forman parte del sistema inmune y, básicamente, sirven para eliminar el peligro de ciertas sustancias que pueden causar daños en el organismo. Al cumplirse este mes 35 años de la sentencia del histórico Juicio a las Juntas Militares, 37 de la asunción de Raúl Alfonsín y 72 años de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, vale la pena reflexionar sobre la importancia de fortalecer la confianza de la ciudadanía en el sistema democrático.

Desde el regreso de la democracia con Raúl Alfonsín en 1983, la Argentina ha logrado superar diversas tensiones, como la hiperinflación, los levantamientos carapintada y la crisis de 2001, por citar solo algunos de las pruebas a la que estuvo sometido el régimen democrático. Cada uno de los acontecimientos extremos que se vivieron en el país han servido, de alguna manera, para aportar más y mejores anticuerpos que sirvieron y sirven para proteger de nuevas amenazas al sistema elegido por la mayoría de los argentinos. De esa manera, nadie pone en duda hoy la necesidad de promover el pluralismo de ideas, respetar el principio de mayoría y de asegurar la transparencia de los procesos electorales. No es casual, entonces, que a pesar de los momentos críticos que atravesó la democracia en estos 37 intensos años, el orden constitucional no haya sido alterado.

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Nadie se imaginaba aquel 9 de diciembre de 1985 cuando se dictaron las condenas a cinco de los nueve integrantes de las tres juntas militares de la última dictadura, y máximos responsables del terrorismo de Estado que había sufrido la Argentina, que aquella frágil e incipiente democracia llegaría casi cuatro décadas después mostrando una sociedad civil fortalecida y movilizada, con suficientes anticuerpos para ayudar a resolver las tensiones dentro del régimen constitucional.

La continuidad democrática no es, entonces, fruto del azar. Es la suma de voluntades que dijeron nunca más al terrorismo de Estado y que aceptaron el enorme desafío de construir una sociedad más justa. De esa manera fue posible que la Argentina dejara atrás los golpes de Estado y que inaugurara un nuevo camino basado en la sucesión pacífica del poder.

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El Juicio a las Juntas permitió también tomar conciencia del horror de la dictadura cívico militar y poner a los derechos humanos en un lugar central de la agenda pública, aunque respecto a estos derechos debe señalarse que la lucha por su reconocimiento sigue hoy tan vigente como aquellos días. No está de más recordar el contexto internacional en el que se originaron y señalar que luego de los crímenes cometidos por el fascismo y el nazismo durante la Segunda Guerra Mundial, el concierto de las naciones consideró necesario poner en marcha una instancia supranacional que asumiera la misión de observar que los Estados garantizaran a sus ciudadanos una serie de derechos mínimos. Fue así que, más tarde, surgiría la Organización de las Naciones Unidas (ONU) donde, en 1948, se llegó a un acuerdo que se plasmó en la Declaración Universal de Derechos Humanos, un documento histórico que proclama los derechos inalienables que corresponden a toda persona como ser humano, independientemente de su etnia, color de piel, religión, sexo, idioma, opinión política o de otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición.

Los derechos humanos son universales, es decir que son inherentes a la condición humana. Dicho de otra manera, todas las personas son sus titulares y no pueden argumentarse, para justificar la violación de estos derechos, diferencias de regímenes políticos, sociales o culturales, ni de características individuales relacionados con el origen étnico, el sexo, el color de piel, el idioma, la religión que se profesa, la posición económica, opinión política o de cualquier otra índole.

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Distintos sondeos de opinión pública revelan que la defensa de los derechos humanos y el apoyo al sistema democrático tienen altos niveles de aceptación entre los argentinos. Cuando en agosto pasado tomaron estado público manifestaciones del expresidente de la Nación Eduardo Duhalde, referidas a un posible golpe de Estado, desde distintos sectores se expresaron repudios a esa posibilidad. Algo similar ocurrió cuando un grupo de jefes militares retirados presentó la autodenominada “Mesa de Encuentro Libertador General San Martín” con el objetivo de participar en el debate público y político sobre la defensa y la seguridad nacional. En ambos casos se confirmó que continúa firme el respaldo de la sociedad al régimen democrático. Aunque, claro, nunca estará de más seguir fortaleciendo las instituciones y el sistema inmunitario de la ciudadanía.

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