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No era el momento ni la oportunidad

01 de noviembre de 2016 a las 12:00 a. m.

Mientras la mayoría de los gremios piden la reapertura de paritarias y otros claman por un bono de fin de año, para paliar una inflación que superó los pronósticos y un ajuste que obliga a grandes sacrificios a los sectores medios, los legisladores nacionales se descolgaron con un 47 por ciento de aumento en sus dietas.

No es el fondo del asunto detenerse en cuánto ganan por su función, ya que hay muchos aspectos que hacen a la conformación de su salario: responsabilidad, lucro cesante en sus actividades, exposición, desarraigo. Hasta podemos poner sobre la mesa que si el sueldo es demasiado bajo se estaría alejando de la posibilidad de ser legislador a las clases más bajas, que si dejan sus trabajos para asumir no tendrían cómo sostener a sus familias. En teoría, una remuneración escueta podría llevar a estos funcionarios a completar sus ingresos por otras vías non sanctas. 

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Por eso no vamos a detenernos en los miles de pesos que cobran sino en las formas, el contexto,  la oportunidad, para autoaumentarse de cara a una sociedad a la que se le niega esa posibilidad. Bajo los mismos argumentos que esgrimen los gremios en su pedido, ellos sancionaron sus nuevas dietas. Esto es igual a decir “ustedes padecen el ajuste pero nosotros no”.

Para no perder el tiempo, ya este mes cobraron con el aumento, lo que equivale a, en promedio, 85 mil pesos de bolsillo por legislador. Pero y aquí comienza el juego de las trampitas legislativas: también tuvieron aumentos en el cobro por desarraigo, que es una suma que reciben los diputados y senadores del interior una vez que pasan los 200 kilómetros de distancia desde su localidad hasta la sede del Parlamento y en los pasajes aéreos y terrestres en caso de necesitarlos. En los hechos, los muchos legisladores que no utilizan estos pasajes porque no los necesitan, los canjean por efectivo, lo que termina por constituir un sobresueldo. 

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El desarraigo, vamos a aclarar sube automáticamente con la dieta (así se le llama al sueldo de los legisladores), pasó de 13 mil a 18 mil pesos. Los valores de los pasajes terrestres pasaron de 297 a 500 y los aéreos de 690 a 1.500 pesos. Así, la totalidad de lo que cobraban por mes pasó de 18.500 a 40.000 pesos.

No es del todo justa esta retribución encubierta ya que no es lo mismo estar a poco más de 200 kilómetros que a 1.000. Pero en definitiva, como esta suerte de viáticos se cuentan en hotel, vuelos de avión y combustible, cada uno hace lo que le parece con estos beneficios, incluso cambiarlos por dinero en efectivo.

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La decisión se tomó en ambas cámaras, presididas por Gabriela Michetti en el caso del Senado y Emilio Monzó en Diputados y a nadie le pareció inconveniente.

En marzo ya habían recibido un aumento del 31 por ciento, que también lo percibieron los empleados legislativos. De modo que es claro que los legisladores sí tuvieron dos paritarias este año, entendidas como los dos aumentos que se dieron y se cobraron, sin que nadie se despeinara por el ajuste que sufre el resto y sin pudor porque al resto de los trabajadores se les niega una reapertura de negociaciones salariales. 

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En definitiva, los senadores y diputados cobraron un promedio de 85.000 pesos de bolsillo, pero con los ingresos no remunerativos rondan los 141.000 pesos. Si tomamos como salario promedio unos 8.000 pesos, los legisladores cobran 18 veces más.

Pero insistimos, no se trata de cuánto gana cada legislador, porque en este plano las dietas son relativas, y están previstas para que el que resulte electo parlamentario pueda sustentarse dignamente, tenga o no fondos propios. Porque así lo establece el sistema democrático, para que cualquier ciudadano con independencia de su condición pueda resultar electo diputado o senador. 

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El problema en este caso es la oportunidad de autootorgarse un aumento tan importante cuando el resto de la sociedad padece el ajuste, la inflación y los aumentos de tarifas. En este sentido los legisladores aparecen divorciados de la problemática que atraviesan los argentinos. 

Y la realidad es que los legisladores que “dicen” que no están de acuerdo con el incremento, para que el costo político lo pague el macrismo que preside ambas cámaras, y que obviamente tiene responsabilidad en la decisión.

Si no están de acuerdo, no deberían haber apretado el botón por el Sí y, si aun habiéndolo hecho, la moción resultó aprobada, quienes “dicen” no estar de acuerdo debieran donar el aumento públicamente a una entidad hospitalaria o de ayuda social y quedarían, al menos, tranquilos con su conciencia. Sin embargo nunca vemos estas actitudes, en cambio, los escuchamos golpearse el pecho por el incremento de la pobreza, cuando no hacen el mínimo esfuerzo para combatirla. 

Según el Frente para la Victoria no sabían que se recibiría el incremento (¿no estaban en el recinto?), los partidos de izquierda afirman que no lo aceptarán o lo donarán, y otros sectores no opinaron sobre la medida porque en definitiva sucederá lo de siempre, se espera que en unos días “baje la espuma” y cuando el tema salga de la tapa de los diarios, todos lo cobran y aquí no ha pasado nada.

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Al margen de la falta de oportunidad en que se dieron este fuerte incremento, tolerar además la hipocresía de quienes se hacen los distraídos o los que están supuestamente en desacuerdo con la medida, no contribuye a blanquear la situación. 

Este aumento no solo irá a los bolsillos de los legisladores, sino a la financiación de la política con la utilización de pasajes, combustible y otros beneficios, lo que lleva la cifra por encima de los 140.000 pesos mensuales. Por encima incluso de los ministros y muy cerca del salario bruto mensual del presidente que en agosto fue exactamente de 173.473,15 pesos. Es sencillo advertir que los grados de responsabilidad no son los mismos entre un cargo ejecutivo y uno legislativo, sin embargo las remuneraciones se equiparan, lo cual no sigue una lógica. Por otra parte, no hubo doble paritaria para los miembros del Poder Ejecutivo, que solo ajustaron sus haberes en marzo, como el resto de los argentinos. 

No era el momento, no era la oportunidad, ni cae bien una decisión de estas características en medio de una crisis. Ahora que los parlamentarios lo cuenten como quieran, pero esta es la realidad tal como se percibe desde los que estamos a pie.

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