Muchos motivos para pensar que vienen tiempos mejores
Termina la era kirchnerista, ya sea que triunfe Daniel Scioli, Mauricio Macri o Sergio Massa. Porque ni aun el candidato oficialista habrá de ser igual que la mandataria saliente en su visión del país, en su criterio de inversiones o en la búsqueda de soluciones. Ya lo deslizó Estela de Carlotto, cuando dijo que Scioli va a hacer un gobierno de transición. Aunque le costó el reto de la cúpula kirchnerista, no hacía falta que lo aclarara la Abuela de Plaza de Mayo porque no hay que ser un analista ni visionario para advertir que el actual gobernador es más moderado que Cristina en varios sentidos y sobre todo, más abierto a lograr consensos. Esto ha provocado que incluso el empresariado que pudo haber resultado más perjudicado en esta década, aun con la continuidad del mismo signo político, albergue cierto optimismo por lo que viene.
Otra circunstancia que aviva las expectativas es que los dos candidatos con más posibilidades son empresarios de profesión, además de dirigentes políticos. Por eso, aun sin conocer quién finalmente se sentará en el sillón de la Casa Rosada, el sector privado espera un comienzo de 2016 con optimismo, sustentado en un leve pero esperable crecimiento de ventas, exportaciones e inversión. Y sobre todo, con una relación más normal y regular con el mercado internacional que, entre otras cosas, haga posible la importación necesaria de insumos, autopartes y repuestos, que hoy es errática y mantiene a los empresarios en vilo, sin certezas como para proyectar su producción y, por ende, mantener o aumentar su nómina de empleados.
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Esta no es una presunción periodística sino datos surgidos de una encuesta de expectativas que encargó el coloquio de Idea, realizado en Mar del Plata, que relevó a 178 ejecutivos. Este sondeo fue publicado por el diario La Nación esta semana y genera distintas reflexiones respecto de las respuestas que han brindado los empresarios. Una amplia mayoría se inclinó por afirmar que el país estará igual o mejor, la mayoría dijo mejor y una minoría consideró que peor.
Están convencidos de que el año que viene el clima de negocios mejorará y habrá mayor crecimiento de las empresas en las ventas, esto generará más inversiones, más empleo genuino y crecerán también las exportaciones. Creen que, y en eso no se equivocan, que habrá una inevitable mejora en el tipo de cambio, una corrección que debe llegar y que los candidatos -aunque sin grandes elocuencias- reconocen.
Por eso consideran que los problemas de competitividad internacional absolutamente vinculados a la cuestión cambiaria (cepo al dólar) y la intromisión del Estado en las exportaciones e importaciones, ya lo toman como una cuestión casi de coyuntura. Todo en este momento está en un stand-by a la espera de que se produzca el cambio.
Cada medida que se toma tiene su correlato en la cotidianeidad de la sociedad, aunque no lo parezca. Incluso las que parecen tan lejanas para el común de la gente, como las vinculadas a las importaciones y exportaciones. Por ejemplo, ya mencionamos cómo puede crecer el empleo si hay más inversión, nacional y extranjera. Pero también hay otra cuestión que podría significar mayor bienestar para todos: si se mejora la relación con los mercados externos e ingresa todo lo necesario sin problemas, las terminales automotrices producirán sin sobresaltos y cesarán las suspensiones y despidos. Al mismo tiempo, lo producido, una vez eliminadas las barreras que hay hoy, podrá ser vendido afuera lo que redundará en mayor ingreso de divisas para fortalecer las reservas y de esta manera, a la moneda nacional. El ingreso de tecnología hoy una odisea- también hará a la mejora de la productividad.
En función de estas expectativas, la inversión promedio proyectada por las empresas para 2016 es del 11 por ciento de la facturación anual, un punto por encima de las expectativas de idéntica medición tomada hace un año.
Se piensa en inversiones para capacitación, desarrollo de tecnología y nuevos productos entre los destinos prioritarios de esos fondos, en tanto que para las inversiones duras anteponen obras civiles, maquinaria e incorporación de equipamiento informático. En esto pondrán su esfuerzo los empresarios que, más empujados por un Estado que recree mejor clima de negocios, ofrecerá mejores frutos.
Entre las demandas de las empresas que surgen de esta encuesta, sobresale una -vieja por cierto- que no será fácil de satisfacer en lo mediato: la cuestión energética entendida como suministro eléctrico para la industria. La Argentina está muy atrasada en cuanto a esta problemática y el nuevo Gobierno que surja de las elecciones del 25 de octubre, deberá tenerlo en agenda desde el comienzo, junto con las otras problemáticas como el cepo y los excesivos controles de exportación. En segundo lugar ubican como fundamental el desarrollo y la recuperación de rutas y caminos internos, el gas y el transporte de cargas ferroviario, este último que abarata mucho los costos de traslado de la producción. En este punto no solo la industria y el campo se verán beneficiados sino toda la sociedad, que utiliza los mismos caminos. Entre ellos, la ruta Nº 8, totalmente paralizada, debería ser la prioridad por tratarse de un corredor bioceánico. Algo habrá que hacer con esta carretera: o se concluye la nueva traza o se realiza una exhaustiva reparación de la actual. Es notorio que, a la espera de la autovía, se ha abandonado el mantenimiento regular que solía tener esta ruta, que la ubicaba entre las de mejor estado del país. Hoy es una sucesión de grietas y roturas.
Es interesante la visión del empresariado porque, en definitiva, es el sector que hace crecer el mercado del trabajo, que motoriza el mercado interno y es el que exporta trayendo divisas al país. Toda la sociedad se favorece si le va bien.
En plena retirada y en trámite de captar votos, el Gobierno actual no hará ni las mencionadas ni ninguna otra corrección al modelo, aunque las sabe necesarias. Como suele suceder, será tarea del que venga a acomodar los tantos tras una gestión que así como benefició en lo inmediato, deja a futuro enormes dese-quilibrios y un feroz endeudamiento. Si gradual o como un shock, no lo sabemos aun pero que hay que poner orden, de eso no hay dudas porque el propio Estado lo necesita para sanear sus cuentas. Y esta realidad inexorable es la que llena de expectativas al empresariado.












