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Moreno, desgastado y con varios fracasos al hombro, finalmente se fue

21 de noviembre de 2013 a las 12:00 a. m.

Finalmente, cayó Guillermo Moreno. En realidad, si tenemos en claro que todas las medidas que tomó fueron autorizadas y decididas por Néstor primero y Cristina Kirchner después, lo que le pasó al secretario de Comercio Interior, fue un problema de estilo y sobreactuación y no exclusivamente de gestión, más allá de los fracasos evidentes. 

Las escenas mafiosas a empresarios, los guantes de box que llevó a las asambleas de Papel Prensa, el colocar el arma sobre el escritorio cuando discutía con industriales, todo envuelto en un lenguaje soez e innecesario.

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Esto fue lo que lo convirtió en el funcionario más resistido de la década kirchnerista. Cuando finalmente la presidenta tuvo el oído fino para escuchar el mensaje de las urnas, comenzaron los cambios y Moreno se tuvo que ir.

Es plausible la decisión presidencial de oxigenar la gestión, frente a una derrota de magnitud, con un área política inexistente y la economía con graves problemas.

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Axel Kicillof es el primer titular del Palacio de Hacienda de la era kirchnerista que asume funciones sin la sombra del hombre que manejó con mano de hierro buena parte de la gestión económica de los últimos años.

Con varios fracasos a cuestas, Moreno deja su cargo para desembarcar en Roma, como agregado comercial en la embajada argentina en Italia. Le quedan 12 días para completar su gestión. Su renuncia recién se concretará el 2 de diciembre. Ahora sólo convivirá con el embajador Torcuato Di Tella.

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En Balcarce 50 destacaban que Kicillof y el nuevo jefe de Gabinete, el gobernador chaqueño Jorge Capitanich, asumen por orden de la presidenta con todas las herramientas económicas renovadas. En esa línea, explicaban fuentes oficiales, debían entenderse los cambios de anteayer en el Banco Central, a través de la salida de Mercedes Marcó del Pont y su reemplazo por Juan Carlos Fábrega, y la llegada en el Banco Nación de Juan Ignacio Forlón. 

Procesado en la Justicia por abuso de autoridad, la gestión de Moreno venía en picada. Es que en su manipulación grosera de Indec, arremetió contra consultoras privadas que ofrecían los índices de inflación reales. Les puso abultadas multas, que la Justicia consideró ilegales. Es probable que esta causa resulte un escollo para el plan presidencial de mandarlo a Italia ya que podría verse imposibilitado de salir del país. No obstante, en una breve evaluación costo-beneficio, es probable que –garantías mediante- se le habilite la partida para evitar que su presencia en el país sea perjudicial en la era Kicillof.

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El nuevo índice de precios que se negocia con el Fondo Monetario Internacional sólo es viable sin Moreno de por medio, por eso su salida. 

El organismo mundial asesorará para poner orden tras la intervención del Indec, que vino acompañada –entre otras medidas- por el plan de control de precios, el congelamiento, la famosa y nunca implementada Supercard, todos fracasos que Moreno fue acumulando en su hoja de vida.

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El cerrado control de importaciones, también una de sus acciones nocivas, llevó a que muchas empresas no pudieran acceder fácilmente a maquinaria o insumos importados. El resultado era el círculo vicioso por el cual, buscando que se produzca más en la Argentina, se producía menos, se vendía menos en consecuencia y se suspendían o despedían operarios.

Esta medida generó además serios problemas en el Mercosur y en nuestras exportaciones en general. Porque la restricción a comprar después generaba problemas para vender.

Más allá de los fracasos, la intervención del Indec fue el trofeo que ofrendó a sus jefes, en realidad. Ya que la idea se cree que es nacida de Néstor Kirchner. Un economista cercano a Moreno lo explica así: “El ahorro que Moreno hizo al fisco es importante. Por cada punto de dibujo en el índice de inflación, el Estado deja de pagar cerca de 300 millones de dólares que le correspondería pagar por los títulos indexados por CER. Póngale el porcentaje que quiera a la inflación; digamos 10 puntos más por año. Hay un ahorro anual de 3.000 millones de dólares. Esta es la verdadera razón de la intervención del Indec. Y la fidelidad de los Kirchner”.

Lo que hizo que la ecuación no cerrara es que en el exterior se sabía de esta manipulación, lo que hizo que la inversión se retrajera más hacia la Argentina. La maniobra quedó como ejemplo de engaño a los bonistas en el mundo.

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Aunque hicieron correr versiones, desde los cercanos a Moreno de que el funcionario pidió irse al exterior, nadie dudaba entre los ministros de que la decisión la tomó Cristina Kirchner, en línea con la idea de darle mayor manejo a su nuevo hombre fuerte, Kicillof, y como golpe de efecto tras el resultado de la última elección. Moreno fue, desde que se conocieron sus métodos agresivos para cumplir sus decisiones, la cabeza que todo opositor quería ver caer.

Tanto el nuevo ministro de Economía como el flamante jefe de Gabinete tuvieron largas charlas con la presidenta en Olivos, previo a los anuncios de cambios. Por separado, coincidieron en la necesidad de fortalecer la gestión económica para solucionar dos temas urgentes: la inflación y la falta de dólares. Así, en su regreso paulatino tras los 45 días de licencia, Cristina Kirchner apeló a un giro de fondo con la renovación casi completa del área económica.

El éxito de sus nuevos funcionarios lo esperamos todos, porque necesitamos que nuestra economía encuentre nuevos cauces y soluciones a los problemas que nos preocupan.

Habrá que esperar.

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