Muertos por un rayo: cuando la naturaleza se hace presente con su fuerza implacable
Los sucesos como el del jueves en Villa Gesell, cuando la caída de un rayo produjo la muerte instantánea de tres personas y el posterior fallecimiento de otra, y más de 20 lesionados, ponen una vez más sobre el tapete la vulnerabilidad que padecemos los seres humanos cuando la fuerza de la naturaleza se hace presente. Algunas personas están más expuestas que otras por ubicación geográfica o por tomar más riesgos, pero ninguna está exenta de padecer un fenómeno que ponga en vilo la vida misma. Fuertes tormentas, vientos, sismos, terremotos, inundaciones, ola polar como la que padece Estados Unidos están presentes periódicamente en determinados puntos del planeta y su gente, de alguna manera está preparada para sobrellevar el inconveniente. Pero todo se torna más complejo cuando un fenómeno llega por sorpresa.
Durante la tarde de jueves en las playas de Villa Gesell, repletas de veraneantes, se hizo visible una tormenta que pronto descargó su furia. Cuando esto sucede es frecuente que la gente busque refugio durante los minutos de mayor intensidad, porque suelen ser las típicas “tormentas de verano”, es decir que duran muy poco y enseguida reaparece el sol. Pero esta vez vino lo inesperado: la tremenda descarga eléctrica que hizo un estrago.
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Las recomendaciones de los guardavidas que controlan las playas es que la gente se retire del mar cuando viene una tormenta, justamente por el peligro que pueden ocasionar los rayos, pero en la arena, bajo carpas y sombrillas, es mucha la gente que decide quedarse, o incluso los más jóvenes suelen disfrutar de juegos bajo la lluvia. Nadie piensa que va a caer un rayo “justo acá” y esa es la subestimación que no hay que hacer con la naturaleza.
Por ese fenómeno, que duró lo que dura un suspiro, se fueron cuatro jóvenes vidas y cuesta hallar responsables. Tal vez habría que buscar en la falta de toma de conciencia, porque no debería ser una rareza imaginar que, cuando una tormenta eléctrica se avecina, un rayo puede caer. De hecho, este tipo de fenómenos produce miles de muertes en el mundo y en nuestro país hay varios antecedentes cercanos. Uno de los casos más resonantes fue durante una práctica del plantel profesional de fútbol de Racing Club, hace tres años, cuando un rayo mató al masajista del equipo. El año pasado hubo otro caso, en Monte Hermoso, provincia de Buenos Aires, cuando un adolescente murió bajo las mismas circunstancias.
Según los especialistas existen varias medidas a tomar como precaución durante una tormenta eléctrica para evitar ser alcanzado por un rayo. En esa circunstancia, las personas deben evitar salir de sus hogares, autos o refugios. En caso de permanecer en el interior de una casa, hay que mantenerse lejos de las ventanas y puertas abiertas, chimeneas, estufas, piletas de lavar y tuberías, y no estar en contacto con artefactos eléctricos. Una persona que sienta una descarga eléctrica (su cabello se erizará o sentirá un hormigueo en la piel) es posible que esté próxima a ser impactada por un rayo y en ese caso debe tirarse de inmediato al suelo.
Todo esto lo sabemos ahora, tal vez lo olvidemos muy pronto y lo recordemos cuando otra desgracia de este tipo nos impacte. Pero no debería ser así, porque las tragedias de este tipo en su mayoría son evitables.
Pero no sólo de rayos se trata, sino que quienes vivimos en este mundo padecemos cientos de peligros, algunos naturales y otros generados por el ritmo que el hombre le pone a esta vida.
En muchos casos es la mano del hombre la que, con su accionar durante años, fue modificando ciertos comportamientos naturales.
La naturaleza, en estos casos demuestra que, mal que nos pese, podemos controlar muchas cosas en el mundo en el que vivimos, pero las fuerzas de los mares, los vientos, las tormentas, las aguas y las montañas, todavía son materia ajena, al tal punto que la mayoría de estos fenómenos no pueden anticiparse, salvo y muy pocas veces, a minutos de que suceda y cuando una evacuación es prácticamente imposible.
Sucede que hemos ido perdiendo respeto a la naturaleza, hemos olvidado -pese a que cada tanto nos lo recuerda- que no tenemos control sobre los elementos y es así como hemos lastimado nuestro medio ambiente generando diversos problemas extra a estas expresiones naturales, como el efecto invernadero, la ruptura de la capa de ozono, el calentamiento global.
Esta falta de cuidado de nuestro medio ambiente, -falta de filtros en el mundo industrializado, desmontes indiscriminados sin renovación arbórea, exceso en el uso de combustibles contaminantes- sumado a las fuerzas incontrolables que la naturaleza exhibe cada tanto, habrán de complicar cada vez más el mundo en que vivimos.
Quizá haya llegado la hora de respetar un poco más nuestro hábitat y tomar muy en serio esa fuerza de los elementos que, desde los comienzos del mundo, el hombre ha tratado de dominar sin éxito. Además, cuando la furia de un fenómeno anuncia su presencia, no hay que desafiarla ni subestimarla, sino tomar los recaudos para tratar de salir ileso porque, como nos demuestra una vez más el caso de Villa Gesell, la fuerza de la naturaleza suele ser fulminante.














