Monseñor Santiago: “Amando, la familia genera personas capaces de amar”

Así lo expresó el prelado el pasado jueves cuando celebró la misa en el Santuario dedicado a la Virgen del Rosario de San Nicolás, en ocasión de celebrar el tercer aniversario de la inauguración de dicho templo.
incluida Pergamino, cada 25 de mayo se torna especial ya que se cumple aniversario de la inauguración del Santuario mariano (este año se cumplieron tres años) y de que la imagen de la Virgen y del niño Jesús fuera coronada (hace ocho años).
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Este año no fue la excepción y el pasado jueves, para recordar y celebrar ambos acontecimientos importantes en la vida de fe de los cristianos, el obispo, monseñor Hugo Santiago, presidió en las primeras horas de la tarde la procesión por las calles linderas al Santuario. A posteriori el prelado ofició la misa para los numerosos devotos que participaron del evento.
Vivir en la orfandad
Luego de la lectura del Evangelio, el obispo diocesano puso el eje en la situación familiar y señaló que “hace mucho tiempo que tengo la impresión de que vivimos en la orfandad. Esa es mi intuición luego de estar en contacto con niños y jóvenes, eso me da la pauta de que estarían faltando madres y padres, que falta contención, hogar, calor, acompañamiento y que eso es clave para la formación de una persona sana”.
Destacando el rol del padre y la madre, monseñor sostuvo que “la mamá y el papá hacen a una persona, no sólo le dan la vida sino que son responsables de inculcarles su afecto y los valores que luego llevarán a esta persona a ser un buen cristiano. La respuesta a la orfandad sería plantearnos de nuevo cómo se gesta una madre y un padre”.
Experiencia personal
Para dar respuesta a esta situación problemática, Hugo Santiago compartió con los presentes su experiencia personal del amor de María. “Después de 8 años como sacerdote sentí que debía renovarme y por eso hice un retiro. Allí tuve contacto con Dios y a él, cuan si fuera adolescente, le dije: ‘Yo sé que vos sos amor pero ¿Cómo me amás a mi? Me di cuenta que Jesús me amaba y que por ello me había dado a mis padres, recordé a mi madre cuidándome siempre, recordé a mi padre trabajando para que nada me faltara. Descubrí que el amor de Dios se había sensibilizad a través de mis padres”, contó el prelado y agregó que “después descubrí el amor de Dios es un sacerdote, en una religiosa que fueron referentes para mí. En el seminario me di cuenta de que la Iglesia es madre que enseña que hay que rezar, profundizar la vocación sacerdotal. En pocas palabras descubrí que Jesús me ama a través de las personas que puso en mi camino, personas que me quisieron, que me amaron y que fueron una real bendición. Las personas que fueron bendición son mediadores del amor de Dios”.
Dar lo que recibí
Asimismo señaló que, “tenemos una responsabilidad histórica porque tenemos que saber sensibilizar el amor de Dios en aquellas personas que la vida nos confía. Ahora yo tengo que dar gratuitamente lo que recibí. Y hacer este ejercicio nos hace grandes, buenas personas. Nuestra capacidad de amar es directamente proporcional a la conciencia que tenemos de haber sido amados. Solo así disminuimos la orfandad en el mundo”.
Abrir los ojos
Según Santiago, “si abrimos los ojos nos daremos cuenta de que hay muchas personas que tienen necesidad de nuestra sensibilidad, de nuestro cariño, de nuestra ayuda. Y así nace la caridad en la Iglesia, con los enfermos, con los marginados, con los que menos tienen.
El mandamiento del amor no es un mandamiento, es la maduración del corazón.
El que ha sido amado, tarde o temprano, gratuitamente, da el don recibido”.
Capaces de amar
Por último, monseñor destacó que “amando, la familia genera personas capaces de amar. Y así nació la Virgen María, gracias al amor de San Joaquín y de Santa Ana fue capaz ella también de amar ilimitadamente y esto también porque tenía una gran conciencia de que Dios lo amaba.
Por eso está bien que hayamos venido a su casa para pedirle todo lo que necesitamos, ella es nuestra madre y quiere darnos todo lo que gratuitamente recibió.
Demos amor porque nunca nos vamos a arrepentir de haber hecho feliz a otro. Que como María encontremos el camino de la alegría haciendo feliz a los demás, haciéndonos responsables de aquellos a los que la vida nos ha confiado”.















