Mercado inmobiliario parado y cosechadoras reactivadas
No todos los sectores de la economía ven con ojos optimistas la renovación del Gabinete nacional. Es que hay aspectos de la economía que, de querer seriamente solucionarlos, demandarán algún tiempo y dolores de cabeza; tampoco es que los nuevos funcionarios a cargo sean magos.
Un rubro que mira de reojo y espera es el inmobiliario. La crisis del mercado ya cumplió dos años y no hay medidas que supongan un cambio en el corto plazo. Operadores, desarrolladores y escribanos coinciden en que no hay razones para una reactivación en las ventas de propiedades y precisan que si se mantiene el cepo al dólar muy poco cambiará para ellos durante 2014.
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Hasta septiembre las escrituras acumulan una caída de casi 30 por ciento en la Capital Federal, aunque si se toma como referencia lo que sucedía hace dos años, la baja ya roza el 50 por ciento.
Cruzando la avenida General Paz, la visión es aun más pesimista.
La realidad es que al cepo al dólar se suma que el mercado inmobiliario perdió sus valores comerciales de referencia, por lo que se encuentra operando sin reglas claras. Esto se relaciona en algún punto con la inflación, porque es lo que lleva a que se pierda el valor de la mercancía y los precios comienzan a variar sin control.
Entre los operadores inmobiliarios destacan que al menos hasta ahora las medidas a las que apeló el Gobierno no sirvieron para mejorar el rumbo declinante del mercado. Los Cedin, aquellos títulos que representaban dólares y con los cuales se podía comprar propiedades, no lograron los resultados que esperaban el Gobierno y el sector.
En materia de precios, el gran interrogante es conocer si el derrumbe de las ventas se traducirá en una pesificación de un negocio, que al menos en la Capital Federal y el Gran Buenos Aires históricamente estuvo dolarizado. La eventual pesificación no es un dato menor y en el sector sostienen que gran parte la ausencia de negocios del mercado inmobiliario hoy se explica por la decisión de los propietarios de mantener congelados los valores de sus propiedades y en dólares, aun a costa de no encontrar compradores y mientras el cepo sigue firme.
Y son precisamente los propietarios que aceptaron una rebaja en sus precios los que tibiamente están moviendo hoy el mercado.
Si la brecha entre el dólar paralelo y el oficial se mantiene o se achica por una devaluación del segundo, lo más probable es que los precios de las propiedades no acompañen ese ritmo, con lo cual no sería extraño que haya una baja en dólares de las propiedades, si es que se pretende venderlas.
Como contracara, las ventas de tractores y cosechadoras entre enero y septiembre de este año ya superaron el nivel de todas las operaciones registradas durante el año anterior. La situación obedeció a una reactivación de la demanda, impulsada por la cosecha que fue muy importante, tras la sequía de 2012.
Según datos de la Asociación de Fábricas Argentinas de Tractores, entre enero y septiembre de 2013 se vendieron 3.854 tractores. Crecieron las ventas un 71 por ciento versus igual período de 2012. Pero, además, ese número de unidades ya se encuentra por encima del total comercializado todo el año pasado, cuando se vendieron 3.578 tractores. Claro que las cifras marcan un repunte pero no se aproximan al boom de 2007.
En el caso de las cosechadoras, entre enero y septiembre de este año se hicieron operaciones por 548 equipos. Significa un aumento de 75 por ciento contra el mismo lapso de 2012. Como en el caso de tractores, en el rubro cosechadoras las ventas del período superaron todo lo vendido en 2012, cuando se colocaron 527 máquinas.
La proyección de todo 2013 indica que al finalizar el año podrían alcanzarse ventas totales en tractores por cerca de 6.000 unidades. En este caso además de lo que puedan vender las multinacionales, se contabilizarán los más de 1.000 equipos que suele comercializar la nacional Pauny.
En tanto, para cosechadoras se habla que el mercado total podría arrimarse a los 900 equipos.
Frente a la realidad económica que vivimos, sigue siendo el campo un motor real del crecimiento en la Argentina y las buenas cosechas terminan empujando las ventas, en este caso de vehículos para el agro, pero paralelamente estos fondos que surgen del trabajo agrario terminan repercutiendo en todo el espectro de la economía.
En el caso del mercado inmobiliario, si bien es cierto que el cepo al dólar paraliza el sector porque los vendedores no quieren pesos a cambio de sus propiedades frente a una siempre inminente devaluación –además de la desvalorización “hormiga” de nuestra moneda-, un modo de reactivar en parte este mercado no dependerá sólo del Gobierno sino también de que se acomoden los costos que han alcanzado viviendas y edificios. Está probado que quienes generan rebajas logran ventas y quienes mantienen precios exorbitantes no.
Luces y sombras de nuestra economía.














