No aprendimos nada
Y un día volvió el agua con toda su furia, e inundó las calles, las viviendas y mostró su poder rebalsando el Arroyo, y la ciudad tembló, como en aquella terrible jornada de 1995.
Esta vez, como aquella, ya no se anegaron solo los barrios donde tristemente siempre llega el agua, y eso despierta en la comunidad fuertes sentimientos, de toda índole, los mejores y los peores; el interés por el otro, que en nuestro pueblo con visos de ciudad está ausente en la diaria, y la bronca, por sobre todas las cosas. Esta última llega acompañada de preguntas, reclamos, quejas, contra todos.
Las mas leidas de Opinión
Frigoríficos exportadores temen una catástrofe con los precios de la carne

Inteligencia Artificial: el reto que enfrenta la humanidad
Paradoja de la política: quieren los votos para solucionar y luego no se animan (por temor a perder los votos)
Los medicamentos “de moda” y el uso responsable de los fármacos
La contaminación por el uso indiscriminado e irresponsable del plástico
En un fenómeno natural hay muchas circunstancias imponderables, pero otras tantas que se pueden evitar o al menos amortiguar. Además, hay nuevos paradigmas que asumir como condición previa a estar en condiciones, como ciudad, de afrontar estas catástrofes cada vez más frecuentes.
Desde la prevención hasta las tareas de rescate y ayuda a las familias afectadas es cuestión de trabajo previo, inversión, obras y organización. De inmediato pensará el lector que nos referimos al Estado, pero en realidad las responsabilidades son muy compartidas, aunque en distinto grado.
Hay una irresponsabilidad primaria, en la línea de tiempo de los hechos, de parte de los vecinos; mientras sigamos tomando la calle y sus desagües como propiedad de otros, tirando en cualquier lado y a cualquier hora todo tipo de objetos y desechos del hogar, no habrá obra de infraestructura ni servicio municipal que nos salve de los anegamientos. Sorprende ver lo que la gente puede arrojar aun a sabiendas que está colaborando a tapar una cañería, con total desaprensión y con la errónea convicción de que los impuestos que se pagan deben retornar en tareas de limpieza de este tenor. La irresponsabilidad doméstica es un factor evitable y no endosable a las autoridades. Es tan sencillo como que los mismos cuidados que tenemos con nuestra casa, puertas adentro, los tenemos que tener en nuestra casa de puertas afuera, es decir, las calles.
Al Estado, claramente, les cabe las mayores responsabilidades, sobre lo actuado en esta nueva contingencia que nos tocó vivir, y sobre lo mucho que hay pendiente de hacer.
Las obras por las que incansablemente batalla la Cosopper todavía no han llegado y es probable que cuando lleguen sean insuficientes. Es algo que debemos asumir: la problemática es dinámica y no se soluciona con una infraestructura puntual: además de las faltantes, hay obras mal hechas (o que dieron respuesta en su momento pero ya no) y hay un crecimiento urbano desordenado. Lo mucho de bueno que tiene cada emprendimiento inmobiliario, cada nuevo barrio, cada complejo de viviendas, tiene su costado negativo si no se considera la situación de la infraestructura soterrada previo a las habilitaciones de obra.
Así como ciudades ribereñas como Santa Fe o San Nicolás tienen un historial en cuanto a inundaciones, por lo que ciudadanos, fuerzas vivas y Estado han desarrollado una gimnasia para afrontarlas, en Pergamino es tiempo de asumir que no somos víctimas infrecuentes de la Naturaleza, sino todo lo contrario. Los últimos meteoros se han producido a razón de uno por año. Esto nos habla de un cambio de paradigma y ello amerita una nueva configuración mental en los ciudadanos y estratégica en las autoridades y fuerzas vivas.
Ya no podemos seguir escuchando justificaciones sobre lo intempestivo del fenómeno o la ferocidad del clima. Ya no podemos jugar a los sorprendidos, mucho menos cuando el cambio climático es una realidad mundial de la que no estamos exentos y cuando el servicio meteorológico brinda información y alertas desde una semana antes.
Dicho en pocas y llanas palabras: Defensa Civil debe ser profesional, no un servicio voluntario, y contar con un protocolo claro hacia adentro de la institución y hacia la población; el Municipio debe tener un stock de los elementos necesarios en estas circunstancias, no es admisible que llegado el momento no cuente con cloro, lavandina, agua potable, colchones, víveres y lo pida a modo de colaboración a la población. Que en semejante circunstancia el intendente Martínez se dirija a la comunidad a través de un archivo de audio que hizo circular su Oficina de Prensa, recordando lo que el ciudadano debe llevarse del hogar al evacuarse (incluida una mención para el alimento de las mascotas) y consejos de escasa o nula utilidad a la supervivencia es por lo menos extemporáneo: la gente debe salvar su vida, señor intendente, y quienes están al servicio de la comunidad, contenerlos con todo lo materialmente necesario. El tema es que quienes están al servicio de la comunidad no están preparados para brindar este auxilio. El desorden que se suscita cada vez lo deja en claro. Por ello, un área profesional de Defensa Civil, es indispensable. Los voluntarios son muy importantes pero siempre y cuando tengan un equipo con directrices claras para realizar las tareas. De lo contrario se pierde tiempo y esfuerzo cuando los vecinos están con el agua al cuello. Es lo que estamos viendo en nuestra ciudad, con grupos que van tomando la posta, haciendo las cosas como pueden. El desorden y la desesperación terminan ganando la batalla y es así que en la tarde noche del domingo hubo escenas de pugilato en algunos lugares de evacuación en la lucha para conseguir bolsas de arena. Las que cuando el agua ya ingresó al domicilio ya no sirve para nada, pero cuando el agua está por llegar a la puerta puede generar algún tiempo extra mientras se suben los muebles a las alturas para evitar que terminen flotando.
Párrafo aparte para los Bomberos, que a pesar de ejercer de manera voluntaria, reciben capacitación continua y profesional. Muy necesarios y valorados en estas horas, pero el resto del año olvidados, tanto que cuentan con un semirrígido solo para ayudar a sacar la gente de las zonas anegadas. Y aunque ahora nos parezcan héroes, sale el sol y nos olvidamos de ellos. Debemos los pergaminenses hacer un mea culpa: si sabemos que son ellos los únicos capaces y preparados, ¿por qué no colaboramos con la institución? Parte de asumir que somos una ciudad inundable como cualquier otra ribereña es dotar al Cuerpo Activo de los elementos acordes, como varios botes semirrígidos, lanchas, escaleras. ¿Cuántos ciudadanos colaboran mensualmente con Bomberos Voluntarios? ¿Cuántos son socios o hacen su donación a través de la factura de la luz? Sin temor a equivocarnos, un mínimo porcentaje de la ciudadanía.
La sola ausencia de elementos básicos de asistencia en las despensas oficiales como medida preventiva habla a las claras de la falta absoluta de previsión de catástrofes, de no asumir este cambio de paradigma.
El cambio climático es un hecho; la ciudad sigue creciendo a buen ritmo, lo que implica más zonas pavimentadas que hacen que la superficie de absorción de tierra sea menor; la red cloacal y desagües no acompasan el ritmo que llevan las nuevas construcciones. Y obvio, la dinámica del arroyo Pergamino y sus afluentes que hace que, pasadas las grandes tormentas, el agua comience a salirse de cauce por efecto de la que baja de los campos. Esta es la situación de base que hace de Pergamino una ciudad inundable, sin que las autoridades, las fuerzas vivas y gran parte de la población se hayan percatado aún.
Las obras públicas para evitar anegamientos indudablemente deben seguir actualizándose, no podemos seguir dependiendo de que llueva poco para sacarla barata. La prevención en la limpieza de desagües es clave y debe ser permanente, comenzando por casa.
Pergamino ya no puede decir que es una ciudad que se sorprende con las inundaciones, ya han pasado varias y la realidad es que en estos años no hemos aprendido nada. No tenemos una mejor organización hoy que la que teníamos hace 20 años. Y esto es lo que se debe modificar en forma urgente, con una Defensa Civil profesional, con stock de elementos para anegamientos, con cloro, agua en botella, colchones, bolsas de arena, ropa seca. Con ayuda permanente a los Bomberos Voluntarios y las obras públicas que ayuden a evitar el impacto de las nuevas construcciones.
No podemos controlar los fenómenos climáticos pero todo lo demás sí.















