No se ponen los pantalones largos y hay una silla vacía en el debate
La Argentina no tiene una tradición en debates presidenciales, como sí es un uso, prácticamente una obligación, en otros países. Es una suerte de discapacidad política que hemos desarrollado desde la primera elección de la democracia recuperada; desde que Alfonsín no debatió con Luder, todos los candidatos han seguido en esa tesitura.
El primer intento serio de concretar un encuentro lo hizo Bernardo Neus-tadt para que debatieran en Tiempo Nuevo (que en esa época compartía el envío con Mariano Grondona) para que Carlos Menem se enfrentara con su contrincante de 1989, el radical Eduardo Angeloz. Como al primero le estaban dando bien los números, no quiso arriesgar y dejó aquella famosa silla vacía. Pero ganó en las elecciones igual, de modo que se creó el mito de que ir o no a un debate no es sinónimo de pérdida o derrota, en cambio ir a un debate y que le vaya mal es perjudicial.
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Tampoco hubo debate entre Eduardo Duhalde y Fernando de la Rúa y, como en todos los casos anteriores, debimos conformarnos con lo que cada uno decía por su lado.
Este año surgió una nueva propuesta, para la cual hay seis atriles preparados en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires para este domingo, a las 21:00. Pero por segunda vez, una silla quedará vacía. Daniel Scioli, no asistirá, y no por casualidad es también a quien mejor le dan los números en las encuestas. Evidentemente no quiere arriesgar, aunque ello implique una incongruencia con su discurso acerca del diálogo. En función de que su postura siempre ha sido más abierta a la prensa, la primera conjetura generalizada es que la presidenta fue la que le ordenó no asistir.
Los organizadores del debate confirmaron la presencia de Mauricio Macri, el candidato de Cambiemos, cuya asistencia había generado incertidumbre tras la negativa del postulante del Frente para la Victoria. Los candidatos Sergio Massa (UNA), Margarita Stolbizer (Progresistas), Nicolás del Caño (Frente de Izquierda y de los Trabajadores), y Adolfo Rodríguez Saá (Compromiso Federal) también estarán el domingo.
Lo que se dio en llamar Argentina Debate está en marcha pero la televisación, que es un detalle fundamental, todavía no está definida. La Asociación de Telerradiodifusoras Argentinas, que depende de la Secretaría de Medios, y esta de la Presidencia, se bajó de su compromiso con la organización tras la negativa sciolista. La decisión sería acatada por Telefe, Canal 9 y la Televisión Pública. El Trece no estaría dispuesto a participar y América es una incógnita. Pero son suficientes canales y además se transmitirá en vivo por las redes sociales en tiempo real en algunas páginas Web de medios periodísticos, como La Nación, Clarín, Perfil, El Cronista e Infobae, además de la página www.argentinadebate.org.
A su vez, Argentina Debate abrirá una señal que podrán tomar los canales de televisión que así lo deseen. El encuentro de candidatos también se difundirá en emisoras de radio.
Si bien es muy interesante este ejercicio que escuchar en simultáneo a los candidatos y sus propuestas, la realidad es que en la sociedad en general, no concita expectativa. Tal es el descreimiento en la dirigencia que poco se espera de un evento de este tipo, mucho menos ante la ausencia del candidato con altas posibilidades de llegar a la Presidencia. Y es por ello, que El Trece y TN no se han mostrado dispuestos a transmitir el debate del domingo, lo consideran poco atractivo. En América, la postura es similar y el debate no entraría en la programación del domingo por la noche.
Es una lástima que no hayan logrado ponerse los pantalones largos en el Frente para la Victoria e inaugurar una nueva etapa en las elecciones presidenciales, a ellos que les gusta tanto sumar nuevos derechos, debieran permitir a los ciudadanos que tengamos el derecho a ver un debate antes de emitir el voto.
Y estamos tan acostumbrados a nuestros propios vicios políticos que hasta sin querer escuchamos y repetimos la frase: Si va ganando, para qué va a debatir, como si se tratase de una picardía aceptable y lógica de un candidato. Cuando en realidad, quien pretenda ser presidente tiene que comenzar por animarse a enfrentarse a cualquier contendiente.
Hubiese sido enriquecedor, además, porque en la televisión no se trata sólo de lo que se dice sino que también permite analizar los gestos, la actitud, todo es evaluado por el espectador para creerle o no a un candidato. Y en este caso, con una silla vacía, el debate pierde buena parte del interés.












