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“Ni una menos”, un rechazo a naturalizar la violencia contra la mujer

03 de junio de 2016 a las 12:00 a. m.

“Ni una menos” es una iniciativa popular surgida el 3 de junio de 2015 que se repetirá este año, nacida en defensa de la violencia hacia la mujer y para formar conciencia contra el femicidio, una triste realidad con la que convivimos. 

El machismo, en sus distintas expresiones, puede dar paso a una relación desigual establecida entre hombres y mujeres que no se explica a partir de un antagonismo sostenido por la diferencia anatómica. En realidad la cuestión es más profunda y tiene estrecha relación con patrones de formación y de las circunstancias sociales que rodean al sujeto.

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“Ni una menos”, como movimiento social, comenzó a cuestionar una lógica naturalizada, que reproduce las relaciones de dominación, de poder, sometimiento, obediencia de la mujer hacia el hombre, cuando sobre ella se ejerce la violencia psicológica o física. Y el lema elegido responde a la expresión máxima de esta lógica, que es el femicidio.

Esta clase de vínculos que pueden terminar en muerte se configuran por el par poder-sometimiento, en el que alguien ocupa el lugar de sujeto y otro el de objeto. La mujer víctima de violencia en cualquiera de sus formas es vista como una “cosa” por parte de su pareja, esposo o por un tercero en el caso de un ataque que no guarda relación marital. 

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La prédica social, mediática y las acciones gubernamentales han logrado crear conciencia, aunque lamentablemente a costa de muchas muertes. De allí que se hayan incrementado las denuncias, que las mujeres -aunque con los miedos propios de quien resiste la violencia desde algún grado de afecto hacia el agresor- se anime y que el Estado haya generado los ámbitos donde poder radicar, seriamente, estas denuncias y también espacios donde contener a las mujeres y a sus hijos en los casos más extremos, donde se corre peligro de vida.

Aunque la erradicación de la problemática es una utopía, es mucho lo que se ha avanzado, porque ya no solo la mujer denuncia ante la violencia física sino que registra también la psicológica, que antes se naturalizaba, y que muchas veces es la antesala del infierno de los golpes.

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Lo que es de advertir respecto de estos avances, siendo un flagelo tan complejo porque se produce dentro de cuatro paredes en una casa, es que los caminos judiciales no lo han hecho a igual ritmo. Las prohibiciones de acercamiento de un golpeador hacia su víctima, que es un primer paso, no suele ser una medida efectiva, ante la falta de sanción efectiva (como es detener al violento mientras se busca resolver la cuestión) se viola con toda impunidad esta resolución judicial y la mujer puede volver a ser vulnerada. Las detenciones se dan después de muchos episodios de violencia denunciados o bien tras uno alevoso, cuando el daño es irreversible y lejos de prevenirlo. 

Por eso es que se necesitaría una modalidad judicial más efectiva respecto del golpeador, cuando es claro que la mujer ha sido violentada y lastimada. En estos casos hay que apartar efectivamente al golpeador, para evitar males mayores. No es inusual que muchos femicidios cuando se producen haya detrás una larga lista de denuncias y prohibiciones de acercamiento. Una detención inmediata y penalidades económicas sin dudas ejercerán como disuasivos del maltratador.

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Pero no sólo se trata de violencia marital el caso que nos ocupa, ya que hay otros peligros, sobre todo para las niñas. Y no en la calle sino en su propia casa, donde supuestamente todo el mundo está protegido. Para ejemplificar, un horroroso caso de cuantos, el último es el de Micaela Ortega, la niña de 12 años que estuvo desaparecida poco más de un mes de su casa de la ciudad bonaerense de Bahía Blanca. Murió a manos de su asesino el mismo día que se fue del hogar, instigada por un sujeto que se valió del anonimato de las redes sociales para entablar con ella una relación.

Se trató de un horrendo femicidio tras un intento de violación. La niña murió de los golpes recibidos por parte de Jonathan Luna, un convicto de robo que tenía salidas transitorias pero no se había vuelto a reportar en el penal. Y es importante este caso porque la relación entre la niña y su victimario se produjo a través de la red social Facebook. El hombre tenía un perfil de Facebook falso y se hizo pasar por una nena similar a la edad de Micaela. Y así la convenció para que se fuera de su vivienda y le sugirió si quería ir a la casa de un supuesto primo que la iba a pasar a buscar. 

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No existía ni el primo ni la nena, en su lugar, Micaela encontró a Luna con el espeluznante resultado. Una vez descubierto al asesino, convicto y confeso, al revisar su computadora, ya mantenía relaciones por la red social con otras tres niñas en base al mismo engaño. Eran las futuras víctimas.

Esta cuestión nos coloca frente a otro tipo de violencia hacia la mujer, ya no intrafamiliar sino social –en este caso denominada “grooming”-, pero el final es el mismo: el abuso y, muchas veces, seguido de muerte. 

Por eso, del mismo modo que hemos concientizado respecto del femicidio y de no naturalizar ningún tipo de violencia hacia la mujer en las relaciones de pareja y maritales, hay que proceder respecto del uso responsable de las redes sociales. Ya que los menores son vulnerables frente a una ventana al mundo, donde los adultos ingresan sin restricciones de ningún tipo. Una criatura en su casa o escuela no está segura si está frente a una pantalla de un dispositivo conectado a Internet. Los padres no deben confiarse y creer que es así: sus hijos, aunque al alcance de su vista, están en contacto con el mundo y a expensas de sus peligros. 

Los padres no debieran estar ajenos a esta cuestión, porque si bien los niños de hoy parecen autosuficientes y muchas veces gozan de la confianza familiar, las relaciones que se establecen en las redes sociales los exceden. De modo que tener las claves de las páginas de Facebook de sus hijos cuando son menores no es una intromisión a la intimidad sino una protección cada vez más necesaria, que puede salvarse incluso la vida.

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Los niños y niñas, por maduros que nos parezcan, no dejan de ser criaturas, con una buena dosis de ingenuidad y pensamiento mágico. Y es obligación de los adultos suplir la falta de experiencia de vida con un control efectivo de sus relaciones en las redes sociales, tras las cuales pueden esconderse pedófilos y violadores, con habilidades para desestabilizar a los niños.

La realidad es que todas estas cuestiones hacen a una amplia mirada de los derechos humanos de las mujeres y las niñas. Un asunto sobre el que crear conciencia sigue siendo muy importante.

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