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Nelly Beatriz Ponce, una mujer con música en la voz

29 de diciembre de 2013 a las 12:00 a. m.

 Nelly Beatriz Ponce, una de las voces más reconocidas de la ciudad.

(LA OPINION)

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Nelly Beatriz Ponce tiene 55 años y todos la conocen como “Betty” Ponce, la locutora comercial de LT35 y la cantante que deleita con su voz en cada escenario en el que se presenta. Es humilde y sensible. Es pergaminense y ama esta ciudad, respeta profundamente a su gente y agradece las innumerables muestras de reconocimiento que recibe por su tarea en el micrófono y en sus espectáculos. En su vida privada es sencilla y proviene de una familia humilde que supo progresar sobre la base del esfuerzo y los buenos valores.

“Nací en el Hospital Ferroviario porque mi papá, Angel, era ferroviario; mi mami, Beatriz Díaz, era modista; y tengo un hermano mayor, Carlos, que canta como los dioses”, señala en lo que constituyen los datos de su biografía familiar. “Crecí en un hogar humilde donde no sobraba nada, pero tuve la dicha de tener padres que me inculcaron que desde la humildad se podían generar cosas muy buenas”, agrega.

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Su mamá había nacido en La Rabona, sin embargo vivían en Buenos Aires. “Hubo un hecho que sobre todo mi madre siempre recordaba, mi hermano tenía 6 años en 1955 cuando bombardearon Buenos Aires para sacar a Perón; papá trabajaba en Transporte del Estado, mamá estaba en casa cuando escuchó las bombas y salió entre las explosiones corriendo a buscar a mi hermano que estaba en el colegio; después de ese episodio vendieron todo y decidieron venirse a Pergamino, se instalaron en una casa de calle Florida, en 1958 nací yo, y gracias a eso soy pergaminense”, señala en el inicio de la charla. 

“A la edad en que muchas chicas podían iniciar una carrera universitaria, yo salí a trabajar, tenía 17 años cuando enfrenté el mercado laboral”, cuenta y recuerda su paso por un comercio de estanterías metálicas, su tarea en Estudio Integral, una empresa constructora que ya no existe en Pergamino, donde liquidaba sueldos y jornales y actualizaba la libreta del fondo de desempleo de los operarios. También su desempeñó en la Embotelladora Perla del Norte y su trabajo en Laboratorios Pergamino, donde ayudaba en tareas de laboratorio.

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Trabajar con la voz

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Un hito en su vida profesional significó la convocatoria de Canal 4, que en 1986 le permitió comenzar a trabajar como locutora. “Fue un año después del inicio del canal y trabajé allí hasta 2008; antes había estado en FM Ilusión”.

En 1991 ingresó a trabajar como locutora comercial en LT35 Radio Mon de Pergamino, donde trabaja actualmente. Confiesa que su vocación por la locución la descubrió “de grande”.

“Tenía 28 años cuando supe que podía ser una actividad para mí; cuando era chica yo no jugaba a ser locutora, pero sí leía mucho y creo que eso me ayudó; de niña nunca le pedía juguetes o golosinas a mi papá, sí le pedía revistas, recuerdo el Billiken, Patoruzito, ‘Lo sé todo’, también las novelas de Corín Tellado”, refiere y también recuerda que le resultaba un deleite escuchar la radio. 

“Me fascinaba la tarea que hacían las voces femeninas, ese ensamble de la música con la voz”, confiesa y comenta que aunque envió cartas al Instituto Superior de Enseñanza Radiofónica (Iser), nunca pudo ingresar porque no contaba con estudios universitarios.

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Eso no le imposibilitó desplegar su capacidad. Por el contrario, su voz parece una melodía. “Un día Dios me dio la oportunidad porque en Canal 4 necesitaban locutora, me hicieron una prueba y quedé”.

En el plano de su experiencia en el canal “La Peña del 4” ocupa un lugar de privilegio. Un rincón de su casa guarda las fotografías y los reconocimientos de esa tarea. “Fue una experiencia muy linda, y fue un programa que obtuvo varios premios en dos oportunidades el Atvc y en una oportunidad el Faro de Oro como mejor producción local de programa musical por cable; yo hacía la conducción y aprendí mucho”.

Su salida del canal tuvo que ver con la muerte de su padre y con una cirugía a la que debió someterse por un problema en su cuerda vocal izquierda. “Eso me obligó a hacer rehabilitación y eso le ayudó a mi voz a crecer”, señala mostrando su cualidad de sacar lo mejor de cada experiencia.

En la actualidad trabaja en radio todas las mañanas. “En la radio aprendí muchísimo, conocí a mucha gente y es una tarea que me enriquece y me gusta hacer”.

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En este punto, a la par de su tarea como locutora,  resalta la experiencia de la Peña La Noche de los Mejores y agradece a Jorge Omar Hannun para quien guarda un cálido recuerdo. “El no sólo me dio trabajo, sino que siempre confió en mí y respetó mucho lo que yo hacía.

“Históricamente la peña se había instalado en el estudio de la radio con José Alberto García, cuando muere la tomó ‘Coqui’ y decide salir a la zona rural a beneficio de instituciones de los pueblos; los cantantes van gratuitamente, se hacen regalos, es solidaridad pura”, relata y se congratula de ser parte de esa experiencia presentando a los artistas.

 

Su amor por la música

Betty se define como una apasionada por la música y señala que “ella ocupó un lugar en mi vida desde siempre”.

“Mi hermano es cantante, mi papá cantaba, mi mamá cantaba y en casa para las fiestas de fin de año llegaban tíos y primos con sus guitarras y bandoneones y cuando mis primos andaban correteando por ahí haciendo lo que cualquier chico hace, yo estaba fascinada con los acordes de las guitarras y las voces.

“Canto desde siempre, sólo que se hizo público a partir de mi contacto con los medios”.

Es expresiva por naturaleza y esa condición seguramente le ayudó para cantar. “Nunca estudié música, pero llevo la música en la sangre, se me hacen burbujitas en el cuerpo cuando escucho folklore porque es la música con la que crecí y me enamoré del tango cuando comencé a trabajar en la radio”.

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Confiesa que le gustan todos los ritmos y menciona que su adolescencia estuvo acompañada por las canciones de María Marta Serra Lima y Sandro. En el inventario de las primeras canciones, aparece “Con” de Charles Aznavour “A dónde diablos”, de Alberto Cortez, “Angélica”, “El tata está viejo”, y “La canción del adiós”.

Siente intensamente la música y su trayectoria como cantante es conocida. “Cada vez que tengo que presentarme a cantar lo vivo tan intensamente que así tenga una sola presentación por mes lo disfruto como si tuviera que cantar todos los fines de semana”.

Sus primeras actuaciones fueron con los Hermanos Moran en el Rotary Cruce y en 2000 con la orquesta de Grilli. Su mayor satisfacción es el reconocimiento de la gente. “Este año tuve la suerte de presentarme en el Teatro de la Unión Ferroviaria, en Florentino, en el Centro de Jubilados, en Bellas Artes, en la gran fiesta de la Tercera Edad en Centenario, y la respuesta de la gente es increíble, y lo que sentí es imposible ponerlo en palabras; pero me falta mucho para ser una cantante”, expresa.

 

Rica en afectos

Aprendió al pie de la letra la lección de su padre respecto de que el afecto es el bien más preciado que una persona puede cultivar. Tal vez por eso rinde culto a las cosas sencillas y a la presencia en su vida de sus seres más entrañables. Recuerda uno por uno a sus amigos de la infancia. Están presentes en todo momento la referencia de sus padres, su compañero de vida, sus amigos entrañables, sus mascotas, la gente del trabajo. 

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“Perdí a mi madre hace un año y mi papá había fallecido en 2008, fui muy afortunada de tenerlos conmigo y a ellos les debo todo lo que soy, mi papá falleció diciéndome ‘gracias’”, afirma, con la emoción que entrecorta su voz.

“Vivo con Juan, un ser incondicional, y con mis ‘perrunis’ (Pintita, que era callejero; China que apareció en Hogar de Tránsito y me conquistó; y Fiona, una caniche); amo mis plantas; siento una profunda piedad por los animales porque aunque no tienen la capacidad de razonar tienen la capacidad de sufrir; sueño con tener mi casa propia y puedo decir que soy rica en afectos.

“Tengo buen carácter, bastante sentido del humor, soy coqueta”, dice, definiendo una condición que heredó de su madre que a los 94 años se pintaba las uñas y los labios. “Conservo el lápiz labial y el espejo”, cuenta.

En su tiempo libre disfruta de dibujar y le gusta hacer retratos. “Mi mamá era modista y en casa había tizas, así que yo siempre dibujaba, de adolescente compraba cuadernos de tapas duras e inventaba fotonovelas, creaba el argumento, dibujaba a los protagonistas y escribía los diálogos, a los 14 ó 15 años inventé una historia que se llamaba ‘No puedo amarte’”.

En lo simple están sus grandes tesoros. “Soy una agradecida a la vida, tenían razón mis padres cuando decían que desde la humildad se podían generar cosas buenas”.

 

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Una experiencia personal

Producto de su trabajo en “La Peña La Noche de los Mejores”, y como una muestra de cómo vive intensamente cada experiencia, trae a la charla lo que le ocurrió hace unos días en el cierre anual de esa actividad. “Hicimos el cierre del año en la Escuela Nº 16, donde hice la escuela primaria, estaba a quince pasos de la que había sido nuestra casa, fue muy fuerte porque no sólo significó volver a la escuela, sino volver al barrio, a la casa que está ahí todavía; me parecía que veía a mi mamá asomarse y a papá salir con su bicicleta; fue muy emocionante, confluyó lo profesional y lo personal, hubo muchos abrazos, vecinos que todavía viven allí; terminamos de pie cantando el Himno.

“Soy hipersensible y me cuesta mucho separarme de mis emociones, mi mamá decía que la vida me iba a endurecer, pero eso no sucedió al contrario, las cosas me llegan cada vez más”, señala.

Imagina su vejez como “algo natural” y no le teme al paso del tiempo. “Imagino que seré una viejita divertida, que seguiré cantando, sólo pido tener salud porque estando sana la vejez es una etapa más de la vida”.

 

Un sueño pendiente

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Sobre el final de la charla y casi siempre que se recrea una historia de vida, Nelly Beatriz Ponce vuelve sobre su pasado. Lo hace para darles sentido a sus sueños. “En mis proyectos para 2014 está la idea de grabar mi propio CD, todavía no sé si será de tango o de boleros, pero es un proyecto que tiene mucho sentido para mí porque será un homenaje a mis padres que fueron ‘cantantes de entrecasa’”.

Cuando lo dice vuelve sobre el recuerdo de sus seres más queridos: “Mi padre cantaba muy bien pero no pudo dedicarse a la música debido a que tuvo que salir a trabajar porque mi abuela había quedado viuda con seis hijos, él no tuvo la suerte de disfrutar como yo del aplauso cálido y respetuoso del público. Mi mamá también cantaba bien, pero era parte de una generación que no veía con buenos ojos que una mujer cantara tangos, la miraban feo y cuando se asomaba por la ventana a ver cómo bailaban en la calle los que vivían en el inquilinato que estaba cerca, la abuela la tomaba de un brazo y la metía para adentro. Se sintió reprimida para cantar. Mi hermano sí fue una voz reconocida en Pergamino; y si grabara mi propio CD sería un homenaje a mis padres, porque siento que en mí hay un anhelo cumplido que también era de ellos”, concluye dándole forma a ese y otros sueños.

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