Monseñor Santiago: “El nacimiento de Jesús nos hace hijos de Dios”

Así lo expresó el obispo de la Diócesis de San Nicolás durante la homilía que expresó en la misa de Navidad y en honor a la Virgen del Rosario.
El lunes 25, en la mayoría de los templos católicos del mundo se celebró la fiesta de la Navidad, y se rememoró el nacimiento de Jesús en los corazones de los fieles.
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En el Santuario de la Virgen del Rosario de San Nicolás, el obispo de la Diócesis de San Nicolás, monseñor Hugo Santiago, celebró la misa de Navidad y también, como cada 25 de mes, destacó la figura de María en la advocación de la Virgen del Rosario.
Numerosos fieles se hicieron presentes en el templo mayor de la ciudad nicoleña con el objetivo de participar de la misa.
Un Dios cercano
Durante la celebración de la Eucaristía monseñor Santiago se dirigió a los presentes en la homilía en la que explicó el sentido profundo del pesebre. “Dios se viene acercando a nosotros, primero lo hace en el antiguo testamento de manera cada vez más clara, habla de la creación como un gesto de amistad con nosotros los hombres; después menciona los diez mandamientos. Luego irrumpen en la historia los profetas que son personas que hablan en el nombre de Dios y en cada Navidad, Dios habla por Jesús, su hijo, el niño que nace en el pesebre. Con el nacimiento de Jesús en el pesebre de Belén la comunicación de Dios es más clara, llegó a su plenitud”, explicó el obispo diocesano.
Restaurar la naturaleza
Ante el interrogante ¿Qué nos quiere decir Dios con el pesebre? monseñor señaló que “este niño nos dice tantísimas cosas, basta con recorrer toda la vida de Jesús entenderemos qué nos quiere decir ya que Dios se comunica con nosotros a través de palabras y gestos”, y agregó que “en el pesebre casi no hay palabras pero hay un gesto que hay que leer en la fe: está Jesús, la Virgen y José. Por medio de ellos Dios viene a restaurar la naturaleza humana porque estaba herida, estaba mal y la viene a elevar”.
Identidad en el amor
Aplicando el mensaje en la vida cotidiana, el prelado sostuvo que “las personas no descubrimos nuestra identidad reflexionando sobre quién soy sino que la descubrimos en relación con el otro que nos da amor. Cuando nace un niño que es un regalo de Dios, mamá y papá le hablan al niño, lo cuidan, hacen gestos, le dan de comer, cuidan su salud, le dan cariño y llega un momento en que el niño dice por primera vez: mamá o papá. Ese niño descubrió su identidad recibiendo amor ya que se definió como hijo de una madre y de un padre.
“José y María, humanamente hablando, le ayudaron a Jesús a descubrir que Dios era su padre”.
Educar, formar y acompañar
Por otra parte aludiendo a la formación de la vida religiosa, Santiago indicó que se pregonan tres cosas: educar, formar y acompañar, valores que también son necesarios en la crianza de los niños. Al respecto sostuvo: “Educar es saber dónde está el niño, qué siente; formar es mostrarle un ideal pero ninguna de las dos cosas se pueden hacer si no se lo acompaña. El acompañamiento es fundamental en la formación de cualquier ser humano. Y la falta de acompañamiento es uno de los problemas más graves de la familia de hoy. ¿Los padres están presentes en la vida de sus hijos? Me contaba una educadora como algo novedoso que los alumnos les pedían que el Colegio organice actividades para encontrarse con sus padres. Es verdad que la mujer ha asumido un rol laboral más protagonista, es verdad que la realidad económica nos exige tener doble empleo pero poner el acento en todo esto ¿No nos hace faltar presencia en la vida de nuestros hijos?”.
El amor tan necesario
Poniendo en alto el valor del amor, el obispo diocesano enfatizó en que “José y María nos dicen que Dios renueva la humanidad estando presentes y dando amor. En el pesebre hay un clima de intimidad y eso mismo es lo que necesitamos en las familias, además de la presencia y el amor como elementos que renuevan la humanidad”.
Hermanos en el Evangelio
Por último manifestó que “el nacimiento de Jesús nos hace hijos de Dios, eleva nuestra convivencia humana, nos entendemos y nos encontramos desde los valores del Evangelio. ¿Cómo hacemos para convivir en paz? La respuesta es Jesús, hay que imitarlo. Es así que la fraternidad de hermanos de la Iglesia, que nos es conferida a través del bautismo, es más profunda que los lazos de sangre.
“La nueva humanidad que Dios viene a restaurar se restaura desde el amor”.
















