Publicidad
Pergamino
La Opinión Online
LO CampoLO Sports
BuscaLOLO365
Opinión

Mercosur: ¿una necesidad o un freno para el crecimiento?

22 de enero de 2019 a las 12:00 a. m.

A lo largo de la última década los avances en la agenda comercial del Mercosur han sido escasos o de bajo impacto. Por un lado, no se registraron progresos sustanciales en la eliminación de las barreras al intercambio intrazona ni en la consolidación de la unión aduanera. Por otro lado, no se suscribieron acuerdos comerciales extra regionales que permitieran mejoras significativas de acceso para las exportaciones del bloque. Los temas comerciales perdieron importancia frente a otras cuestiones y la discusión en esta materia pasó por los conflictos comerciales y la prórroga de las medidas de excepción. Así, el fenómeno integrador fue perdiendo el necesario combustible de negocios que requiere todo emprendimiento económico regional.

En definitiva, el Mercosur fue perdiendo foco tanto en lo que hace a su agenda económica como en relación a su proceso de toma de decisiones.

Publicidad

Pero soplan vientos de cambio para el Mercosur. El bloque comercial que surgió hace ya casi 30 años está quedando anacrónico y necesita una restauración: esto no quiere decir que ya esté firmado su certificado de defunción, pero sí que sus miembros deberán reunirse para modificar el tratado madre. Esto es lo que, con mayor o menor tacto, dejó en claro el flamante presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, a través de su superministro Paulo Guedes, ni bien resultó electo: “El Mercosur no es prioridad”.

Especialistas en comercio exterior interpretaron la expresión de Guedes como un aviso de que el nuevo gobierno brasileño considera que la nueva economía del Siglo XXI requiere negociaciones comerciales individuales entre países y ya no la lenta y pesada estructura de bloques que sí era adecuada hace tres décadas, cuando el mundo era otro.

Publicidad

Pero no hay que rasgarse las vestiduras por esta necesidad de cambio, porque no es nada más ni nada menos que lo que sucede también en otros bloques. Hay cierto consenso en el mundo acerca de que los distintos procesos de integración deben ser periódicamente rediseñados. En un mundo que ha cambiado radicalmente, está claro que es momento de sentarse a hablar y redefinir rumbos.

Salvando las distancias, esta especie de desactualización es lo que se está viendo en la Unión Europea (UE) con el Brexit y lo que sucede en América del Norte con el Nafta (Tratado de Libre Comercio de América del Norte, según sus siglas en inglés). Y, según agregan los analistas, todo esto es independiente de lo que pudieron haber dicho Bolsonaro o sus funcionarios.

Publicidad

Ahora bien, ¿qué sería lo principal a modificar en esta supuesta revisión? Se trata de algo que ya reclamó en su momento Uruguay: poder concretar acuerdos individuales con otros países, algo que hoy está expresamente prohibido para los miembros del Mercosur. Eso que ya fue anticipado por los uruguayos lo refrenda ahora Bolsonaro, al sostener que Brasil quiere salir al mundo a firmar acuerdos bilaterales como país, con autonomía e individualidad.

De todos modos, la resolución no será rápida, puesto que el proceso de modificación del tratado madre puede demorar un año y después el Parlamento de cada país miembro debe refrendar esa decisión. Habrá que recoger opiniones de diferentes sectores para ver qué se cambia, pero de lo que más se habla es de que el Mercosur ata a sus miembros y les impide negociar individualmente con otros países.

Publicidad

Este aggiornamiento no le vendría mal a la Argentina, porque, cuando se pensó el bloque, hace casi 30 años, su economía y la brasileña eran más parecidas de lo que lo son hoy y, por eso, se concebían como dos socios más cercanos. Además de ser considerados “los grandes” del bloque, cosa que puede ser hoy cuestionable debido al crecimiento que ha tenido Paraguay y el decrecimiento argentino, más allá de los volúmenes que naturalmente siguen siendo dispares debido a las extensiones territoriales. Hay que tener en cuenta también hace 30 años comerciar en bloque era el modelo de moda, al estilo de la UE. Era la manera en que se movía el mundo, en el marco de un orden que hoy es distinto. Lo que sucede es que hoy la globalización es tan grande que lo que se necesita es llegar a terceros mercados, algo que, por otra parte, la tecnología alienta.

Tanto es así -y aquí nos atrevemos a hacer futurismo- que si se llega a reformar el documento madre del bloque, incluyendo la prerrogativa para que cada país pueda hacer acuerdos bilaterales además de los negociados comunitarios, es muy probable que Argentina firme un tratado con Corea del Sur o Canadá antes de que el Mercosur logre acordar un convenio con la Unión Europea.

Publicidad

Una mirada sobre la historia del bloque, que nació con el Tratado de Asunción (marzo de 1991), arroja que este no llegó a tanto como se hubiera querido: nunca solucionó un proceso de resolución de controversias, no concretó la integración productiva, falló en mantener un arancel externo común demasiado alto (15 por ciento) y no creó instituciones comunes autónoma. Por el contrario, se observa una ampliación y diversificación de órganos técnicos, con fuertes dificultades para ser coordinados por las autoridades políticas y con una autonomía que muchas veces los aleja de la voluntad de hacer del Mercosur una herramienta ágil y útil para sus miembros. Sin temor a equivocarnos, en términos de costos y beneficios, los primeros hoy son más altos que los segundos. Aun así, lo que alguna vez soñaron Raúl Alfonsín, Tancredo Neves y José Sarney tiene chances de sobrevivir: eso sí, deberá tener flexibilidad y cambiar lo que ya no sirve.

A pesar de las dificultades, el cambio de gobierno en la Argentina y el inicio de la presidencia pro témpore de Uruguay, ofrecen una buena oportunidad para comenzar a transitar un nuevo sendero en la agenda comercial. Las dificultades económicas y políticas en la región pueden ser obstáculos de corto plazo, que no deben postergar la mirada estratégica de largo aliento.

Para ello, es prioritario recuperar el enfoque negociador de los primeros tiempos del Mercosur, apuntando a consolidar una agenda comercial reducida, pragmática y realista, tratada por un núcleo técnico especializado, firmemente coordinado y sostenido por la instancia política. Entre otros temas, esta agenda debería contener: una revisión integral del arancel externo común, luego de 20 años de vigencia y profundos cambios a nivel nacional, regional e internacional. Las constantes perforaciones dan cuenta de la incomodidad que enfrentan los Estados parte en relación al nivel vigente de los derechos de importación, al menos para algunos productos.

Debe abordarse con seriedad el desarrollo de cadenas regionales de valor mediante la integración productiva. Si bien el Mercosur siempre ha considerado que es una vía para promover el aprovechamiento de economías de escala, la diversificación exportadora, la incorporación de tecnología y la generación de empleo de calidad, 25 años después de la creación del bloque hay pocas experiencias exitosas en ese sentido y casi ninguna política regional específica para tal fin, con excepción de iniciativas de tipo voluntarista, orientadas a promover la integración productiva mediante la reunión de distintos actores de un mismo sector o de sectores relacionados. Una de las principales limitaciones al desarrollo de cadenas regionales de valor es la existencia de barreras al comercio intrazona, por lo cual se requiere avanzar hacia la libre circulación de bienes originarios y no originarios, y promover la facilitación del comercio.

WhatsAppXFacebook

Comentarios

🔓

Desbloqueá los comentarios

Hacete socio LO365 y sumate a la conversación.

Cargando comentarios...